Rusia ha sido muy criticada por ONG's, que denuncian a la vez los destrozos medioambientales ocasionados por las obras olímpicas, el tratamiento al que son sometidos los trabajadores inmigrantes reclutados en masa para las obras de Sochi y la corrupción de algunos responsables de la organización.
Al recibir a principios de octubre la llama olímpica en Moscú procedente de Grecia, Putin declaró que Rusia mostrará a través de los Juegos su "respeto por la igualdad y la diversidad", conforme a los "ideales mismos del movimiento olímpico", en una aparente alusión a las críticas de Occidente por su política.
Una ley rusa firmada en junio por Putin impide la 'propaganda' homosexual ante menores, bajo penas de prisión, lo que provocó una gran polémica, con llamamientos de diferentes personalidades mundiales a boicotear los Juegos. Defensores de los Derechos Humanos reprochan a las autoridades rusas de querer estigmatizar a los homosexuales a través de esta ley, cuya formulación deja la puerta abierta a múltiples interpretaciones. Los dirigentes rusos, empezando por Putin, niegan ese extremo y prometen que Rusia respetará "los principios del olimpismo que prohíben cualquier discriminación".