Pero ya no. Las tasa de interés occidentales están subiendo y la economía china en desaceleración puso tope a los precios de los commodities. Beijing también empezó a contener su veloz expansión del crédito, tanto en el país como en el exterior. Se dice que los acuerdos con complicaciones agotaron la paciencia de Beijing con Venezuela y Argentina. En el futuro, las inversiones chinas en Latinoamérica, en especial en infraestructura, probablemente se concentren en países más seguros y menos riesgosos. Ya no les es fácil jugar a ser chicos malos. De ahí las ofensivas amistosas y el apuro por ser pragmáticos antes de que se afiancen los años flacos y la financiación se encarezca.
La pregunta es qué tan verdadera es esta conversión. Esa es la pregunta clave para los inversores con mala memoria, hambre de rendimiento y que están pensando en creerse el aparente cambio de actitud.
[ pagebreak ]
En Ecuador, junto a la feroz retórica y el default voluntario, Correa también demostró ser un administrador público competente que impulsó un impresionante programa de obras públicas. Por el contrario, la idea de una “revolución pragmática”en Venezuela y Argentina hay que tomarla con pinzas.
Ambos países tienen bajo crecimiento, alta inflación y escasez crónica de divisas fuertes. Para resolver esos problemas, a las recientes reformas deberían agregar otras medidas, especialmente del lado de la oferta. Después de todo, no son actos de sabotaje de “fascistas” o de oscuras élites económicas los que redujeron la inversión privada. Los verdaderos culpables son los controles de precios, las amenazas de expropiación y la mala gestión.
Esto no es ideología sino una simple observación. Otros países de izquierda en la región, como Bolivia, no padecen una inestabilidad económica similar. Tampoco son extraordinarias las tan alabadas mejoras sociales: otros países latinoamericanos redujeron la pobreza en igual medida sin distorsionar sus economías o sembrar tanta discordia.
Cualquier regreso a la racionalidad económica siempre es bienvenida, por más tímida que sea. Algo siempre es mejor que nada, y cuantas más reformas haya ahora, mejor será el resultado final. Es probable que sea demasiado pedir que las reformas vayan acompañadas de un fin a la postura barata de los últimos años. Sin embargo, será divertido ver a los líderes comerse sus propias palabras.