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El arma que los empresarios no se atreven a usar

"Adolf Hitler, frente a Gran Bretaña, se comportó al mejor estilo Guillermo Moreno: llevó al timorato premier inglés Neville Chamberlain a hacer las veces de emisario de Alemania, que terminó convenciendo al gobierno de Praga que era mejor conceder a los alemanes lo que pedían para que no se armara la 2da. Guerra Mundial. Lo demás es historia". ¿Y la Argentina, qué?

 

por DIEGO DILLENBERGER
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (El Cronista Comercial). El punto de partida de estas líneas es una columna de Enrique Szewach, tan brillante economista como periodista, en la que menciona al historiador británico Tony Judt, que escribió sobre la era nazi en Europa. Szewach se sorprendía cómo, según el historiador, los nazis lograban asustar y paralizar de tal manera a los pueblos invadidos, que necesitaron apenas 1.500 administrativos y 6.000 soldados para controlar toda Francia. Para Noruega les alcanzó con 806 funcionarios, y algunas complicidades.
 
Szewach apuntaba a la situación política argentina, en la que el kirchnerismo, pese a las tremendas deficiencias de su gestión y el creciente rechazo a sus políticas, prácticamente no encuentra resistencia de la sociedad, la oposición y el empresariado.
 
Es evidente que a la oposición le cuesta trabajar de oposición y presentar una alternativa de gobierno. Pero también es sorprendente que el empresariado argentino persista en su largo mutismo ante el avance del dirigismo estatal sobre la actividad privada. Los empresarios no atinan a defender el único sistema en el que las empresas son las protagonistas, y que es el único camino de desarrollo social que no precisa de ‘relato’, como lo demuestran casi todos los vecinos de Argentina.
 
Los empresarios no necesitan salir a los tiros, ni siquiera a los gritos o insultos contra el gobierno: alcanza con dar el debate en la opinión pública con el amplio abanico de ‘armas’ pacíficas que ofrece la comunicación moderna.
 
Los empresarios cuentan con cañones más poderosos para enfrentar al gobierno de lo que ellos imaginan: su credibilidad. Por sorprendente que parezca, los empresarios argentinos gozan hoy, en comparación, de un nivel de credibilidad relativamente alto, cuando el gobierno está literalmente en el suelo.
 
Este dato se desprende del último Trust Barometer, el Barómetro de Confianza que elabora desde hace más de una década la consultora norteamericana de relaciones públicas Edelman. La Argentina resultó ‘puntera’ en la última edición de ese estudio global de confianza en dos aspectos clave que deberían llamar la atención del empresariado: los argentinos tienen el grado de confianza más bajo del mundo en su gobierno, con apenas 19 por ciento, seguido de España, con 20 por ciento. Pero,además, Argentina ostenta la mayor brecha de la tabla de credibilidad entre empresarios y gobierno.
 
Según esta encuesta, que sondea aspectos centrales de la confianza y su evolución en el tiempo en las empresas, gobiernos y sus voceros, los países latinoamericanos tienen una tendencia a confiar más en sus empresarios que en sus gobiernos que el resto del mundo. 
 
Pero, en comparación, la brecha en Brasil y México es de 100%. Con un índice de confianza en las empresas de 49 por ciento, el ‘gap’ de credibilidad en Argentina es, con 2,5 veces, por lejos el mayor de los 26 países analizados. En el promedio mundial, la confianza en las empresas supera ligeramente a la de los gobiernos por 59% a 50%.
 
La columna de Szewach lleva a recordar que, antes de invadir Francia y Noruega y de que estallara la 2da. Guerra, la Alemania nazi buscó presionar a toda Europa para anexar ‘pacíficamente’ a Bohemia y Moravia en 1939, justificando que ahí vivía población alemana. Checoslovaquia estaba armada hasta los dientes con lo mejor de la tecnología bélica de entonces. Los propios alemanes consideraban que las fortificaciones militares de los Montes de Bohemia eran inexpugnables, y la población checa estaba más que dispuesta a empuñar las armas para defender su país.
 
Pero Hitler, frente a Gran Bretaña, se comportó al mejor estilo Guillermo Moreno: llevó al timorato premier inglés Neville Chamberlain a hacer las veces de emisario de Alemania, que terminó convenciendo al gobierno de Praga que era mejor conceder a los alemanes lo que pedían para que no se armara la 2da. Guerra Mundial.
 
Lo demás es historia: los nazis entraron paseando en Checoslovaquia, y a los pocos meses invadieron Polonia, dando inicio a la peor conflagración de la Historia.
 
Muchos historiadores ‘contrafácticos’ creen hoy que si los checos hubiesen confiado en sus propias fuerzas, quizás la 2da. Guerra Mundial nunca se habría producido.

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