La Unión Soviética tuvo un sistema político de partido único dominado por el Partido Comunista hasta 1990, y aunque era una unión federal de 15 repúblicas soviéticas subnacionales, el Estado soviético fue estructurado bajo una administración centralizadas.
La Federación de Fútbol de la Unión Soviética fue el organismo rector del fútbol en la Unión Soviética, desde su creación en 1934 hasta la desaparición de la URSS en 1991, y su mayor éxito fue el desempeño de la selección nacional en la Eurocopa 1960. Su último presidente fue Vyacheslav Koloskov.
El Campeonato Soviético de Fútbol, conocido después de 1970 como Liga Suprema, fue la máxima categoría del fútbol en la Unión Soviética, entre 1936 y la disolución de la Unión en 1991. Durante esos 55 años se disputaron 54 campeonatos anuales dominados por los clubes de Moscú + el FK Dynamo Kyiv.
Exceptuando a las repúblicas de Turkmenistán y Kirguistán, todas las demás tuvieron representación en la máxima categoría soviética en algún momento de su historia. Dynamo Kyiv, FC Dynamo Tbilisi y FC Dynamo Moscú llegaron a finales de competiciones europeas en cuatro ocasiones.
La UEFA considera la Liga Premier de Rusia como el campeonato sucesor de la 1ra. División Soviética.
Pero ahora, madura un gran plan: los grandes clubes de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajstán planifican la formación de una liga transnacional, una "Superliga" entre países que integraron en su día la Unión Soviética.
A partir de reconocer que la estructura actual carece de interés y de competitividad tal que pueda trascender sus territorios, el objetivo es aumentar los ingresos y la atención internacional para fortalecer los equipos y que estos puedan competir con los grandes clubes del oeste.
"Será una de las competiciones más fuertes de Europa. Cualquier futbolista querrá jugar en el torneo", dijo Valery Gazzaev, presidente y entrenador del equipo Alania Valdikavkaz.
Los 2 últimos campeones soviéticos, el Dinamo de Kiev ucraniano (1990) y el CSKA de Moscú ruso (1991) son impulsores principales del nuevo campeonato, que ya tiene un grupo de trabajo liderado por Valery Gazzaev, e incluye a los presidentes del CSKA y del Zenit de San Petersburgo, así como a Suleiman Kerimov, el dueño del Anzhi, club en el que juega el camerunés Samuel Eto'o.
Si todo va bien, la nueva liga podría disputarse en 2014-2015, siguiendo la estela de la recién inaugurada liga de hockey sobre hielo, que reunió a equipos de Rusia, República Checa, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán.
Los equipos de fútbol no desean jugar partidos contra clubes de provincia delante de pocos aficionados en estadios ruinosos. Por eso quieren reunir a las mejores entidades y los mejores estadios, tal como sucede en la liga inglesa o la española o la alemana o la italiana.
La idea está respaldada por el Shakthar Donetsk y el Dinamo de Kiev, que normalmente se disputan entre sí el título ucraniano, y el BATE Borisov, de Bielorrusia.
Los beneficiarios no serían sólo los clubes, sino también sus dueños, importantes millonarios recientes (en la jerga rusa, "oligarcas"): una liga soviética significaría más espectadores y más beneficios por derechos televisivos.
El objetivo final es competir al mismo nivel que los grandes clubes del oeste de Europa como el FC Barcelona, Manchester United, Bayern Múnich o Real Madrid.
El presidente de la Liga rusa, Sergei Prjadkin está convencido de la viabilidad del proyecto, pero no ocurre lo mismo con el presidente de la Federación, Nikolai Tolstykh, quien asegura que si los grandes clubes abandonan la Liga rusa causaría un efecto negativo para el Mundial de Fútbol 2018, que organizará Rusia.
Por lo tanto aún quedan muchas preguntas por resolver: ¿Qué país debería tener más equipos? ¿Cómo se decidirán los ascensos y descensos?
Sin embargo, antes de resolver todos estas cuestiones, falta lo más importante: la aprobación de la Unión Europea del Fútbol Asociado (UEFA). Y es el próximo paso.