Pero esos players sólo iban asociarse si la Argentina podía garantizarles una rentabilidad que el sistema aplicado por el Gobierno no hacía. Ya habían fracasado los planes 'Plus' que, con algunos condicionamientos, buscaba revertir la declinante producción petrolera.
Sin mejores precios, y con el actual esquema de retenciones, la Argentina, en materia hidrocarburifera no tendría un mejor futuro que su complicado presente. Y de eso el Gobierno fue advertido hace muchos años. No prestó atención y prefirió atacar a los mensajeros, a los que tildó de "agoreros".
Pero al Gobierno no le quedó otra opción y comenzó, años después, a volver sobre sus pasos. Se había equivocado. Y al país le salió carísimo.
Finalmente desistió de su caprichosa e inconducente política para el sector. Aumentó los precios del gas a boca de pozo, los llevó de los US$3 por unidad hasta los US$7,5 para tentar a las empresas a aumentar sus esfuerzos exploratorios en una pata muy sensible de la economía argentina. También aumentó el precio del gas destinado al GNC. Si la producción de gas aumenta, no sólo se garantiza el abastecimiento al sector productivo, además se reducirán las importaciones del costoso GNL. Todo esto a mediano plazo.
Y ahora se avanza en la modificación del esquema retenciones a las exportaciones de crudo. Es lo de lo que se oficializó este lunes (7/1) con la publicación en el Boletín Oficial. Allí se explica que ahora el productor recibirá US$70 por barril cuando el valor internacional del mismo supere los US$80. Se toma el valor del WTI, tipo Texas, de referencia en USA. Hasta el momento, si la cotización de ese tipo de crudo superaba los US$60 los petroleros percibían US$42, y si el valor de referencia era inferior a ese número se aplicaba un alícuota del 45%.
“Estaba la necesidad de recuperar los estímulos para la producción en una cuenca netamente exportadora como es la del Golfo San Jorge y ese fue el objetivo compartido que nos guió. Este esquema de trabajo, a diferencia de lo que sucedía con Petróleo Plus, favorece a toda la industria sin distinción. Todos quienes operan en la cuenca, desde la empresa más grande hasta la más chica, se ven favorecidos por este esquema que, además, incorpora un componente de liquidez adicional, ya que la diferencia de precio la empresa la recibe junto con la liquidación de sus exportaciones. Esto, además, hace más eficiente el esquema de pagos y le da previsibilidad al sistema”, se entusiasmó Martín Buzzi, gobernador de Chubut, hogar de la principal cuenca petrolera del país.
El cambio en el esquema exportador fue producto de un acuerdo con la familia Bulgheroni, que a través de las petroleras Bridas y Panamerican Energy, se comprometió a invertir millones de dólares para recuperar la producción petrolera, incluso en asociación con YPF. Claro que necesitaban algo a cambio.
El aumento de precios para el gas y el aumento de la rentabilidad vía baja de las retenciones también apunta a mejorar las condiciones para que Chevron termine de cerrar el acuerdo con YPF. Aunque en esto también juega el embrollo judicial con el embargo solicitado por Ecuador.
El Gobierno comenzó a dar un giro en su política para el sector, acuciado por una factura de importaciones que en 2011 trepó a casi US$10.000 millones, y que en 2012 mermó un poco sólo por los efectos de la desaceleración económica que atenuó la demanda.
El sendero iniciado tardíamente por el Gobierno admite que el problema no se solucionaba simplemente con una expropiación.