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Con Cristina en el Vaticano, Verbitsky retoma sus críticas a Bergoglio

Horacio Verbitsky contra Jorge Bergoglio es una historia que lleva años. Y no cesará, tal como lo deja en evidencia el presidente del CELS y columnista del diario K Página/12. Hay novedades para este boletín... con Cristina Fernández de Kirchner en Roma, lista para encontrarse con el ahora papa Francisco el lunes 17/03:

Mucho escribió el periodista, ex dirigente montonero y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales, Horacio Verbitsky, contra Jorge Omar Bergoglio, el jesuita que luego fue arzobispo de Buenos Aires, cardenal primado de la Argentina y ahora es Papa de los católicos apostólicos y romanos. Pero Verbitsky no pudo impedir el ascenso de Bergoglio y su conversión en papa Francisco. Ni siquiera distribuyendo uno de sus libros en Roma, con el apoyo de Néstor Kirchner. En marzo de 2013, Cristina Fernández de Kirchner lo mandó a callar cuando ella decidió aceptar la derrota en la disputa con Bergoglio, y buscó no sólo una tregua con Bergoglio sino mejorar la relación ya que el líder religioso batía récords de popularidad y ella tenía 2 elecciones por delante (que perdió). Sin opciones, Verbitsky se limitó al mutis por el foro. Ahora, al cumplirse 1 año del inicio del papado de Bergoglio, y con Cristina Fernández de Kirchner en Roma para visitar al Papa el lunes 17/03 al mediodía, Verbitsky retoma su visión crítica acerca del rol que Bergoglio tuvo durante el Proceso de Reorganización Nacional. Es menester destacar que los cuestionamientos de Verbitsky incorporan en esta ocasión la forma de respuesta a la crítica directa que le propina un texto sobre el papa Francisco que sería llevado al cine (y que él insiste en que la mención específica sobre su persona proviene del obispo de Roma), y también le permite a él reforzar la toma de distancia respecto de Cristina que está realizando desde hace cierto tiempo. De una defensa a rajatablas ha pasado a un apoyo crítico, consciente del deterioro del proyecto político original del ladriprogresismo santacruceño. De paso, él incorpora el dato que tanto mencionan en el PJ más cercano a Daniel Scioli acerca del origen de un supuesto problema personal entre Bergoglio y Sergio Massa. Así, Verbitsky puede exhibir en el diario K (porque Página/12 sigue siendo un diario K, más allá de las veleidades del columnista) que su texto mantiene el relato militante. Aquí fragmentos del contenido mencionado:

"A un año de su consagración Jorge Bergoglio ha suscitado un fenómeno de idolatría universal y adquirido una centralidad sin precedentes en la política argentina. Su asesor uruguayo, Guzmán Carriquiry, acaba de proclamar un resurgimiento católico en Latinoamérica. Esto sucede justo a los ochenta años del mayor pico previo de influencia eclesiástica en el país, con el Congreso Eucarístico Internacional de 1934, cuando el presidente militar Agustín Justo, cuyo poder se debía a la fuerza, la proscripción y el fraude recibió en el puerto de Buenos Aires al secretario de Estado y hombre fuerte del Vaticano, Eugenio Pacelli, el futuro Papa Pío XII. El recurso del liderazgo político argentino a la Iglesia para legitimar sus posiciones nació en aquel momento, al cabo de seis décadas de laicismo, e hizo crisis dos décadas después, cuando Perón se negó a incluir en la Constitución el origen divino del poder y por el contrario intentó erigir su movimiento en una religión laica. Hoy esta transacción asume formas distintas, porque la legitimidad que buscan los políticos no es la de origen, que viene dada por la soberanía popular y las instituciones democráticas, sino la del ejercicio en caso de quienes gobiernan y la de las expectativas en el de quienes se proponen hacerlo. Este flirteo se exacerba ante un Pontífice argentino que lleva cuatro décadas de intervención activa en la política del país.

Sergio Massa consiguió una fotografía con los obispos Alcides Jorge Pedro Casaretto y Jorge Lozano en el Colegio Máximo de San Miguel, al que Bergoglio mudó la conducción provincial de la Compañía de Jesús hace cuarenta años. Así intenta hacerse perdonar la gestión que la jefatura de gabinete realizó en 2008 ante la embajada del Vaticano para que el entonces Arzobispo de Buenos Aires fuera transferido a Roma, a raíz de su intervención a favor de las cámaras patronales agropecuarias que intentaron tumbar al gobierno por aumentarles los impuestos.

Mañana Francisco almorzará en su residencia Santa Marta con la presidente CFK, quien ya anunció que asistirá en la Catedral al Tedeum por la fiesta patria de mayo, una práctica medieval en la que un obispo sermonea desde el púlpito a la autoridad elegida por el pueblo. La pleitesía es menos ostensible entre quienes mantienen una estrecha relación con Bergoglio desde antes de su apoteosis, como Daniel Scioli, la policromática Elisa Carrió o Julián Domínguez. Lo mismo pasa dentro del Episcopado, donde nadie celebró el aniversario papal con mayor entusiasmo que el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, su principal adversario durante los veinte años previos al Cónclave.

(...) Eduardo De la Serna, coordinador del Grupo Carlos Mugica de Sacerdotes en Opción por los Pobres, escribió que la “papolatría”, evidenciada en la candidatura al premio Nobel de la Paz, la creación de un vino y el bautismo de un barco en su homenaje, “hace difícil hoy señalar algunas críticas”. De la Serna encomia los gestos de sencillez de Francisco porque “los pobres los entienden y se identifican”. También alaba sus palabras sencillas y comprensibles, incluyendo las de su exhortación apostólica sobre la Alegría del Evangelio, cuyo contenido es “pobre y para los pobres” y habla de Jesús más que de la Iglesia. En cuanto a sus acciones, las más profundas y serias requieren seguramente más que un año “pero hasta ahora no hizo nada. No hubo cambios fundamentales en la curia vaticana”. Para De la Serna, lo más importante sería una profunda reforma del papado. “Esperamos hechos concretos que nos permitan experimentar aquello que las palabras y gestos anticipan. En lo personal, seguimos esperando.”
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(...) La pieza maestra, que ahora será llevada al cine, es el libro publicado por la editorial y el diario del Episcopado italiano, La lista de Bergoglio. Su autor, Nello Scavo, dice que sus publicaciones “llevaron al periodista Horacio Verbitsky a retirar sus acusaciones”. No es la única fantasía de ese opúsculo. Scavo también afirma que Bergoglio organizó una red secreta en todo el cono sur, cuyos miembros ignoraban su existencia y que habría corrido todos los riesgos para salvar a más de cien perseguidos. Sin embargo, sólo menciona diez casos. Uno es el entonces compañero de Bergoglio en Guardia de Hierro, José De la Sota, lo cual explica que se interesara por su libertad. (...)
 
El caso que mayor desarrollo tiene en el libro, parte de un dato falso. Según Scavo, Bergoglio puso en contacto a los catequistas villeros Sergio y Ana Gobulin con el cónsul italiano en Buenos Aires, Enrico Calamai, quien los escondió y les consiguió pasaportes y dinero para viajar a Italia, donde aún viven. Calamai, quien ha sido condecorado con la Cruz de la Orden del Libertador San Martín por haber ayudado a centenares de perseguidos, recuerda a los Gobulin, pero no a Bergoglio. Se lo aclaró a Scavo y rehusó colaborar con la película sobre esta reconstrucción de la virginidad bergogliana. En este y en otros trabajos apologéticos se insiste en que el Vaticano nada tiene que ver con su publicación, que Bergoglio nunca quiso defenderse y que hasta sus amigos eligieron el silencio para que no se pensara que hablaban en su nombre. Eso tampoco es cierto. En cuanto empecé a investigar el caso, Bergoglio me llamó y me dio su versión de los hechos, más los documentos que consideraba útiles para probarla. Lo mismo hizo en el libro autobiográfico El Jesuita, con el que inició su campaña por el papado cuando ya comenzaba a prepararse la renuncia de Ratzinger, tal como informé en 2011. Nadie mencionó en la prensa antes que yo la ayuda de Bergoglio a perseguidos por la dictadura. Lo hice en la misma forma exagerada y tendenciosa que ahora se advierte en los propagandistas del Papa, porque carecía de distancia crítica con mis fuentes. En una nota del 25 de abril de 1999 transcribí el testimonio de su amiga Alicia Oliveira, sobre cómo el Provincial jesuita sacó del país a “un grupo de tupamaros perseguidos” (ahora sabemos que era sólo uno, Gonzalo Mosca, y no integraba la guerrilla sino el Grupo sindical de Acción Unificadora) y organizaba en San Miguel “con ravioles amasados las despedidas de los curas o los laicos consagrados que estaban en situación de riesgo, entre ellos el hijo de un general. Jorge se encargaba de sacarlos del país, y todos hablaban de la situación, con rezos. El los protegía” (esta liturgia colectiva no es compatible con el secretismo extremo con que Scavo presenta su actividad, para agigantarla sin entrar en incómodas precisiones). 
 
 El arquitecto Rodolfo Yorio, hermano del sacerdote secuestrado, le dijo a la revista alemana Spiegel: “Conozco gente a la que ayudó. Eso es lo que revela sus dos caras y su proximidad con el poder militar. Era un maestro de la ambigüedad”. En 2004 encontré en archivos públicos los documentos que muestran esas dos facetas del ex Provincial: en el mismo acto formal en que pide un favor para Jalics, por debajo de la mesa repite los infundios que dieron lugar a su secuestro. ¿Cómo es posible que hiciera una cosa y la otra? Eso debe explicarlo la psicología, no el periodismo. (...)"

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