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Este jueves Hebe de Bonafini encabezará en Plaza de Mayo la tradicional ronda donde se espera que hable sobre la elección de Bergoglio. Algunos conceptos que vertirá la titular de Madres pueden anticiparse en un discurso que dio en 2007 cuando reclamó la destitución del entonces jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, quien había llamado a "cicatrizar las heridas" del pasado.
“ Bendini acompaña toda esta basura pidiendo el perdón y el olvido y por eso habría que destituirlo, creo que a la Ministra (Nilda Garré) no le queda otra", dijo Bonafini en un comunicado donde agregó " El fascismo ataca desde Macri, Bergoglio y Bendini", así tituló su escrito donde las Madres " repudian las palabras del cardenal Bergoglio durante su homilía del sábado pasado".
Durante su mensaje de Corpus Christi en 2007, Bergoglio había dicho que algunos "maldicen el pasado para sacar ventaja en el presente o en el futuro", lo que fue duramente criticado también por el gobierno y ahondó más las diferencias con el matrimonio Kirchner.
“La basura va junta, Macri, Bendini y Bergoglio. Son de la misma raza y de la misma ralea. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura. Son la dictadura misma", añadió Bonafini por entonces.
" Ni la Iglesia, ni la Justicia condenaron a ninguno de los Obispos por lo que hicieron. Ni a los que bendecían cuando tiraban a nuestros hijos vivos al río, ni a los que les pegaban cuando los estaban torturando. No olvidamos que les decían 'siete horas de de tortura no es pecado' cuando estaban estaqueados", señaló el comunicado de Madres de Plaza de Mayo.
"Ahora dicen 'basta, termínenla' porque necesitan que se olvide. Pero no se puede borrar. Los obispos tenían sueldos de los jueces de instrucción. Los sacerdotes estaban a cargo de la Policía y algunos de ellos, además, tenían armas", prosiguió Bonafini.
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Finalmente resaltó que "los curas comprometidos con la causa de su pueblo fueron asesinados, los Palotinos, Mujica y los 125 curas desaparecidos".
Hebe y Pérez Esquivel vienen de un cruce por la marcha del 8N. El premio nobel dijo en noviembre pasado que “la mayoría de las personas que se manifestó la semana pasada expresó `broncas´ contra el `grave´ estilo del Gobierno”.
“ Yo no estoy de acuerdo en lo que dice Estela de Carlotto ni Hebe de Bonafini porque son aliados del Gobierno. Entonces, todo lo que hace el Gobierno está bien y todo lo que hacen quienes son críticos del Gobierno está mal. Y ésta es la política del Gobierno. Por ahí, las cosas no se construyen”, fustigó Pérez Esquivel.
Hebe de Bonafini había dicho: “ Nos dan asco los que marcharon”.
Por otro lado, sobre la relación entre los Kirchner y Bergoglio, es interesante el texto publicado este jueves 14/03 en el diario Clarín por Julio Bárbaro ex funcionario kirchnerista que dice haber intentado acercalos:
Mi historia con el cardenal Bergoglio tuvo sus altibajos. En algún momento tomé distancia por mi amistad con otro sector de la Compañía de Jesús a la que él pertenecía. Pasó el tiempo y de pronto recibí una carta escrita a mano, de dos carillas, con una letra meticulosa y ordenada, donde el cardenal me felicitaba por un escrito que me habían publicado.
No sé si debo o no mostrar esa carta. Me siento orgulloso de ella, pero por encima de lo personal, cuando nos encontramos para agradecerle sus conceptos me asombró la paz que el cardenal expresaba en el diálogo, la humildad y la profundidad de su mirada. Aquella carta personal es del 2007. Me volvió a regalar otra en el 2011. Son pensamientos que movilizan. No es común en el presente recibir un escrito con esa densidad espiritual. Hablar con él es como transitar un rato por fuera de la realidad.
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Un gran amigo empresario, de esos que no se caracterizan por su fe religiosa, me invitó a cenar una noche después de conocerlo y marcaba lo mismo: ese clima forjado por su mera presencia, esa sensación de estar frente a una persona distinta, ese misterio que denota la fe cuando define a una persona.
Encontrarse con el cardenal Jorge Bergoglio era fácil. La humildad que lo rodeaba, la soledad en esa cercanía al ruido de la Plaza de Mayo, el silencio, esa fuerza de los que se sienten marcados por la fe. Si hay algo que me llamó siempre la atención fue la forma en que fue creciendo con los años, como si el esfuerzo en elegir el camino de la virtud tuviera resultados que se podían percibir para los demás. Era hablar con un ser diferente, con alguien que camina por otros senderos de la vida, con aquel que al elegir la santidad fue logrando definirla en su propia presencia.
Me siento un creyente y estoy muy lejos de ser un católico practicante. Alguna vez charlé con él sobre la distancia que los divorciados manteníamos con la Iglesia. Cuando subió al gobierno Néstor Kirchner me convocó con la intención de generar un acercamiento. Fue uno de mis tantos fracasos políticos: a mi amigo Néstor no lo conmovía demasiado la espiritualidad. Fueron dos encuentros largos con el cardenal: el primero para intentar el acercamiento; el segundo, como respuesta de mi fracaso. Recuerdo que hablamos de lecturas y caminos, de diálogos y confrontaciones. Siempre se imponía en él la mirada comprensiva, esa manera de poder observar desde otro lugar, no superior sino tan sólo más sabio, más comprensivo, sabiendo ubicarse en el lugar del otro y comprender. Y perdonar, siempre perdonar.
Por encima del absurdo debate entre creyentes y ateos queda claro que hay personas que se alejan de las ambiciones y los rencores.
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Siento que tengo un amigo Papa, que es de San Lorenzo y peronista como yo, que eligió el camino de crecer hacia adentro y que sin duda lo logró. Tanto lo logró que además de asombrarme a mí y hasta a mi amigo empresario y ateo, logró deslumbrar al mundo. Cuando escuché su nombre me largué a llorar como un chico, y sentí que hace días esta idea me daba vueltas por la cabeza. Yo pensaba que si elegían a uno que creía en serio, le podía tocar a él. Estoy convencido de la importancia de la fe en la vida. A veces recuerdo las palabras de mi amigo el padre Carlos Mugica: “Lo importante no es discutir si existe o no existe el cielo, lo importante es que debemos terminar con este infierno”.
Soy un creyente que admira el camino que Jorge Bergoglio transitó en su vida, y no tengo la menor duda de que su magisterio va a implicar un fortalecimiento de la Iglesia y de la fe. Y me emociona sentir que el Papa es mi amigo.