ver más
podcast 7_hugo haime-336 cele

Un periodista inglés arma un discurso para Cristina

"La confiscación de petróleo es una respuesta adecuada al capitalismo desenfrenado", escribió Will Hutton en el diario The Observer, de Londres. También columnista de la BBC y vicepresidente de la Work Foundation, elaboró muy interesantes argumentos, planteando un escenario que el Frente para la Victoria tendría que haber aprovechado pero sus contradicciones y limitaciones se lo impiden.

 

por WILL HUTTON
 
LONDRES (The Observer). Suponga Ud. que el gobierno británico supiera que un importante accionista de Centrica, la última compañía importante de energía del Reino Unido y propietaria de British Gas, fuera a vender su participación a Gazprom, haciendo inevitable que la propiedad pase al Estado ruso. Creo que en ese escenario el gobierno ampliaría el dispositivo de la Ley de Empresas (Enterprise Act) que le permite a Gran Bretaña bloquear adquisiciones que van en contra de los intereses nacionales, para incluir el gas y la energía nuclear. (Actualmente, la ley se limita a la defensa, las finanzas y los medios de comunicación.) Estoy casi seguro de que el presidente de Centrica, Sir Roger Carr, también presidente de la CBI (Confederation of British Industry), comparte esta opinión. Ningún país puede ser indiferente a la propiedad de bienes estratégicos y, por lo tanto, al uso que se pueda hacer de ellos. Su primera obligación es con el bienestar de sus ciudadanos.
 
El gobierno argentino enfrentó precisamente ese dilema la semana pasada. YPF es su empresa nacional de petróleo y gas, que el país vendió a la compañía petrolera española Repsol por US$ 15.000 millones en 1999, como parte de su política de privatización. No fue un gran negocio para ninguno de los lados. La producción de petróleo y gas argentina cayó, la exploración de nuevas reservas se interrumpió y ese país rico en petróleo, ahora importa el producto, mientras que Repsol está acusada de saquear la empresa y traicionar a sus obligaciones.
 
La excusa de Repsol es que los controles de precios en la Argentina son absurdamente duros. Repsol quiere vender su participación desde hace algún tiempo, y en julio pasado finalmente encontró un potencial comprador: la petrolera estatal china Sinopec. El lunes (16/04), por temor a que el acuerdo se complete, el gobierno confiscó la parte de las acciones de Repsol, para conseguir su control mayoritario. Es mejor que YPF sea propiedad del gobierno argentino que del Partido Comunista de China, es su razonamiento.
 
Muchos gobiernos habrían hecho lo mismo. La propiedad importa. Pero la Argentina fue completamente condenada –USA, España, México y hasta Gran Bretaña se unieron al coro-. La revista The Economist defendió fuertemente que la travesura de la presidente Kirchner no quede impune, la nacionalización es un pecado más allá de la redención. La inferencia es que Repsol tendría que tener más libertad para disponer de sus acciones para cualquier comprador y al mejor precio que pueda alcanzar. La Argentina y sus ciudadanos no tienen derecho a intervenir.
 
Cristina Kirchner fue, sin duda, muy arrogante y arbitraria. Ella sólo confiscó acciones suficientes de Repsol para garantizar el 51% de control y aún tiene que decir cuánto pagará el Estado por la indemnización; los demás accionistas son observadores infelices, arrancados de su inversión. Existe bastante más que un soplo de populismo descarado en sus actos. Pero retratar a Repsol como un inocente herido cuyos derechos naturales han sido violados injustamente, es distorsionar la realidad económica y política.
 
Durante mucho tiempo las empresas y los ricos de todo el mundo, impulsados por los republicanos de USA y los conservadores británicos, explotaron sin escrúpulos la teoría de que sólo hay una adecuada relación entre ellos y la sociedad cuando ella hace lo que ellos quieren, en sus propios términos. Y la sociedad debe aceptarlo porque es el único camino hacia la "generación de riqueza". El capital existe por encima del Estado y de la sociedad.
 
Los actos de Cristina Kirchner, aunque torpes y parciales en su ejecución, son parte de una creciente reacción mundial a los excesos que acumuló esa teoría. Repsol no tiene ni tenía un derecho dado por Dios para vender el control de YPF a su antojo, mientras que los intereses de la Argentina no importan. Ella existe en una relación simbiótica con la sociedad en la que actúa. El derecho al comercio y a la propiedad son privilegios que vienen con obligaciones recíprocas, como el Comité de Propiedad, que yo presidí, sostuvo a principios de este año. No pueden existir en el vacío, porque los actos de las empresas tienen efectos profundos.
 
Por otra parte, las empresas, especialmente de la energía, necesitan de los organismos públicos para mitigar el riesgo de realizar inversiones importantes en un mundo cuyo futuro es incierto. En todo el mundo, las empresas y los ricos insisten en negar estas verdades básicas. Ahora están sufriendo el torbellino mientras una reacción hostil cobrafuerza en todo el mundo. Los auto intitulados guardianes del capitalismo se han convertido en sus peores enemigos.
 
Es la fuerza impulsora detrás del movimiento Occupy. 
 
Es por eso que el candidato presidencial de la izquierda radical francesa, Jean-Luc Mélenchon, tuvo una campaña tan exitosa. 
 
Y es por eso que muchos gobiernos están coordinando la investigación de Amazon.com, la empresa que paga impuestos insignificantes sobre sus beneficios globales. 
 
Es por eso que el presidente Barack Obama ha adoptado el 'impuesto (Warren) Buffet' sobre millonarios, una parte popular de su campaña para la reelección. Es por eso que George Osborne (ministro de Hacienda de David Cameron) sentía que tenía que equilibrar su riesgosa reducción del rango superior del impuesto a las ganancias a 45%, con una apasionada declaración de guerra a los ricos que huyen de los impuestos.
 
La reacción está muy atrasada y produce algunas correciones hace mucho necesarias. Por ejemplo, sólo en las 2 últimas semanas, Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs; Bob Diamond, de Barclays; y Vikram Pandit, de Citibank, enfrentaron a enojados accionistas, intentando responder al nuevo clima que protesta por la extravagancia de los bonos (de retribución anual a los CEOs), en comparación con el ejercicio insignificante de sus instituciones. Ellos (los accionistas) se ven obligados a aceptar menos. La proporcionalidad en esos honorarios enormes empieza a instalarse, aunque todavía esté muy lejos de su curso.
 
Pero el tiempo tiene que ser canalizado. La Argentina pudo haber prestado un servicio a todo el mundo al recordar forzosamente a las compañías globales que hay consecuencias desagradables por dejar de lado las responsabilidades económicas y sociales, pero la nacionalización sin compensación difícilmente sea un modelo sólido para el futuro. Es un precursor de la arbitrariedad al estilo chino; un alejamiento del 'capitalismo amigo' para el 'estatismo amigo'. Es el momento de reafirmar que, aunque el capitalismo puede ser un camino comprobado hacia la prosperidad, sólo funciona en una interdependencia compleja con el Estado y la sociedad. Debe haber reglas en casa y en el extranjero para crear un mundo deseable de apertura de las fronteras, libre comercio y libre funcionamiento de las empresas. Los impuestos deben ser pagados, no evadidos. El pago debe ser proporcional a la contribución. El líder laborista Ed Miliband ha sido universalmente criticado como un izquierdista inocente hace apenas 7 meses atrás, cuando diferenció el capitalismo bueno y capitalismo malo: hoy parece extraordinariamente clarividente.
 
Si otros miembros de su partido, especialmente el gabinete paralelo, se unieran a la causa, existiría una oportunidad política fenomenal. El clima está cambiando. Debe ser canalizado: la creación de un pacto nuevo y diferente con las empresas, las finanzas y los ricos. Eso es lo que los lectores de todo el mundo quieren ver. La presidente Kirchner, a su manera torpe, entró en el clima global.

Más Leídas

Seguí Leyendo