por RICARDO MOLINA
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Energía & Negocios). La crisis energética que desde hace muchos años padecemos se evidencia a través de múltiples manifestaciones: pérdida del autoabastecimiento; el agotamiento de nuestras reservas hidrocarburíferas; tarifas congeladas, subsidios crecientes e incremento de cargos impositivos; la inexistencia de sólidas reglas de juego para una actividad que, por su propia naturaleza, requiere una visión de largo plazo; desaparición de los entes reguladores; y otras. En esta ocasión, aplicaremos la lupa sobre el parque argentino de generación eléctrica para descubrir sus más preocupantes vulnerabilidades y estimaremos la disponibilidad real de potencia instalada.
La matriz de generación
Cuando comparamos la matriz de generación actual respecto de la recibida por la Administración Kirchner en el 2003 descubrimos una gran paradoja: la generación térmica, en base a combustibles fósiles y cuyas importaciones crecen año tras año, incrementó su participación relativa frente a los otros tipos de generación; y la hidráulica, en base a un recurso renovable, decreció.
En efecto, la participación de la generación térmica en la potencia instalada nominal, según datos de octubre de este año, representa el 61% del total (64% en términos de energía generada), mientras que en diciembre 2003, la generación térmica alcanzaba al 56%. Analizando la composición de la generación térmica por tipo de central, queda claro que durante este decenio se ha incorporado,proporcionalmente, más potencia en equipos menos eficientes y más contaminantes (Turbo Gas y Diesel, incluyendo un Parque Móvil ¿?) que los más eficientes ciclos combinados que dominaron las expansiones del decenio anterior.
La generación hidráulica tuvo un incremento de casi el 17% (volveré sobre este punto), pero perdió importancia relativa dentro de la matriz global: la participación del 40% al comienzo de la Administración se redujo al 36%.
La incorporación de energía solar y eólica, por ahora es muy poco significativa.
Por supuesto que esta composición de la matriz de generación tiene un impacto directo en la canasta de consumo de combustibles. En diciembre del 2003, el consumo de gas natural (100% de producción local) alcanzaba el 98%, mientras que el fuel oil y el carbón se repartían por mitades el saldo restante. A fines del 2011, la proporción de gas natural consumido se redujo al 69% (en noviembre de 2012, la mitad del gas consumido tuvo origen en las importaciones desde Bolivia y en las de LNG), el fuel oil aumentó al 16% y el gas oil al 11%.
Así como la calidad de las incorporaciones de potencia han elevado las vulnerabilidades del sistema, su cantidad también. Ello surge claramente al comparar con lo ocurrido en el decenio anterior (2002/1993). Durante este último período, la potencia instalada total creció casi un 60%, con un fuerte acento en los ciclos combinados y en la energía hidráulica. En el actual decenio, el crecimiento apenas superó el 30%. O sea, la mitad. Si vinculamos este dato con fuerte crecimiento de la demanda, se advierte el porqué de las carencias energéticas.
Por último, otro dato que evidencia la baja calidad de la matriz energética y su insuficiente cantidad, se aprecia cuando establecemos la relación entre las Demandas Máximas Brutas y la Potencia Instalada. El récord de demanda del 2003 alcanzó a 13.749 MW y la potencia instalada era de 23.776 MW, lo que significó una relación del 58%. En febrero se produjo el récord de demanda de este 2012, con 21.949 MW y la potencia instalada a esa fecha era de 31.067 MW, con una relación del 71%. En otras palabras, en el 2003 el sistema tenía un 42% de reserva en el momento de mayor demanda. En el 2012, sólo quedaba un 29%.
ENARSA y la crisis energética
Para acallar los reclamos por falta de suministro de energía y también de transporte en muchas localidades del interior del país, en el 2007 la Administración Kirchner le encargó a ENARSA la puesta en marcha de un plan para disimular los inconvenientes derivados de la crisis energética. Una de las respuestas fue el Programa de Generación Distribuida. Se trata de un plan para instalar grupos generadores transportables de baja potencia, ya sea mediante motores alternativos o turbinas a gasque pueden utilizar combustible líquido o gas natural, en forma indistinta. La propia ENARSA en su página oficial confiesa la precariedad de la solución: “No existe en el mercado otro tipo de equipamiento que pueda ser puesto en operación en forma inmediata, por lo que ENARSA decidió recurrir a esta alternativa de Generación Distribuida en forma transitoria, hasta que máquinas de gran potencia y mayor eficiencia estén en condiciones operativas.”
Desde el 2008 y hasta el presente se han habilitado 68 proyectos en otras tantas localidades del país que totalizan una potencia instalada de casi 1.100 MW. El equipamiento más importante se instaló en Bragado, Provincia de Buenos Aires, con una potencia instalada de 49.8 MW y el más pequeño en Palmar Largo, Provincia de Formosa, con una potencia instalada de 3 MW.
Adicionalmente a este despliegue de pequeños generadores fijos por todo el país, en el cómputo oficial de la Potencia Instalada Total, se registran 220 MW de generadores móviles alimentados con Diesel Oil.
Queda absolutamente claro que estos 1.300 MW y los que en el futuro se agreguen a esta lista, no pueden computarse como parte de la base confiable de abastecimiento energético del país, dada la precariedad que la propia empresa gubernamental reconoce.
Cuestiones técnicas
Existen un par de cuestiones técnicas que, por su envergadura, aportan nuevas vulnerabilidades al sistema al afectar la verdadera disponibilidad de nuestra capacidad de generación.
Según señalan informes técnicos, las veinte turbinas de la Central Hidráulica de Yaciretápresentan graves problemas en sus álabes donde un proceso de desgaste no previsto provoca cavitaciones. Según surge de dichos informes, años de funcionamiento de las turbinas por debajo de las especificaciones de diseño (cota reducida) han originado estas fallas. La severidad de este problema exigirá de costosas reparaciones para una solución definitiva. Mientras tanto, se ha reducido la capacidad de generación al 80% de su capacidad instalada para preservar las turbinas y su funcionamiento.
En los registros oficiales de la Potencia Instalada Nominal se han incorporado 240 Mw en el año 2009 y 520 MW en el 2010 justificados por la elevación de la cota de Yaciretá a los 83 m.s.m. previstos en el diseño original. Ahora, a los efectos de un cómputo más preciso sobre las reales capacidades de abastecimiento esos 760 MW deben ser ajustados hasta que se verifiquen las reparaciones indispensables.
El otro tema relevante es la situación de la generación nuclear.
El año que viene está previsto parar la Central Nuclear de Embalse Río Tercero para realizar reparaciones de fondo que extiendan su vida útil. Esta Central tiene una capacidad instalada de generación de 648 MW.
Según se estima en los organismos pertinentes, la central estará detenida por un período de dos años aunque los trabajos completos demandarán cinco años. En los planes originales de las autoridades energéticas coincidía la salida de servicio de esta central nuclear con el ingreso de Atucha II al sistema, con una capacidad de generación similar. Sin embargo, la entrada en servicio de Atucha II esta demorada y parecería que difícilmente esta nueva central, modelo 1970, pueda cumplir con los nuevos estándares de seguridad que los organismos especializados requieren luego del accidente de Fukushima.
Respecto a Atucha I también existen preocupaciones por la seguridad de alguna de sus instalaciones pero aún no se conocen decisiones al respecto.
Conclusión
Tal como he señalado desde el comienzo de este trabajo, los organismos oficiales informan que la Potencia Instalada Nominal en todo el país alcanza a 31.067 MW, según datos al mes de octubre de 2012.
CAMMESA informa que la Indisponibilidad Térmica Propia Real correspondiente al mismo mes asciende al 30,3%, por lo que habría que deducir 5.700 MW por este concepto para determinar la Potencia Neta.
Los combustibles importados cuyas operaciones no están consolidadas en contratos de largo plazo, también están afectando la confiabilidad de la potencia instalada. Si consideramos que un 20% del suministro de gas boliviano está sujeto a condición de interrumpibilidad (2,7 MMm3/d) y que los embarques de LNG presentan un riesgo similar, habría que ajustar 1.059 MW.
Obviamente la generación precaria aportada por ENARSA no constituye una base sólida para un sistema energético confiable, por lo tanto correspondería poner en riesgo los 1.300 MW contabilizados por ese concepto.
Los problemas con las turbinas de Yaciretá impactan en 760 MW la potencia instalada realmente disponible.
La salida de servicio de Embalse Río Tercero disminuirá la potencia instalada en 648 MW por un período mínimo de dos años.
Por lo tanto, si deducimos los 9.467 MW por los conceptos precedentes, la Potencia Instalada Realmente Disponible alcanza a aproximadamente 21.600 MW. Una cifra muy similar a la demanda máxima que el sistema ha abastecido en este año 2012.
Al igual que en el mercado de hidrocarburos, el sistema de generación eléctrica se ha quedado sin reservas.