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Preocupado, el Gobierno reordena su estrategia para las paritarias

Hugo Moyano le dijo a Alberto Fernández, con cierta desesperación, que no puede imponer en la CGT los topes salariales prefijados que pretendía el Gobierno Nacional. Fernández prepara el plan B: que sea el Ministerio de Trabajo, que luego debe homologar los acuerdos paritarios, quien entienda en los casos de 'exceso' respecto de las expectativas gubernamentales. En parte, esta opción ya aparece en la nota de EDICIÓN i esta semana sobre salarios.

Mediático, el gobierno de Néstor Kirchner decidió ocultar con su proyecto de reforma previsional que permite la opción de regresar al sistema estatal de reparto, abandonando el sistema privado de capitalización de las AFJP y limitar las comisiones cobradas por las administradoras, la sucesión de reveses que sufre en la cuestión salarial.
Kirchner esperaba que el sindicalista camionero y secretario general de la CGT, Hugo Moyano, repitiera lo ocurrido en el año 2006, cuando se estableció un tope a la negociación salarial, en función de las necesidades del Gobierno en materia antiinflacionaria.
Tal como lo afirma la revista EDICIÓN i esta semana, el Gobierno Nacional no puede enojarse con Moyano por el fracaso: la falta de credibilidad en los índices de precios que tabula el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos es la llave de la oposición interna en la CGT al reclamo de Moyano-Kirchner.
Moyano intentó, a través de su 'satélite' más cercano, el taxista Omar Viviani (quien ya aburre con su ambición de que Kirchner lo haga diputado nacional), conciliar posiciones con los sindicalistas, pero a Viviani todo le salió mal. Ni siquiera pudo concretar el asado multisectorial que planificó en Mar del Plata para sentar a todos los 'disidentes'.
Entonces, Moyano tuvo que cambiar la estrategia y luego de haber reclamado los topes prefijados (que rechazaron todos los sindicatos 'disidentes' reunidos en la UOCRA en diciembre pasado), dijo como si nadie tuviese memoria: "Tiene que quedar en claro, me he cansado de decirlo, que la CGT no pone montos, no pone techo ni piso, no pone cifras ni porcentajes en la discusiones paritarias, porque podemos ser injustos si hacemos eso".
La expresión de Moyano pierde toda credibilidad cuando afirma: "Se van a discutir salarios libremente, tal como se hizo el año pasado, algunos un punto más, otros menos, pero se lo va a hacer de una forma racional". Cualquiera sabe que en 2006 no hubo discusión 'libre' y, en verdad, fue un gran acierto de Kirchner en su política de represión de los índices de precios (jamás pudo contener la inflación).
En verdad, ahora Moyano deja la responsabilidad de establecer topes 'ad-hoc' al Ministerio de Trabajo ya que la Dirección de Relaciones Laborales deberá sentarse a la mesa de las convenciones colectivas para terminar homologando los acuerdos y las situaciones de conflicto.
El comentario de Moyano, saliendo del despacho del ministro de Trabajo, el abogado laboralista Carlos Tomada, refleja el fondo de la cuestión: "No creo que por discutir salarios se vaya a tirar la economía".
Precisamente Tomada le recordó, tal como suele hacerlo Alberto Fernández, que temen el impacto inflacionario del ajuste salarial sin máximos prefijados.
"El año pasado decían que se venía el mundo abajo cuando empezaron a discutir salarios, arreglaron todas las organizaciones gremiales y no pasó absolutamente nada, y este año va a pasar lo mismo", dijo Moyano, acompañado de Viviani y del secretario general de las inexistentes 62 Organizaciones, Gerónimo Venegas.
Alberto Fernández lo acompañó:"Cada acuerdo salarial es el resultado de un tratamiento específico entre empleadores y trabajadores".
Pero no es lo que opinan los empresarios, donde hay mucha preocupación, especialmente en el sector de pequeñas y medianas empresas, que es el mayor creador de trabajo de la economía.
En Bahia Blanca, por ejemplo, ya que la Argentina no termina en la avenida General Paz, la presidenta de la Cámara de Transportistas de Pasajeros, Olga Pérez, dijo que la gran mayoría de los empresarios locales no podrán afrontar el pago del 12,5% de aumento a los colectiveros, por lo que solicitarán un nuevo reajuste del valor del pasaje.
Debe considerarse que 12,5% es menos del ajuste que están reclamando la mayoría de los sindicatos, más cerca de 30% que de 20%.
O más subsidio o tarifa: así funciona la economía hoy día. Y Pérez lo explicó: "No tenemos alternativa. Sin ese subsidio nosotros no podemos asumir ese pago. Nosotros no podemos soportar ese aumento, entonces estamos en problemas tanto los usuarios como los empresarios".
Las paritarias comenzarán con el inicio de febrero, entre el gremio de conductores ferroviarios La Fraternidad y las cámaras empresarias, que son concesionarios privados del servicio estatal, fuertemente subsidiados por el Estado.
A Moyano, Tomada le anticipó la decisión presidencial de enviar al Congreso un proyecto de ley de libre opción previsional, que libera a los afiliados a las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) de la imposibilidad actual de pasarse al sistema estatal de reparto.
El concepto generalizado en la CGT es que la política de Kirchner en materia de sueldos será la misma que en 2006 y por eso Moyano se atajó invocando "la responsabilidad" gremial para negociar sueldos.
Lo que puede hacer fracasar todo esto es la disputa interna de la CGT, donde crece el sector que quiere desplazar a Moyano. Luego, si uno de estos sectores consigue rápidamente un porcentaje muy superior al 12% que considera 'lógico' el Gobierno, el escenario puede complicársele a los sindicatos oficialistas.
Esto es lo que temen los empresarios, pese a las promesas de Tomada de que no se preocupen, que él resolverá en última instancia. Pareciera que los empresarios tienen mejor información que el ministro sobre lo difícil que se está poniendo la interna de la CGT.

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