La caída de Pla e Iratxe se produjo en una vivienda llamada Agorerreka, en la localidad de Saint-Étienne-de-Baïgorry, del departamento de los Pirineos Atánticos, a sólo 10 kilómetros de la frontera con España.
Desde hace días, el lugar era vigilado por agentes de la Guardia Civil y sus colegas francesas tras recibir información de que en la misma se iba a celebrar una reunión de la cúpula de la banda.
Confirmada la presencia de ellos en el interior, en la mañana de este martes se procedió a su detención. Junto a ellos también fueron arrestados el propietario de la casa, Pantxo Florez, y una cuarta persona, cuya identidad aún no ha transcendido. En un primer momento se especuló que podía tratarse del 'histórico' José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, 'Josu Ternera o su hijo Egoitz', pero fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por la prensa española lo desmintieron.
Con estos arrestos, la Guardia Civil da por totalmente desmantelada la cúpula de la organización, ya que Pal y Sorzabal eran considerados los máximos responsables del aparato político de la organización, el único que aún permanecía en activo.
Además, las fuentes consultadas consideran que de la media docena de miembros de la banda que aún permanecen ocultos en el sur de Francia ninguno tiene "ni el peso y ni la experiencia" para reemplazarlos en dicho papel.
Por ello, la decisión de bautizar la operación con el nombre de la primera víctima mortal de ETA, ya que los investigadores consideran este golpe como el cierre definitivo a la actividad de banda, según destacan fuentes de la Guardia Civil.
El propio Ministerio del Interior aseguraba en una nota de prensa que la 'Operación Pardines' supone "la eliminación de la estructura de dirección encargada de gestionar el arsenal armamentístico y explosivo de que aún dispone la organización terrorista".
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha llegado a calificar desde Bruselas, donde asiste a una reunión, que es el "acta de defunción" de la organización terrorista.