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De Kirchner a Kirchner: De la hegemonía a la precariedad

Los Kirchner podrán aliviar Ganancias para los asalariados, elevar el salario familiar, ampliar temporariamente la cobertura de las jubilaciones y otros falsos distribucionismos, pero Cristina no enamora. Ella es el producto de la ausencia de proyectos de poder alternativos (y quien podría liderar uno, parece que prefiere recluirse en la Ciudad a resistir el cerco de los Kirchner). La revista EDICIÓN i lo expresó así:

CIUDAD DE BUENOS AIRES (EDICIÓN i). La palabra de moda es 'incertidumbre'. El futuro político-económico provoca temor, obliga a buscar cobertura, ahuyenta negocios y hasta acumula especulaciones donde reaparecen otras palabras que parecían sepultadas en el vocabulario político argentino. Por ejemplo, 'acefalía'. El final de Néstor Kirchner carece del brillo y la autoridad que él buscó.
DOS MODELOS AGOTADOS
 
 De pronto, el escenario ha cambiado. ¿Fue por la política o por la economía? Algunos especulan acerca del agotamiento del modelo político; otros afirman que es la economía posConvertibilidad la que padece la asfixia. Es curioso: ninguno de los dos ni el armazón político ni el económico- fue modificado en su estructura desde la ruptura institucional de 2001. La reforma política ha permanecido pendiente, y la búsqueda de productividad y competitividad en la economía fue considerada anti-progresista, decadente y noventista.
 
 El Presidente confía en que podrá insuflarle vitalidad a la política cuando, desde afuera de la Presidencia de la Nación, trabaje en la articulación de ese movimiento, como si no lo hubiese intentado durante los últimos cuatro años.
 
 En verdad, Néstor Kirchner ha fracaso en esa tarea que, inicialmente, se llamó ‘Transversalidad’ y hoy día fue bautizada ‘Concertación Plural’; el Presidente solamente logró alquilar las estructuras tradicionales del Partido Justicialista y una porción de la Unión Cívica Radical, les sumó prebendarias columnas ‘piqueteras’ y algunos militantes de derechos humanos decididos a iniciarse en la prostitución clientelística que reprocharían sus muertos en los ‘70.
 
 No hay misterio en la saturación que provoca el Frente para la Victoria en el poder, incapaz de imaginar una agenda que contenga a la población que rechaza el pago en demagogia populista.
 
 ¿Por qué duraría 16 años más en la Nación –el remanido proyecto presidencial 4 x 4 que se le atribuye a los Kirchner- aquello que acaba de explotar en Santa Cruz, la provincia que impulsó al Presidente, quien tiene prohibida la visita a la ciudad donde nació, Río Gallegos?
 
 En cuanto al denominado ‘modelo económico’, tampoco resulta sorprendente su horizonte de decrecimiento del nivel de actividad y crecimiento, en parte por una crisis en la estructura de precios relativos y, a la vez, por un fracaso en la teoría de que la inversión pública podría reemplazar a la inversión privada a la hora de colmar las necesidades de inversión directa que tiene la economía argentina.
 
 El llamado ‘modelo económico’ se circunscribió a un tipo de cambio sobrevaluado que, por la aplicación de derechos de exportación al campo y al petróleo, recauda dinero no coparticipable que asigna la Nación. Las angustias periódicas del tal ‘modelo’ se suceden por su incapacidad para competir si no es apelando a subvaluar más la moneda doméstica, y por no lograr resolver el creciente y costoso déficit cuasifiscal que le provoca al Banco Central la emisión de pesos para mantener ‘inflado’ el precio del dólar.
 
 Cuando Néstor Kirchner llegó a la Presidencia de la Nación, en mayo de 2003, ya existían advertencias para que el ‘modelo’ no se circunscribiera a la sumatoria de salarios deprimidos, con una transferencia de riqueza no a favor de las empresas sino del Estado, situación que le permitía al Presidente contratar los favores políticos necesarios para asegurar su estabilidad.
 Kirchner decidió desoir las advertencias y profundizar en ese comportamiento, afirmando que la economía debía subordinarse a la política, y la política era él.
 
 CUANDO SE DICE ‘BASTA’
 
 Poco importa si el dólar escala a $ 3,20 porque las empresas modifican sus portafolios, prescindiendo de bonos públicos en pesos para atesorar activos dolarizados o dólares; o porque es el nuevo ministro de Economía, Jorge Peirano, quien promueve ese comportamiento. En cualquier caso, acelerará la tasa de inflación, que es el verdadero factor de desequilibrio social e institucional que ha puesto a funcionar Néstor Kirchner con su zonzera de que la economía debe subordinarse a la política.
 
 La economía es una ciencia social que trata acerca de la administración de los recursos, que siempre son escasos respecto de las demandas. La política, en la Argentina sin transparencia en los padrones de los partidos políticos y sin una verdadera democracia interna en esas estructuras, no alcanza a la categoría de ciencia.
 
 El error de apreciación ha sido bastante habitual en la historia argentina contemporánea. Esto explica porqué los gobernantes especulaban con los beneficios de "una inflación controlada", desconociendo que la recurrente variación de los precios obliga a la opinión pública a una exacerbación de su puja por participar de la mejor manera posible en el ingreso, y castiga a quienes carecen de las herramientas más poderosas para conservar o incrementar su cuota de riqueza.
 
 Tanto Roberto Lavagna como Néstor Kirchner consideraron que el equilibrio de precios alcanzado durante los años ’90 era una cuestión baladí y no una virtud. En vez de corregir lo que debía ajustarse –por ejemplo, desvincular las tarifas locales de la inflación estadounidense-, decidieron practicar una congelación tarifaria que no contempló –con la excepción de los ‘amigos’- los mayores costos desde que ocurrió la devaluación del peso, sin comprender que estaban provocando una desinversión permanente en las infraestructuras imprescindibles para mantener la tasa de expansión de la economía que buscaban.
 
 Ningún empresario en el mundo utilizará dinero ganado en ejercicios contables pasados para financiar inversiones futuras. Suponer eso es desconocer la esencia del capitalismo y que un gobernante lo crea obliga a sospechar que es un estúpido o una persona que actúa de mala fe.
 
 "Ganaron más que suficiente durante los últimos años, ahora es tiempo que hagan su sacrificio", resultó una frase inverosímil en boca del Presidente. Al cierre de cada ejercicio, las empresas distribuyen sus utilidades entre sus accionistas, o sea que no es dinero que queda en las empresas; y toda inversión a futuro se financiará con deuda (con proveedores y con inversionistas) y con ingresos genuinos. Si los ingresos merman porque hay una decisión política de congelación de tarifas, se sabe que no habrá cómo afrontar la nueva deuda, y por lo tanto no se invertirá.
 
 Resulta tan sencillo que no se entiende cómo Kirchner permaneció tanto tiempo en una ficción, desaprovechando tiempo para impedir la crisis energética –que es una situación provocada por la escasez de inversión en petróleo, gas y electricidad-. Así, Néstor Kirchner le deja a su mujer Cristina, quien ha llegado a ser presidenciable por capricho de su esposo, una herencia que resulta previsiblemente pesada, y que resulta obvio que ella no se encuentra capacitada para sobrellevar.
 
 LOS MERCADOS
 
 Quienes analizan el presente y futuro en base a los datos que surgen de lo cotidiano, comienzan a tomar sus recaudos. Esto es lo que provoca la venta de títulos públicos en pesos para posicionarse en activos en dólares, que es la demostración de que el mercado reconoce que hay incertidumbre.
 
 Los Kirchner creyeron que no habría incertidumbre por el simple acontecimiento de informar que las encuestas afirman que Cristina de Kirchner será Presidente ganando a una desarticulada masa de falsos líderes opositores.
 
 Los Kirchner no entienden que, para los agentes económicos, la incertidumbre no se encuentra en quién gana los comicios sino en cómo podrá afrontarse el difícil año 2008, cuando hay tantos ajustes pendientes, con consecuencias difíciles de anticipar para la sociedad, para la política y para el funcionamiento de las instituciones.
 
 La primera vez que fue explicitado que los Kirchner y los agentes económicos comienzan a balbucear lenguajes diferentes fue el martes 24, cuando el dólar estadounidense cerró en las pizarras de la City a $ 3,13 para la compra y $ 3,17 para la venta, con un Banco Central relativamente nervioso cuando el dólar mayorista llegó a $ 3,18.
 
 No es una tendencia, apenas fue una escaramuza. Pero en un escenario político-económico de hegemonía de los Kirchner, tal como ocurrió entre 2003 y 2006, y con un Banco Central que afirma tener reservas internacionales por US$ 42.000 millones, no hay resquicio para la escaramuza.
 
 Los operadores del mercado coincidieron en que la demanda de dólares fue para abandonar posiciones de activos en pesos, tales como los bonos soberanos, en un escenario de restricciones normativas ordenadas por el Banco Central y de menores liquidaciones de divisas de los exportadores por cese de la temporada (que se reiniciará en octubre con la cosecha fina).
 
 Sin embargo, la economía tiene otros problemas que van más allá de la estricta oferta/demanda de dólares estadounidenses.
 
 Por ejemplo, Kirchner aumentó 45% el gasto público en apenas un año, lo que obliga a sospechar que hay un desborde -cuando no un derroche- de egresos fiscales, que devoran los superávits que consigue la Administración Federal de Ingresos Públicos, repartición que ha encontrado en la ANSeS un enemigo de fuste por la irresponsabilidad con que ha acumulado deuda provisional futura del Tesoro.
 
 El superávit primario resultó en junio mucho menor que lo esperado y hay quienes se anticipan en el mercado previendo que volverá a ocurrir al menos hasta los comicios de octubre.
 
 En junio, ocurrieron sobregastos por la compra de fueloil derivada de la crisis energética y los desembolsos para sostener las obras en las centrales eléctricas, devorando el superávit que en junio llegó a los $ 2.302,2 millones, sólo 2,6% más que el mismo mes del año pasado, cuando había sido de $ 2.243,2 millones, inferior al que esperaban los analistas privados.
 

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