> La semana pasada el INdEC dio a conocer los datos del mercado de trabajo que pusieron de manifiesto un aumento de la tasa de desempleo al 7,5% de la población económicamente activa (PEA) en el 3er. trimestre del año, representando un aumento de +0,7 punto porcentual con relación al mismo período del año anterior cuando se ubicaba en 6,8%. El aumento de la tasa de desempleo demuestra fuertemente que la actual estanflación se explica por una contracción de la oferta agregada de la economía (N. de la R.: Oferta total de bienes y servicios que el conjunto de las empresas planifican poner a la venta en la economía nacional durante un período específico) y no por problemas en la demanda agregada, como piensa el gobierno. (N. de la R.: Suma del gasto en bienes y servicios que los consumidores, las empresas y el Estado están dispuestos a comprar a un determinado nivel de precios y depende tanto de la política monetaria y fiscal, así como de otros factores).
> Cae el nivel de actividad y se acelera la inflación (ambos contra 2013) porque se contrae la oferta agregada. (...) La oferta agregada se contrae porque los niveles de inversión son insuficientes, lo cual afecta negativamente al stock de capital, contrae la frontera de posibilidades de producción, reduce los puestos de trabajo y como consecuencia, termina afectando negativamente al consumo y la demanda agregada. En pocas palabras, la caída del consumo y la demanda agregada son una consecuencia y no la causa de nuestros principales problemas de nivel de actividad.
> (...) la demanda de trabajo de las empresas (‐1.6p.p.) cae más del doble de lo que aumentó el desempleo (+0.7p.p.). En concreto la tasa de empleo alcanzó un 41.3%, es decir 1.6% menos que durante el mismo trimestre de 2013. Es más, esta tasa de empleo del 3er. trimestre fue la más baja desde el 2006 (42,2%), año en que según los relevamiento privados, la economía se encontraba lejos de su frontera de posibilidades de producción; de modo que la caída en la demanda de trabajo refleja la incapacidad de la economía de generar empleo capaz de absorber a la población que sale a ofrecer su mano de obra.
> Del otro lado del mercado laboral, la oferta de trabajo, también se reduce 1.4%, cayendo de 46,1% en el 3er. T‐2013 a 44,7% en 3er. T‐2014. Probablemente, la oferta de trabajo este cayendo por un motivo desánimo, es decir porque parte de los desocupados “desalentados” dejan de buscar empleo. Justamente, esta fuerte caída de 1.4% de la oferta de trabajo representada por tasa de actividad (PEA / población) es la que evita un mayor aumento de la tasa de desempleo. En pocas palabras, lo que ocurre es que el mercado laboral se achica, tanto por el lado de la oferta como de la demanda.
> (...) la debilidad del mercado laboral no sólo se ve en su achicamiento por contracción de la oferta y la demanda de trabajo, sino también queda en evidencia en el avance de la subocupación. Puntualmente, la tasa de subocupación, (personas que trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestos a trabajar más horas) asciende a 9,2% de la PEA (1.114 mil trabajadores) y a aproximadamente el 10% de los ocupados, también muestra la debilidad actual del mercado laboral. Este concepto de subocupación es relevante para definir la calidad de los puestos de trabajo, ya que en general los empleados “sub‐ocupados” cuentan con empleos de baja productividad y remuneración.
> A diferencia de episodios anteriores de turbulencia macroeconómica, en esta oportunidad la estanflación afecta negativamente (con diferente fuerza) la producción de todos los sectores de la oferta agregada. Específicamente, se observa que los sectores que traccionaron el crecimiento económico de los últimos años presentan fuertes reducciones de su actividad: la construcción exhibe una merma del 2%, el comercio (minorista y mayorista) cae un 4% interanual, la industria se reduce un 6.6%, la intermediación financiera un 12.6% a/a en el período bajo estudio.
> En respuesta a la problemática descripta, el gobierno intenta revertir la caída del consumo con políticas de incentivo a la demanda agregada, pero termina agravando los problemas ya que induce a más inflación, peores expectativas y, consecuentemente, mayor contracción de oferta y demanda de empleo. Justamente, el gobierno nacional ha puesto en práctica una agresiva política de expansión del gasto público destinada a impulsar la demanda agregada para contrarrestar la caída del nivel de actividad. Una de las particularidades de estas políticas de incentivo a la demanda ha sido ampliar las erogaciones destinadas a incrementar el empleo público. El avance del sector público como demandante de empleo se debió a una intención explícita de estimular la demanda agregada a través de una política de ingresos (que incluía generar puestos de trabajo).
> Si bien los gobiernos subnacionales (N. de la R.: provinciales y municipales) siempre han sido una fuente de empleo para los habitantes de las provincias, el rojo reciente de sus cuentas públicas impuso un techo para la ampliación de la planta de trabajadores estatales en la esfera subnacional. En este contexto, el gobierno nacional pasó a ser el sector más dinámico como demandante de mano de obra, lo cual es paradójico ya que los servicios públicos esenciales son prestados por los gobiernos provinciales, no por el Nacional.
> (...) si se demanda más educación, más salud, más seguridad y mejor justicia, se deberían contratar nuevos docentes, médicos, policías y jueces, por ende debería subir la planta de personal provincial. Pero no, lo que más aumenta es la dotación de empleados públicos del Estado Nacional, que no presta ningún servicio público esencial. El empleo público nacional aumenta en las empresas públicas, cuyo déficit creció 151.4% (+$15.177 millones) el último año, pasando de $10.025 millones (2013) a $25.202 millones (2014).
> El gasto en personal (+40%) alcanzará los $140.726 millones, el aumento implícito sobrepasa por 10 p.p. (punto porcentual) los incrementos salariales (del 30% aproximadamente) otorgados a los trabajadores. El aumento de la planta de personal registrado en 2014 supera ampliamente lo presupuestado, como sólo se vio entre 2007 y 2008 tras las elecciones presidenciales y el surgimiento de la crisis financiera internacional. En dicho período la suba del gasto en personal por sobre la pauta salarial fue de 11 y 13,1 puntos porcentuales respectivamente. En esos años la paritaria oficial dio un aumento del 19% y 19,5% respectivamente cuando el gasto creció el 30% y 32,6% en 2007 y 2008.