En ese contexto critica la apertura parcial del cepo: "(Argentina) anunció una flexibilización de la prohibición del gobierno en la compra de moneda extranjera con fines de ahorro. Los argentinos que ganan más de 7.200 pesos (u$s900) mensuales son ahora capaces de cambiar el 20% de su salario en dólares al tipo de cambio oficial, siempre y cuando obtenga la aprobación de la AFIP, la agencia tributaria de Argentina. Los dólares son transferidos a sus cuentas bancarias, no depurados en efectivo, y golpeados por una cuota del 20% si se retira antes de un año. Si eso suena complicado, sigue siendo más barato que comprar dólares en el mercado ilegal".
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"El objetivo del gobierno parece ser la de cerrar la brecha entre las tasas de cambio oficiales y azul, aliviando la necesidad de gastar más de esas preciosas reservas para apuntalar el tipo de cambio oficial. Aunque la brecha se ha cerrado un poco, el miedo de que la devaluación sólo conduzca a una mayor inflación explica el por qué de una continua alta demanda de dólares, incluso al tipo de cambio menos favorable. También lo hace el hecho de que sólo un tercio de los trabajadores argentinos cumplen con el umbral de renta declarada para la compra de dólares", prosigue.
Para trasladarse a la situación de Venezuela, The Economist rescata que " con la liberación parcial de los controles cambiarios, la Argentina está dando pasos vacilantes hacia la normalidad. En Venezuela, la situación es más peligrosa".
"Venezuela, donde la situación es aún más peligrosa, va en la otra dirección. El 22 de enero el gobierno dio a conocer las nuevas reglas bajo las cuales una mayor tasa para las transacciones no esenciales se fija semanalmente (11,36 bolívares por dólar esta semana). La antigua tasa del 6,3 sigue siendo válida para las importaciones del gobierno y artículos de primera necesidad, como alimentos y medicinas, por lo que las reservas seguirán cayendo mientras el gobierno defiende la moneda", relata sobre la situación del país caribeño.
"Venezuela se está quedando sin dólares para pagar sus facturas", alerta The Economista y agrega que “los efectos ya son evidentes. Las aerolíneas extranjeras han puesto fuertes restricciones a la venta de pasajes, y algunos de ellos han suspendido por completo. Muchos medicamentos y repuestos para equipos médicos no están disponibles. Las piezas del coche, incluyendo las baterías, son cada vez más difíciles de encontrar, los periódicos están cerrando por falta de papel".
En su análisis final, el medio concluye que "sin una gran inyección de dólares de la empresa petrolera estatal, Petróleos de Venezuela, lo que trae en el 96% de los ingresos en divisas, la crisis continuará. Mejores condiciones para los inversores extranjeros en la industria del petróleo traerían en efectivo que tanto necesitan y aumentar la producción estancada. Pero a menos que el gobierno abandone su antipatía hacia el capital privado, la perspectiva de la nueva inversión es tenue. La situación de escasez de bienes sólo es susceptible de empeorar. Si Argentina es un caso atípico, Venezuela corre el riesgo de perderse en una categoría totalmente diferente".