El último en entrar fue Sapag y en la puerta lo esperaba Cristina. Lo tomó fuerte del brazo y le largó al oído: "¡Jorge: no me vas a armar lío acá porque te mato!".
"No es lío, Presidenta, estoy cuidando mis espaldas y también las suyas", se explicó el neuquino.
Ahora la situación es otra pero los motivos son parecidos. Nación elaboró el borrador de un acuerdo que será la base de una ley convenio para llenar los baches que existen en la normativa actual y lidiar con ese nuevo maná que son los hidrocarburos no convencionales.
El lunes pasado (09/06) la Presidenta, con Capitanich, Kicillof, Galuccio, Zannini y De Vido, recibió a los gobernadores. Les explicaron los alcances de la propuesta para incentivar las inversiones y lograr el autoabastecimiento: estabilidad fiscal, regalías del 12%, etcétera. Los despacharon con el texto bajo el brazo y a la salida los mandatarios, entre ellos Sapag, dieron a entender que estaban de acuerdo.
Sapag hizo foco en el carry, por el cual las petroleras provinciales se asocian con las multinacionales del sector como propietarias del área y sin dinero. "Hacia atrás se ratifican los derechos adquiridos, para adelante las áreas nuevas se licitan con un canon. A quién se paga eso, cómo se contabiliza, es lo que nos falta acordar", resumió.
¿Qué sucedió después para que el escenario pasara de un acuerdo más o menos resignado a un clima de guerra?
"No habíamos leído el borrador; cuando lo hicimos nos dimos cuenta de que hay puntos que son buenos, otros no tan buenos y algunos impensables", dijo Sapag a este diario.
La posición entre los mandatarios petroleros no es uniforme pero –hay que decirlo– el pato de esta boda es Neuquén, con su enorme reservorio Vaca Muerta. Todos los demás importan, sí, pero mucho menos.
En Neuquén pasaron de la sorpresa a la indignación cuando descubrieron un párrafo del documento dedicado a las empresas provinciales que podría afectar el medio centenar de contratos que ya selló la empresa estatal provincial Gas y Petróleo de Neuquén.
"No estoy dispuesto a firmar nada que afecte derechos adquiridos", advirtió un Sapag alejado de su habitual diplomacia. Aclaró que el borrador de Nación "ya está, ahora estamos elaborando otro con el resto de los gobernadores de la Ofephi".
Cuando Sapag habla de cuidarse las espaldas habla del leit motiv de su gobierno. Fue él quien dijo que "con las regalías no alcanza, hay que participar de la renta petrolera" y creó GyP.
Paralelamente al 'descubrimiento' del párrafo envenenado, la oposición interna y de afuera del gobierno, que ya venía salpicando de sospechas el acuerdo, alzó su voz para rechazarlo destempladamente incurriendo en un clásico nacional: hacer política con cualquier cosa que se presente.
"Están queriendo avasallar la autonomía de las provincias" para "quedarse con todo", ladró Pereyra, quien además por algún milagro que nadie ha explicado aún fue colocado por el gobierno nacional en la estratégica presidencia de la Comisión de Energía del Senado, justamente adonde irá a aterrizar el borrador de la ley convenio si es que no explota antes en el aire.
Ante esta oportunidad servida en bandeja, Quiroga se permitió reclamarle al gobernador "que se mantenga firme y defienda los intereses de los neuquinos".
Rioseco, a su turno, arriesgó que "hay una privatización encubierta" para "depredar los recursos de la provincia durante los próximos 40 años".
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Ante tamaña pirotecnia Sapag, que además de ver peligrar su obra más preciada se dio cuenta de que lo pasaban por izquierda políticamente, terminó reconociendo que si bien en su momento apoyó el acuerdo con Chevron porque le pareció "bueno para la provincia", el hacerlo le valió "perder una interna". Se entiende: aquella en la que el líder del sindicato petrolero cubrió de sospechas el acuerdo con la petrolera estadounidense.
¿Qué va a pasar mañana? Imposible adivinarlo, pero por lo pronto la postura del gobierno nacional y del mandamás de YPF es que no se conseguirán inversiones como las que hacen falta para poner de pie a la vaca lechera si el país no ofrece un marco jurídico adecuado. Esto incluye la posibilidad de que las empresas repatrien utilidades y cuenten con franquicias aduaneras para importar los equipos que hacen falta.
El ejemplo de Chevron es uno posible, puede haber otros pero también puede ser el último.
YPF y el gobierno federal piensan que el esquema actual, en el que florecen petroleras provinciales exentas de controles pero no de beneficios, no es el más adecuado para conseguir este tipo de inversiones. Las empresas provinciales no tienen nada malo en sí mismas, lo que no resulta aceptable es que no haya sobre ellas mecanismos transparentes de control institucional. Entre otras cosas porque su mayoría accionaria es del Estado y los yacimientos que ofrecen también.
Las fuentes nacionales aseguran que el borrador cuestionado tiene puntos negociables. Por ejemplo, las regalías y los alcances del marco tributario.
Pero hay otros aspectos de los que todavía no se ha hablado, por caso, las acciones de YPF que la Nación distribuyó entre las provincias y todavía no cobró o el precio del crudo y el del gas que también componen la renta petrolera.
Mañana, por más que algunos gobernadores estén dispuestos a acordar si Sapag no pone la firma, la ley puede no ser aprobada en el Congreso y frenarse un desarrollo energético que el país necesita para crecer. Es de esperar que haya cordura.