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Especial de Berlin 1936: La increible historia de Woodruff y un documento sobre la 1ra. derrota de Hitler

Berlín 1936 regresa a escena por la muerte de John Woodruff y permite recuperar algunas escenas inolvidables.


CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La intención de Adolf Hitler fue convertir los Juegos de Berlín en el gran marketing del 3er. Reich. Se trataba, por un lado, de dar una imagen de orden y potencia, a la vez que presentar al régimen nazi con una autosuficiencia tranquilizadora. En suma, los Juegos se iban a convertir en un impresionante instrumento de propaganda política.
Hitler no reparó en gastos, cuidando hasta los más mínimos detalles.
Su política antisemita motivó algunos intentos de boicot, incluso del Comité Olímpico estadounidense, que estuvo a punto de faltar a la cita, pero su presidente, Avery Brundage, convenció a sus compatriotas para participar apoyándose de forma ingenua en las promesas que recibió durante su viaje a Alemania en 1934 de que no habría discriminación a los judíos.
Al aproximarse los Juegos, Brundage tuvo que admitir la posibilidad de haber sido engañado pero no renunció a participar. Concretamente, ningún país boicoteó los Juegos en protesta por la actitud racista del régimen nazi.
Las competiciones ocurrieron en el Campo de Deportes del Reich, donde se construyeron unas magníficas instalaciones que ocupaban 12 hectáreas. El núcleo central era el impresionante estadio con capacidad para 100.000 espectadores.
Entre las innovaciones que se introdujeron en aquella Olimpiada debe anotarse el relevo de la antorcha olímpica, una idea de Carl Diem, secretario del Comité Organizador: intervinieron 3.000 personas que iban relevándose entre sí, para trasladar la llama olímpica desde Olimpia hasta Berlín.
También deberá recordarse porque 2 deportes hicieron su debut oficial: basquetball y canotaje.
En Berlín estuvo presente James Naismith, inventor del basquetball. Y Spiridon Louis, ganador de la 1ra. maraton olímpica, quien entregó a Hitler una rama de olivo como símbolo de la paz.
El estadounidense afroamericano Jesse Owens fue el héroe de los Juegos, porque asestó un durísimo golpe a las teorías de la supremacía aria: ganó las carreras de 100 y 200 metros, el relevo 4 x 100, y el salto en largo, competencia en la que le ganó a su gran rival alemán Luz Long.
Pese a las diferencias políticas de sus países, Owens y Long establecieron una estrecha amistad. El alemán murió el 14 de julio de 1943 durante la batalla de San Pietro. Owens mantuvo relación por carta con el hijo de Long durante toda su vida.
En Berlín 1936 ganaron varios atletas afroamericanos, además de Owens: Archie Williams en 400 metros, John Woodruff en 800 metros y Cornelius Johnson en salto de altura, por lo que iniciaron una campaña de propaganda, calificando a estos atletas de "auxiliares negros".
Toda historia ahora regresa por la muerte de John Woodruff, último superviviente de los 12 atletas estadounidenses que se proclamaron campeones olímpicos en los Juegos de Berlín 1936.
Woodruff falleció en Fountain Hills (Arizona) a los 92 años, según informó su viuda.
Woodruff había nacido el 5 de julio de 1915 en Fountain Hills (Arizona) y estudió en la Universidad de Pittsburgh.
En los Juegos Olímpicos de 1936 logró la medalla de oro en la carrera de 800 metros.
Llegó a mantener el record nacional en 1:48:06 durante 12 años hasta que llegó la 2da. Guerra Mundial.
Terminó su carrera militar como teniente coronel.
Woodruff tenía 21 años cuando logró la medalla de oro en la prueba de 800 metros para unir así su nombre al del legendario Jesse Owens, ganador de 4 medallas de oro en la misma cita, en una defensa orgullosa de la raza negra ante los atónitos ojos de Adolf Hitler, quien quería aprovechar el éxito deportivo de Alemania para ensalzar la superioridad de los arios.
Según la información publicada por el periódico The New York Times, que cita a la viuda, Ruth Woodruff, de 37 años, el ex atleta murió a consecuencia de problemas cardíacas y de una insuficiencia renal crónica. Años atrás, ya había sufrido la amputación de las 2 piernas debido a transtornos en la circulación de la sangre.
Woodruff, apodado 'Long John' por su larguísima zancada, vivió el momento estelar de su carrera el 4 de agosto de 1936, cuando ganó de forma sorprendente la carrera de 800 metros de los Juegos de Berlín.
Su bisoñez le llevó a quedar encerrado en las calles interiores por los atletas de mayor experiencia, como el canadiense Phil Edwards o el italiano Mario Lanzi, así que, en el 3er. hectómetro, tomó la arriesgada decisión de frenarse e incluso detenerse.
La táctica de ese espigado chico de Pennsylvania fue sorprendentemente radical, pero de esta manera pudo maniobrar desde entonces a su antojo.
Con una tremenda zancada fue adelantando rivales y se impuso en la meta con un tiempo de 1:52.09, 11 segundos más que la actual plusmarca de Wilson Kipketer. Pero el de Woodruff fue el esprint más explosivo de la historia y se proclamó campeón olímpico.
Unos meses más tarde firmó su mejor marca 1:48.06, récord de USA durante los siguientes 12 años. Tras colgar las zapatillas, sirvió en la 2da. Guerra Mundial y en la Guerra de Corea. Terminó la carrera militar como teniente coronel.
Los alemanes tuvieron pocos éxitos en el atletismo de Berlín 1935 pero obtuvieron buenos resultados en otras competencias, pero lo que realmente les falló fue su marketing, imponiéndose el de USA.
Nunca el gran público se enteró, por ejemplo, que Hans Woelke ganó el oro en el lanzamiento de bala, que Karl Hein venció en martillo, y Gerhard Stock en jabalina, rompiendo la racha de seis triunfos consecutivos de atletas escandinavos.
Las atletas alemanas ganaron en disco y martillo, y no lograron un 3er. oro en relevos al caerse el testigo en el último relevo.
En remo los alemanes lograron 5 oros en 7 pruebas.
Básicamente, los nazis fracasaron en la comunicación de Berlín 1936, porque éxitos deportivos no les faltaron, y fue un anticipo de sus muchos errores que provocaron el desastre para la Humanidad que comenzó 3 años después.
Ni siquiera aprovecharon que los Juegos de Berlín estuvieron magníficamente organizados, aunque políticamente fueran controvertidos.
Leni Riefenstahl filmó el notable documental Olympia. Con sus asombrosos planos de las pruebas, de los jerarcas nazis, y del público consiguió una obra maestra de la cinematografía.
La historia más fascinante, con todo, fue la del ganador de la maraton. El japonés Kitei Son era de Corea, país que desde 1936, estaba ocupado por los japoneses. Para competir en Berlín tuvo que representar a Japón y además cambiar su nombre real que era Sohn Kee-Chung.
Tras volver a Corea como triunfador, fue aclamado como un héroe nacional. Un periódico publicó su foto sin que apareciese la bandera japonesa en la camiseta, lo que provocó la ira de las autoridades niponas que reaccionaron enviando a prisión a 8 periodistas y suspendiendo la publicación durante 9 meses.
Sohn Kee-Chung hizo en los Juegos de Seúl 1988 el último relevo de la antorcha olímpica, ante la emoción de sus compatriotas.

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