Que la ley autoriza a solicitar el cese de la hidratación y alimentación artificial en tanto constituyen por sí mismos una forma de tratamiento médico, tal como lo han reconocido los Comités de Bioética que dictaminaron en la causa.
Este último punto es el más objetado. El presbítero Rubén Revello, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina, en un artículo publicado en el diario La Nación, opinó que “La Suprema Corte de Justicia acaba de emitir una sentencia que contradice el primer principio de la lógica: algo no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo y en el mismo sentido. Pero en nuestra amada Argentina todo puede ser posible, aun la aprobación e implementación de una ley que veda las prácticas eutanásicas -el fallo aclara que no se trata de un caso de eutanasia ero autoriza a retirar la hidratación y la alimentación que se siguen proporcionando (producen el efecto terapéutico deseado en el paciente), con lo cual autoriza una práctica claramente eutanásica”.
“Se entiende por eutanasia toda acción u omisión (tal es este caso) que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. Bajo un aparente acto de piedad con el paciente, se interviene eliminándolo...”, prosiguió.
“La muerte digna, contrariamente, es permitir que el proceso irreversible de la muerte continúe sin impedimentos”, insistió Revello.
En tanto, monseñor Virginio Bressanelli, Obispo de la ciudad de Neuquén expresó que es “una forma de eutanasia encubierta” el fallo de la Corte.
En comunicación con radio LU5 el monseñor Bressanelli comentó que “es un fallo sobre premisas que no responden a la verdad, ya que el mismo cuerpo forense explicó que Diez no se encuentra en estado vegetativo”.
En tanto, Bressanelli comentó que “ es un tema que no debe ser una cuestión de la iglesia, sino que es un tema de respeto a la vida que va más allá de cuestiones religiosas”. Y agregó que “le duele inmensamente esta decisión”.
La doctora Vilma Tripodoro, especialista en cuidados paliativos e investigadora del Instituto Lanari de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y miembro de la ONG Pallium Latinoamérica, consideró en declaraciones al portal Infobae: "La dignidad no se pierde por enfermar, hay que entender que la muerte es parte de la vida. El término muerte digna es equivocado y confuso, porque se puede malentender que una muerte digna necesita de un fallo judicial para ocurrir o creer que la dignidad se persigue a través de nuevas legislaciones. Y esto no es así, la dignidad implica aliviar los síntomas y tratar a las personas humanamente hasta el último momento".
"La muerte digna es una construcción periodística. Lo peor es que para muchos es un sinónimo de la eutanasia. La muerte digna permite morir a una persona que no tiene ninguna posibilidad de recuperación. Hay situaciones que son irreversibles, y permitir morir es aceptar la muerte como parte de la vida", amplió.
Y sobre la eutanasia, concluyó: "Muy por el contrario a la muerte digna, la eutanasia se trata de una decisión solicitada por la persona con una enfermedad terminal o un subrogante de esa persona cuyo objetivo claro es provocar la muerte a través de la administración de una droga letal rápida y efectiva para producir la muerte".