La adjudicación se iba a anunciar el pasado 30 de diciembre, pero, sin mediar explicación oficial alguna, se canceló la comunicación. El retraso, el quinto desde que en septiembre de 2012 Feijóo proclamó el acuerdo con la mexicana meses antes de las elecciones generales, decepcionó a los dos astilleros, que esperaban como regaló de Año Nuevo la carga de trabajo, esto es, a Hijos de J. Barreras y a Navantia. Ambos, en situación de paro técnico, aspiraban a construir los llamados floteles, buques construidos para alojar a trabajadores de plataformas petrolíferas.
En el caso de Barreras, se daba por hecho que recibiría el encargo, una vez que Pemex se hizo con el 51% de su capital el 26 de noviembre, horas después de que el consejo de Repsol valorase de forma positiva el principio de acuerdo con Argentina para compensarla por la confiscación de YPF. Pero como Brufau exigió desde el primer momento unas garantías para asegurarse el cobro de los bonos nacionales que recibiría a cambio de la incautación del 56% de la argentina, el pacto no ha terminado de cuajar.
El presidente de Repsol, Antonio Brufau. (EFE)El presidente de Repsol, Antonio Brufau. (EFE)Al contrario. Aunque la firma de la alianza a tres bandas se esperaba para el último consejo de 2014, las diferencias entre las partes han provocado que, hoy por hoy, Repsol no acepte la propuesta de Argentina y que, al mismo tiempo, Pemex no apruebe la licitación de los floteles, cuyo importe ronda los 300 millones de euros. Para los argentinos, las reclamaciones de la española se consideran una afrenta al poner en duda el valor del papel comercial del estado presidido por Cristina Fernández de Kirchner.
¿Coincidencia?
La empresa pública mexicana ha puesto como nueva fecha de adjudicación el 28 de enero, justo un día antes de la celebración del próximo consejo de administración de Repsol. Pemex confía en que a esa cita se llegue ya con el acuerdo con Argentina, ya que la petrolera norteamericana tiene interés en participar en el yacimiento de Vaca Muerta y en utilizar a Repsol para los planes que el Gobierno de Peña Nieto tiene para el sector energético latinoamericano.
Sin embargo, otras fuentes sostienen que lo que realmente quiere Pemex es controlar Repsol para mandar en su gestión. Y, aunque todas las partes aseguran oficialmente que no hay relación entre una operación y la otra, fuentes cercanas a las conversaciones creen que la mexicana está empleando el contrato con las navieras para chantajear al Gobierno español, que se ha mostrado permeable a las peticiones del país latinoamericano.
No es la primera vez que Pemex intenta desbancar a Brufau. En noviembre tenía previsto solicitar una junta extraordinaria de accionistas para someter a votación la gestión del presidente ejecutivo, complot que fue abortado tras conocerse los detalles de una reunión celebrada en Houston (Estados Unidos) para tal efecto. Un plan que, según distintas fuentes, puede volver a tener crédito si los cambios no se producen de forma pactada.