"El Ministerio de Economía no planea seguir aliviando las restricciones cambiarias ni las importaciones para preservar el actual nivel de las reservas del Banco Central.
Calificadas fuentes del Palacio de Hacienda indicaron a La Nación que tampoco han recibido quejas de las empresas por el giro de dividendos, al aclarar que se está autorizando este tipo de operaciones, pese a que el Banco Central las habilitó en forma muy puntual por montos acotados.
Con la medida de principios de año que habilitó la compra de hasta US$ 2000 por persona y por mes para ahorro, el equipo económico que lidera Axel Kicillof se siente cómodo, porque cree que "se resolvió el acceso a los dólares para los asalariados", pese a que las operaciones frenadas con el cepo desde fines de 2011, como la compraventa de inmuebles, siguen frenadas, según las cifras del sector. Evalúan que el sistema, que hasta el viernes pasado permitió la compra de US$ 652 millones, permitió descomprimir la demanda sobre el dólar informal que había a fines de 2013, aunque en los últimos días el valor del billete volvió a crecer para cerrar en $ 11,37.
Tampoco está planeado una aceleración del ingreso de importaciones, en el contexto del "comercio administrado", un eufemismo utilizado para referir a la escasez de divisas, que impide autorizar una mayor entrada de productos desde el exterior.
En cuanto a los reclamos de muchas empresas multinacionales por la imposibilidad de girar divisas al exterior, en Economía afirman que "se está autorizando el giro de dividendos", con el acuerdo del Banco Central, una sensación que no se comparte en muchas embajadas. En un importante banco confirmaron que "hay más autorizaciones para que los exportadores giren dividendos", pero aclararon que "el ingreso de mercadería está tan parado como en 2013". Sobre el goteo del ingreso de productos al país, el presidente de la cámara argentina de importadores, Diego Pérez Santisteban, dijo a La Nación que "está muy lento y sólo permiten ingresar lo que consideran ellos imprescindible". El ejecutivo indicó que "es imposible para 12 funcionarios que trabajan en esta cuestión en la Secretaría de Comercio controlar las miles de declaraciones juradas que ingresan por día". Además, "los recursos son escasos" pese a la liquidación de dólares del agro, tal como se observa en el lento crecimiento de las reservas del BCRA. "No hay que olvidar que hace algunos meses el Banco Central les pidió a los primeros 70 importadores, que ingresan el 60% del total de productos al país, diferir los pagos entre 90 y 120 días; eso son 3000 millones de dólares diferidos", calculó Pérez Santisteban, pagos que en algún momento el Gobierno deberá enfrentar.
Los analistas consultados por La Nación coincidieron en señalar que no creen que el Gobierno vaya a abrir más el grifo de dólares, ni para ahorro ni para las importaciones en lo que resta del año, aunque esto derive en un mayor impacto recesivo.
Ricardo Delgado, director de Analytica, dijo que "es poco probable que aflojen el cepo más de lo que lo hicieron este año, porque los datos del mercado cambiario siguen mostrando que no sobra nada, a pesar del récord de liquidaciones de soja: las reservas apenas suben, incluso en un contexto de caída en el nivel de actividad. Y a partir del período julio- agosto aumentan estacionalmente las importaciones de combustibles y las exportaciones se van a ir frenando" (...).
Por su parte, el referente de la corriente oficialista La Gran Makro Agustín D'Attellis dijo que "no están dadas las condiciones por el momento para avanzar en una mayor liberalización de las restricciones al mercado cambiario (...).
La directora del estudio Bein, Marina Dal Poggetto, dijo que "si el objetivo de los próximos meses consiste en volver a atrasar algo el tipo de cambio, con movimientos del dólar por debajo de la tasa de inflación y de la tasa de interés, en un intento de moderar la trayectoria de la inflación y mejorar los datos de crecimiento para 2015, no hay ningún margen para levantar el cepo" (...).
# La nota "
El BCRA congelará los dólares para las importaciones hasta el miércoles", de Julián Guarino, publicada hoy en el diario
'El Cronista Comercial', aporta datos más pesimistas:
"La desconcertante estrategia del Banco Central tendrá su saga esta semana. La expectativa está servida. Sabido es que la menor disponibilidad de divisas devino en más controles para los importadores. El dato es que al menos hasta el miércoles o incluso hasta fines de esta semana según comentan los más pesimistas no habrá novedades en materia de flexibilización a las restricciones que enfrentan los importadores.
Sectores cercanos a la entidad que conduce Juan Carlos Fábrega dejaron trascender que hasta ese día las autorizaciones para que los importadores puedan hacerse de dólares estarán frenadas. Habrá, sí, la posibilidad de hilvanar autorizaciones a aquellos importadores que tenían pendientes el visto bueno del Central para montos más pequeños, de hasta u$s 300.000, pero no se descarta que, en el camino, la entidad aplica criterios selectivos o incluso que recorte nuevamente ese tope y lo modifique por uno más bajo.
En rigor, sostienen en las mesas, que en los últimos días se detectó un criterio que por visto no es menos novedoso: se autorizan aquellas importaciones de bajo monto que involucran insumos aplicados al proceso de producción local, dejando de lado las órdenes que abarcan productos o servicios de sectores que cuentan con sustitutos de origen nacional.
El jueves y viernes de la última semana, la mesa de dinero del Central utilizó la misma estrategia: dejó congeladas e incluso repactó aquellas operaciones concertadas previamente en ocasión de autorizarlas a hacerse de dólares por valores mayores a los u$s 300.000 y sólo facultó a las que se acordaron por debajo de ese monto. Así, en un escenario con fuerte entrada de dólares por parte del sector agroexportador, pudo sumar u$s 320 millones en dos días que, sin embargo, no pasaron a formar parte en su totalidad de las reservas ya que debió hacerse cargo de dos pagos de importación de energía.
Creemos que hay un cambio de estrategia pero que además existe la posibilidad de que la Casa Rosada haya intervenido para dotar de mayor poder al ministro Kicillof en detrimento de Fábrega, señala el jefe de la mesa de dinero de un banco.
Como él, otro ejecutivo de renombre sostiene que es evidente el cambio en las órdenes que surgen del BCRA. Hasta hace algunos días, todo dólar que entraba al mercado era calzado perfectamente, es decir, si un exportador vendía el Central se encargaba de encontrarle un comprador dentro de los importadores que estaban autorizados. Esa estrategia terminó y nos parece extraño porque no es la forma en la que se venía manejando Fábrega, sostuvo.
En la City tienen en claro que el ministro de Economía, Axel Kicillof, ha desplegado todo su arsenal de influencia política para bajar las tasas de interés e impulsar el consumo interno, en momentos donde los indicadores muestran un deterioro de la actividad económica en todos los sectores. Fuentes del Palacio de Hacienda señalaron a este diario que, en ese esquema, Kicillof se mantiene alerta a la evolución del costo del crédito que cobran las tarjetas para financiar a sus clientes, algo que Fábrega comenzó a tener en carpeta cuando el ministro lo hizo público. En rigor, en medio de las discusiones entre Kicillof y Fábrega (lo que motivó una reunión con la presidenta Cristina Fernández el martes el Gobierno oficializó bajas de precios y tasas preferenciales para reactivar el mercado de motos preocupado por la caída del sector. En Economía consideran que los niveles de tasas de interés resultan excesivos en promedio superan el 60% anual."
# " Apenas un descanso, entre round y round", por Alcadio Oña, publicado ayer en 'Clarín':
"La especulación y el afán de lucro son tan antiguos como el trueque. De los dos, el discurso oficial usa la especulación como argumento para buscar culpables fuera del Gobierno por discordias y extravíos que ocurren dentro del Gobierno. Y siempre han existido los pescadores que sacan réditos en ríos revueltos.
El comunicado que el Banco Central emitió el miércoles, a pedido de la Presidenta, dijo que las publicaciones sobre “supuestas diferencias” entre Juan Carlos Fábrega y Axel Kicillof “sólo persiguen la finalidad de titulares mediáticos y negociados financieros”.
Ya es demasiado obvio que las supuestas diferencias no son supuestas sino reales. Y tan reales que saltaron el mismo día que Fábrega impulsó un fuerte aumento de las tasas de interés para mantener el dólar a raya, que Cristina Kirchner validó contra la opinión de Kicillof. También explotaron, casi simultáneamente, cuando el ministro se trenzó en una furiosa discusión dentro del propio Banco Central.
Aunque los vaivenes en el manejo de la muy sensible situación financiera hayan hecho un buen aporte, gente que ha pasado por el BCRA y el Ministerio de Economía atribuye la disparada del paralelo sobre todo a las peleas internas: “Crean incertidumbre, justo cuando es imprescindible dar señales de coherencia interna y de un rumbo previsible ”, dice uno de ellos. En este río revuelto pescan los especuladores de siempre o quienes, sin serlo, sólo ambicionan resguardar sus pesos.
Entre la maxidevaluación de enero y los primeros días de mayo, Kicillof mantuvo clavado el dólar oficial en los alrededores de los 8 pesos. Luego alteró la estrategia y empezó a tocarlo, pero el ajuste ni siquiera llegó al 1%.
El movimiento venía acompañado de una leve baja en las tasas que paga el Central. Nada tan grande como para explicar el brinco del 12% que pegó la cotización del paralelo y una brecha cambiaria que creció hasta las cercanías del 50%. Pasó que, en el medio, volvieron a colarse los choques entre Kicillof y Fábrega.
Que si hay que seguir bajando las tasas para frenar la recesión, como quiere el ministro. O mantenerlas empinadas, de modo que los pesos depositados en los bancos o en otras operaciones no vayan al dólar, como pretende el jefe del BCRA. La vieja puja tasas versus dólar y la nueva, Kicillof versus Fábrega.
Tanto la devaluación como la abrupta suba de las tasas fueron tragos amargos salidos de la cocina del Banco Central, que el ministro de Economía debió aceptar y sólo porque había una corrida cambiaria que puso en alerta a la Presidenta. Por más culpas que hayan disparado o disparen sobre los bancos, a veces con razón, las corridas son una de las pocas cosas a las que los Kirchner le han temido siempre.
Pasada la emergencia de enero y dando por hecho que la inflación se ha desacelerado, Kicillof cree que llegó el momento de aflojar con las tasas para meterle oxígeno a una economía en recesión y salirle al cruce a los visibles problemas del mercado laboral. Por lo mismo, ni piensa en bajarle un cambio al gasto público.
“Es muy probable que esa lógica sea compartida por Cristina”, afirman algunos analistas. Y si las cartas vienen así, marcadas, se verá qué hace Fábrega.
Las estimaciones privadas cantan que este año el Central deberá transferirle al Tesoro Nacional entre 135 y 140.000 millones de pesos; como siempre, gratis.
Nuevamente, la sombra de Fábrega tironeando. Eso significa pura emisión monetaria sin ajuste fiscal y, según su enfoque, pasto para el proceso inflacionario.
No es lo que piensa Kicillof.
“La política económica, como el resto de las políticas de este país, las decide la Sra. Presidenta de la Nación”, dice el último párrafo del comunicado que el BCRA emitió el miércoles. Es un disparo directo contra los alardeos de mando de Kicillof, aunque está implícito que si existen errores también van a la cuenta de quien toma las decisiones.
Todo indica que el documento fue un paso forzado por Cristina Kirchner, en la creencia de que los trascendidos sobre la pelea habían partido desde despachos del Central. También hubo otros, pero originados Economía, como el de atribuirle la recesión al aumento de las tasas de interés, o sea, a Fábrega.
En realidad, el enfriamiento de la actividad económica venía de antes y fue la propia Presidenta quien le puso el moño a la suba de las tasas.
Existe otra pelea, además de la que la que mira más la tribuna y se lleva las palmas. Es la que libra el Central todos los días para contener el drenaje de reservas, al extremo de dejar casi sin dólares a los importadores. La fórmula Moreno, con otro envase.
El punto es que esto sucede en el llamado trimestre de oro , cuando están entrando las divisas de la súper soja. Y sucede porque buena parte de lo que ingresa, sale: se va sobre todo en pagos de la deuda externa, enteramente a cargo del BCRA, más la montaña de plata que consumen las importaciones de gas natural, gas licuado y combustibles, o sea, la factura de la crisis energética.
Pero como no hay manera de cortar este chorro y las restricciones económicas desalientan las inversiones productivas, al Central no le queda más remedio que apretar las clavijas que tiene a tiro. En este juego, se llevan perdidos US$ 2.100 millones en lo que va del año.
Semejante tenaza explica el afanoso intento de Kicillof por arreglar con el Club de París y buscar financiamiento externo como sea. Nada saldrá barato, pero sabe, al fin, que el fantasma cambiario anda al acecho.
En paralelo, abunda la especulación financiera. Ninguna maldad, sino una bicicleta que circula libre sobre la parva de bonos argentinos que pagan tasas sin igual en el mundo. Y además, con cero riesgo de default. Acaba de pasar con los títulos que el Gobierno le entregó a Repsol y que Repsol vendió en horas.
En la base, vivita y coleando, asoma una inflación que va comiéndose el ajuste cambiario de enero e infla los costos de las empresas y del Estado. La inflación verdadera, porque el valor de esa que el INDEC empezó a contar con aires de reforma duró menos que un suspiro.
¿Creerá Kicillof que así está logrando poner en caja los precios? ¿O que su sistema de control es un plan antiinflacionario y no un remedo del morenismo pero más elaborado? A propósito, la última encuesta de la Universidad Torcuato Di Tella revela que entre los sectores de más bajos recursos las expectativas inflacionarias han escalado al 39,2%.
Está visto que es difícil ordenar las expectativas y doblegar la incertidumbre sin un programa que opere, articuladamente, sobre los desajustes de la economía. Además, claro y explícito para que no queden demasiadas dudas.
En vez de eso hay una disputa entre dos piezas claves, nada menos que entre el ministro de Economía y el jefe del Banco Central. Cuentan cerca de Fábrega que “se calmaron las aguas”. Y no demasiado lejos de Fábrega, agregan: “ Por ahora ”."