Para el desembarco se dividió el sector de Normandía en 5 playas o zonas de influencia, que de oeste a este se bautizaron con los nombres en clave de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.
Los 80 kilómetros de costa de Normandía elegidos por los Aliados para desembarcar son 95% playas que en la marea baja deja al descubierto hasta 500 metros de arena. Sólo hay unos pocos trechos en los que existen rocas que, incluso con marea baja, apenas dejan playa delante de ellas. Tras el nivel más alto al que llega la marea alta, se extiende normalmente una franja de cantos rodados con una anchura de hasta 50 m. A partir de aquí comienza a elevarse la costa hasta unos 50 m de altura sobre el nivel de marea alta, con pendientes de tierra, cubiertas por praderas y setos de arbustos muy tupidos de hasta 2 m de altura.
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Luego, la la campiña de Normandía hasta unos 80 km hacia el sur, terreno ondulado, cubierto de grandes praderas para el ganado vacuno, cereales y campos de manzanos.
El clima es muy lluvioso, lo que hace que la región esté cruzada por numerosos arroyos y pequeños ríos, los cuales al acercarse al mar van abriendo brechas hacia las playas. Estas hondonadas permiten alcanzar las alturas de la costa desde la playa, evitando tener que trepar por las empinadas laderas que suben desde el mar.
Las defensas enemigas instaladas en las pendientes de la costa eran fáciles de atacar por la artillería de los navíos de guerra. Con aviones de exploración, el bombardeo podía extenderse sobre las baterías situadas alejadas de la costa.
El ejército defensor tenía modestos reductos construidos en las laderas y dotados con ametralladoras y artillería de medio alcance. Sin embargo, la artillería pesada instalada hasta 10 km detrás de la costa, pero unida telefónicamente con puestos de observación instalados en lo alto de los cerros sobre la playa, podía provocar grandes bajas a las tropas que avanzaran por la playa si habían desembarcado con marea baja, y a las embarcaciones de desembarco que se acercaran con marea alta.
Ambos bandos sabían, entonces, que la fase de desembarco forzosamente sería muy sangrienta.
Sangre y más sangre
El mito del Día D ha dejado en segundo plano el conjunto de la batalla.
No se trata sólo del desembarco en el infierno de Omaha Beach, que Steven Spielberg retrató con un despliegue de efectos especiales en "Salvar al soldado Ryan". La imagen de paracaidistas estadounidenses colgados de un árbol con los testículos en la boca, que Antony Beevor relata en su libro, no se corresponde con la idea general que se tiene del Desembarco.
El otro asunto que ha quedado en segundo plano fueron las muertes de civiles y la destrucción general: 120.000 inmuebles convertidos en ruinas, 270.000 muy dañados, 43.000 hectáreas de tierras cultivables arruinadas.
“La suerte de los civiles fue olvidada por los poderes públicos porque el estatuto de víctimas no se corresponde con la imagen gloriosa que el Estado quería asociar con el desembarco”, señala uno de los grandes expertos franceses en la batalla, Olivier Wieviorka, profesor de la Escuela Normal Superior de Cachan y autor de "Historia del desembarco de Normandía" (Tempus).
“Muchos monumentos recuerdan el heroísmo de los soldados angloamericanos, pero muy pocos conmemoran el destino de los civiles bajo las bombas. Sin embargo, todo cambia: en las ceremonias de este año, por primera vez, el presidente François Hollande homenajeará a los civiles muertos”, agrega Wieviork.
Sólo el 6 de junio, fallecieron 3.000 no combatientes, tantos como soldados en las playas. “Cualquiera que visite la región se dará cuenta de que la inmensa mayoría de las ciudades fueron reconstruidas en los años cincuenta”, precisa Quellien, profesor de la Universidad de Caen, la capital histórica de Normandía, que quedó arrasada en un 75% en un bombardeo tan intenso como inútil, ya que en realidad sólo sirvió para dificultar su conquista por parte de los aliados porque los alemanes aprovecharon las ruinas para parapetarse.
Cuando salió su libro sobre el Día D, en 2010, Beevor utilizó la expresión “cercano al crimen de guerra” para referirse a la destrucción de la ciudad y tuvo que pedir disculpas tras el escándalo que se organizó.
“No creo que un fracaso en Normandía hubiese cambiado el curso de la guerra” –señala el historiador y periodista Rick Atkinson– “pero no tengo la más mínima duda de que hubiese dado a Hitler un año o incluso más. Eso hubiese significado un año más para asesinar judíos y otros ‘indeseables’, para hacer luchar contra los soviéticos en el este y para hacer sufrir a los pueblos de la Europa ocupada”.
Beevor va incluso más lejos sobre lo que hubiese ocurrido en caso de que el 6 de junio los aliados no hubiesen logrado su objetivo: “Si la invasión llegaba a fracasar, con los avances soviéticos en el Rin, la historia de la posguerra de Europa podría haber sido muy diferente”.
Final
Dicen que el Día D, cuyo 70º aniversario se conmemora, fue el día que cambió en la 2da. Guerra Mundial porque luego de aquellos eventos, USA, al contrario que lo que había hecho al acabar la I Guerra Mundial, decidió quedarse y asegurar la reconstrucción económica, política y moral de los europeos, en un tutelaje que comenzó con la derrota de Adolf Hitler y continúa hasta hoy día.
Sin los juicios de Núremberg, el Plan Marshall o la Alianza Atlántica, Europa no sería hoy la que es.
Entre 1950 y 2000, USA mantuvo una media de 535.000 soldados estacionados en el exterior. Algo más de la mitad de ese medio millón de soldados estuvieron siempre destinados en Europa y, en concreto, en Alemania, el país que bate el récord mundial de presencia estadounidense, con una media de 235.000 soldados estadounidenses en forma permanente estacionados durante más de 4 décadas: durante la 2da. mitad del siglo 20, algo más de 10 millones de jóvenes estadounidenses pasaron 1 año de sus vidas en Alemania (datos de Tim Kane/Fundación Heritage).
Con la caída del Muro y el fin de la Guerra Fría, USA dio el problema europeo por resuelto, permitiendo redesplegar su diplomacia y su ejército hacia Asia para así contrapesar el auge de China y mantener su dominio marítimo en el Pacífico, considerado la arteria vital del comercio mundial.
De los 400.000 militares estadounidenses estacionados en Europa en lo más álgido de la Guerra Fría, hoy quedan 67.000, 40.000 de ellos en Alemania.
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Con todos sus altibajos e idas y venidas, estadounidenses y europeos han logrado construir lo que en 1957 el politólogo Karl Deutsch (nacido en Praga y exiliado a USA en 1939) definió como una “comunidad de seguridad”, un espacio en el que la intensidad de los lazos que vinculan a países e individuos, tanto desde el punto de vista material como moral, son tan intensos que el conflicto armado entre ellos se vuelve impensable e imposible.
Anécdota
Eisenhower, quien dio la orden de atacar, se convirtió después en Presidente; pero Ike no quiso asistir a la primera conmemoración del Desembarco, en 1954.
Tal como ha escrito el historiador Michael Beschloss en The New York Times, le costaba mucho hablar en público ante los veteranos sin derrumbarse (le ocurrió en 1952 durante la campaña), ya que siempre quedó marcado por el hecho de que sus decisiones, inevitables, justas, necesarias para cualquier comandante en jefe, costaron la vida a decenas de miles de soldados.