La necesidad de ser un “K”
Urribarri se dio cuenta de la necesidad que tenía el kirchnerismo de sumar gobernadores aliados luego del suceso de la 125 y no dudo en aprovechar esa circunstancia, sin advertir que su engaño no tendría otro destino que la genuflexión y con ello la traición a todos sus comprovincianos. Pero ya no había vuelta atrás y allá fue el pobre de Urribarri a rendirse a los pies de Cristina cual fiel cordero.
Así fue que ella se encargó, por ejemplo, de designar quienes serían los representantes del kirchnerismo en las elecciones legislativas del año pasado (tres diputados nacionales y una senadora nacional, que hasta el día de hoy nadie sabe quiénes son), y que Urribarri se hiciera cargo de los gastos que ello demandara. Luego, “Ella”, le encomendó otra tarea “Deberás postularte como candidato a la presidencia para distraer”, y uno se imagina un balbuceante Urribarri contestando: “Sí, sí, mi Reina, lo que tú digas”. Y allá salió él a pedirle a su más cercano colaborador, el Ministro de Comunicación (y algo de Cultura), Pedro Báez, que invente algo. Pedro cumplió y así nació “El gran sueño entrerriano”.
Hacer una descripción de todas y cada una de las cosas que Urribarri ha prometido sería redundar en algo que ya hemos remarcado en innumerables ocasiones, solo cabe señalar que él prometió que se iban a inaugurar dos nuevos hospitales, una escuela cada 17 días, dos autopistas, un mega estadio en Paraná, dos centros de convenciones internacionales, que Entre Ríos iba a extraer petróleo antes de 2015, que el Puerto de Ibicuy se iba a transformar en un polo internacional de exportaciones, que íbamos a tener una fábrica de cosechadoras que se exportarían a todo el mundo, que las usinas lácteas y los frigoríficos que estatizó serían el ejemplo de cómo gerenciar empresas estatales, que triplicaríamos las exportaciones de citrus y arroz,etc. Ninguna de todas esas promesas se ha cumplido. Eso sí, en pliegos de licitaciones, adelantos de obras, créditos para empresas fantasmas (cómo la de las cosechadoras), pagos por estatizaciones y por sueldos de los funcionarios designados como directores de esas empresas estatizadas, etc., etc., se han gastado miles de millones de pesos.
Con un panorama difícil, la realidad hoy le está pegando muy fuerte al “gran soñador”, y donde más duele. En la gente que él y todos los que como él siempre se aprovechan: los más pobres, los afectados por las inundaciones del Río Uruguay. Las obras de defensa que se prometieron para las ciudades más importantes hace seis años nunca se hicieron y no hay justificativo que alcance ante el avance feroz de las aguas. Lo impiadoso que provocan esas aguas desbordantes tienen un solo culpable: El que prometió y no cumplió. Y todos saben quién es.
Pero aparte de todo eso, ahora empieza a asomar la corrupción, que como corolario de tanto desarreglo viene a demostrar que el descontrol ha sido tan grande que ya no hay forma de disimularlo. Así apareció el tema de las “compensaciones” tributarias, un engendro en el que se mezclan funcionarios políticos y empresarios, que le costó, hasta donde se sabe, $40 millones a los entrerrianos. O el oscuro tema que empieza a surgir sobre los sobreprecios pagados a empresas constructoras y sobre todo a empresas viales (Algo más de $100 millones). O el tema de las misteriosas empresas proveedoras de combustible al Estado. O lo que ocurre con el llamado “monedero de Urribarri”, mediante el cual, disimulado vía subsidios destinados a “solventar gastos de subsistencia”, se entregan diariamente entre $450 y $500 mil ($10 millones mensuales), a punteros políticos que luego son repartidos entre los “militantes” del modelo nacional y popular. O la maniobra que se hizo con esas 80 mil toneladas de arroz exportadas a Venezuela por una empresa que nadie conoce y que perjudicó a miles de productores entrerrianos a los que Urribarri engañó para permitir un negocio a amigos del ministro de planificación. Una pequeñez de tan solo 50 millones de dólares.
Urribarri hizo crecer la deuda provincial a límites inimaginados, llevándola a más de $12 mil millones, entre deuda consolidada y flotante, a la vez que en menos de un año ha emitido Letras de la Tesorería para afrontar gastos corrientes por otros $1.200 millones de pesos que se colocan en el mercado a tasas altísimas. Por otro lado se encargó de implementar un impuestazo que hace que los entrerrianos deban soportar la carga tributaria más alta del país.
El “Gran soñador entrerriano” dejará la provincia totalmente empobrecida, ya que no solo la habrá quebrado en lo financiero, sino que su gestión también dejará destruidos todos los mecanismos necesarios para el desarrollo económico de su potencial productivo.
A pesar de todo eso, él sigue gastando lo poco que le queda por exprimir a la provincia, con tal de seguir cumpliendo con la orden de Cristina. Una genuflexión imperdonable