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Gloria y deshonra del Reality Show: La falta de ideas provoca una TV repetida

Prender el televisor hoy en día podría ser considerado casi como un autoflagelo. La nueva oleada de los 'reality shows', con Marcelo Tinelli y Gran Hermano como principales expositores del género, hace pensar que las ideas en la televisión están en vías de extinción (si no extintas). Aparentemente, la siembra de reality shows realizada a partir del nuevo milenio, sigue dando sus frutos y el ciclo, como siempre, vuelve a repetirse.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - La llegada del nuevo milenio trajo a la televisión un nuevo formato de programa que hasta ese momento había sido poco explorada: el reality show o la posibilidad de que el espectador fuera el verdadero protagonista.
El desgaste de un modelo que endiosa a las figuras del espectáculo, volviéndolas inalcanzables, y la proyección de fama, poder y dinero que brota de una falsa imagen del mundo de la televisión, empujaron a millones de personas alrededor de todo el mundo a querer ser parte del fenómeno, no ya como simples espectadores, sino como figuras centrales.
Así, con que solo apareciera un productor con un negocio (porque que el espectador sea el protagonista no es más que la reducción en el costo que trae la aparición de grandes figuras con grandes cachets) se hizo la luz y los canales de televisión empezaron a invertir en cámaras robotizadas y grandes estudios de última generación.
Haciendo memoria, se vislumbra a los televidentes, ávidos de fama, dinero y esa falsa promesa de la televisión, que hicieron de todo, pero realmente de todo. Una persona sentada en el living de su casa podía pasar, cambiando de canal, de una disertación sobre el sexo oral a cargo de la profesora Tamara Paganini y al segundo  encontrarse con el bonachón de Julián Weich pidiendole a los participantes de Expedición Robinson que dijeran a cara descubierta por qué querían que tal o cual dejara la isla.
En forma de juego en el que todos estaban contra todos y simulaban una amistad casi guionada por edición minuto a minuto, la gente de El Bar, de Pergolini, mostraba por primera vez relaciones sexuales entre participantes y ya explotando la veta sexual (siempre rendidora a la hora de medir el rating), Leo Montero mostraba en Confianza Ciega como un grupo de parejas se torturaba con imágenes tendenciosas de infidelidad.
La mutación de los realitys no terminó en el tema sexual. Si bien cada programa empezó a buscar de manera morbosa el coito entre los jugadores (hasta en Expedición Robinson buscaron el tema con la famosa pregunta: "¿hubo sexo en la isla?"), las degeneraciones llevaron a otras aberraciones inexplicables.
De pronto una serie de programas de la tarde, que hablaban sobre los programas de los horarios centrales, que a su vez hablaban de los reality shows, comenzaron a florecer peleando por las pocas migajas de rating que quedaban (sí, todavía había gente lo suficientemente aburrida como para sentarse frente al televisor a ver como un ignoto panelista opinaba sobre las preferencias sexuales de Marcelo Coraza, ganador de la primera edición de Gran Hermano).
De esta manera florecieron a la hora de la siesta, de la mano de Jorge Rial, Marcelo Polino, Susana Rocasalvo y Carlos Monti, personajes funestos como Guido Süller, su novio y su hermana Silvia, Oggi Junco, el esposo de Adriana Aguirre, el amante de Guido Süller, todos participando de un espectáculo tan vomitivo como desopilante autodenominado reality reality. Ya un engendro sin pies ni cabeza, desde luego.
Este tipo de programas basura resultaron en una nueva generación de programas de espectáculo que aprendieron de los libretos de Mauro Viale, la falsa Momia de Titanes en el ring, Natalia Denegri y el escándalo del jarrón y Cóppola.
Cuando la situación no dió para más, el rating, dictador de la televisión, dió de baja a los programas con recursos más débiles y la tarde volvió a presentar telenovelas al estilo tradional.
Sin embargo, cuando las ideas faltan... faltan... y el recuerdo del negocio fabuloso que generaron los reality Shows volvieron a la cabeza de los productores cuando los televidentes aún no se habían recuperado del embate de falsa realidad que les presentó la televisión.
Cuando Susana Giménez por el momento se encuentra retirada de la televisión (Susana supo explotar bien a chicos cantores), sólo queda Tinelli para compensar su falta de ideas en Showmatch con la participación del público, que hace cualquier cosa con tal de tener sus 15 minutos de fama. Habría que preguntarse qué es lo que está pensando esa gente, que piensa que se va a volver una estrella por bajarse los pantalones delante de millones de telespectadores o por masticar vidrio mientras un grupo de reidores que no sirven más que para eso se desahen en gastadas creyéndose tan vivos.
Pero Tinelli no se queda sólo en el público y hace un mix con gente del mundo de la farándula (de ese mundo, lo que no implica que sean gente con talento o artistas reconocidos, si no, Nina Peloso...). De esta forma, no sólo el público se desvive por aparecer en el show, sino que actores, bailarinas y demás venidos a menos también hacen fila para ayudar a los "soñadores".
Bailando, cantando, patinando, pintando, resbalando o lo que sea, pero por un sueño, un grupúsculo de "soñadores" se alía con miles de personas pagan vía celular y una pseudo estrella para lograr construirle un cuartito al hermano o comprar un pasaje en avión. Los sueños no sólo generan ganancias sino que además salen muy baratos.
Habría que pensar en esto, en este problema de valores perdidos y gente estrellada (y no estrella). Tan estrellada como los nuevos participantes de Gran Hermano, que nuevamente prefieren matarse en público soñando ser como Gastón Trezeguet o Silvina Luna sin más proyecciones a futuro que el flash de un paparazzi en la cara o las luces de los reflectores de un estudio de televisión.

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