Un drama familiar
No cabe duda de que el mayor afectado por el PGAD es el propio Decker, pero su mujer, April, está sufriendo también sus consecuencias. El orgasmo ha dejado de ser para su marido algo a lo que aspirar, y ni se le pasa por la cabeza mantener relaciones sexuales –lo intentaron al principio, pero nunca conseguía hacerlo en condiciones–, pero además ha afectado de forma determinante a la economía doméstica, pues la condición no permite a Decker trabajar.
En la mayoría de casos, los síntomas pueden reducirse con algunos fármacos antidepresivos, antiandrogénicos o geles anestesiantes, pero son sólo parches
“Debido a que a veces tiene orgasmos en mitad de la noche, hemos decidido dormir en camas separadas”, ha relatado April. “Esto puede ser muy frustrante. Necesitas el consuelo de otra persona, particularmente tu marido, pero no hay nada de eso. Realmente echo de menos al antiguo Dale”.
Decker ha visitado a numerosos médicos en busca de una solución para su problema, pero no la ha encontrado. El PGAD es una enfermedad poco estudiada, que se conoce desde hace tan sólo una década, cuando la doctora Sandra Leiblum la documentó por primera vez en mujeres, y no se conocen bien ni sus causas, ni cómo debe tratarse.
Los investigadores creen que la enfermedad puede surgir por un problema en las terminaciones nerviosas, aunque también podría deberse a un desorden hormonal o un problema en el sistema circulatorio de la pelvis. En la mayoría de casos, los síntomas pueden reducirse con algunos fármacos antidepresivos, antiandrogénicos o geles anestesiantes, pero son sólo parches. Quizás la solución podría encontrarse en algún tipo de intervención quirúrgica sobre las terminaciones nerviosas de la zona pélvica, pero, por el momento, no hay evidencias de que funcionen a largo plazo.