Urgente24 le desea un 2007 mejor que el 2006
La celebración del Año Nuevo es la más antigua de todos los días festivos. Se celebró por 1ra. vez en la Antigua Babilonia, hace unos 4.000 años. El Año Nuevo Babilonio comenzaba con la 1ra. luna creciente (la 1ra. luna nueva) luego del 1er. día de primavera (equinoccio vernal).
Considerada como la estación del renacimiento, es muy acertado que se celebre en ese momento, ya que se asocia con el sembrado de nuevas cosechas y el florecimiento de otras plantas. Por el contrario, el 1º de enero carece de significación astronómica o agricultural. Es estrictamente arbitrario.
La celebración del Año Nuevo Babilonio duraba 11 días. Cada día tenía su propio estilo para su reconocimiento, lo que contrasta asombrosamente con las festividades de la actualidad.
Los romanos seguían celebrando el Año Nuevo a fines de marzo, pero con el tiempo su calendario fue modificado continuamente por diferentes emperadores. Finalmente, el calendario dejó de estar sincronizado con el sol.
Para ajustar correctamente el calendario, en el año 153 aC, el Senado romano declaró el 1º de enero como el comienzo del Año Nuevo. Pero las modificaciones continuaron hasta que Julio César creó el Calendario Juliano en 46 aC, estableciendo una vez más el 1º de enero como el día de Año Nuevo. Pero, a los efectos de sincronizar el calendario con el sol, César extendió el año anterior a 445 días.
En estas tierras, con ceremonias de purificación, los mapuches, uno de los principales pueblos originario de Chile y la Argentina, celebran el Wetripantu, el Año Nuevo indígena, 1 de los 3 grandes ritos de esta nación.
La celebración comienza la noche del 23 de junio, con una reunión familiar, en la que se cuentan historias tradicionales de la familia, como preparación de la salida del Sol, el 24.
"En el período de epewun, que es antes de la amanecida, hombres, mujeres y niños e invitados concurren al río, vertiente o estero más cercano a bañarse y esperar la nueva salida del sol con el cuerpo y el espíritu renovado y limpio y sintiendo la fuerza del Dios Gnechen."
"Cuando el sol y la luz cubren el espacio visible se dice Akui We Tripantu (llegó el nuevo año) o también Wiñoi Tripantu (regresa la salida del sol). De esta manera en el amanecer del día 24 de junio se inicia otro ciclo de vida en el mundo mapuche y en la madre tierra. Durante el día continúan distintas actividades, según la región. Por lo general es un día de reencuentro, de harmonización y equilibrio de las relaciones familiares".
Se deja lo viejo atrás y comienza lo nuevo. A media noche toda la familia va a bañarse a las vertientes, para botar lo viejo que se lleva en el cuerpo, y recibir el año nuevo purificados por el agua de la tierra. Previamente hacen una oración de agradecimiento por lo que dejan atrás, y se enfrentan limpiamente para un año nuevo.
Se dan las gracias por las cosas que pasaron, buenas o malas, ya que unas se disfrutan, y de las otras se aprende. Se hacen además las pases, para renovarse y empezar todo de nuevo.
Ese día además, ocurre una actividad muy importante, se entregan oficialmente las funciones a la comunidad por los lonkos a los nuevos integrantes de la vida burocrática, los jóvenes que ya están en edad de adquirir responsabilidades. Junto con el Wetripantu (año nuevo), nacen también los personajes nuevos para la comunidad.
Ese día además, ocurre un acto muy simbólico dentro de las familias. Ese día el abuelo, sella el pacto de linaje familiar, entregándole su nombre a su nieto en edad previa a la adultez. Esta ceremonia se llama (lakutun) y es muy importante porque no solo se continúa el linaje sino que además, se preservan las tradiciones y riquezas propias de cada familia.
También se hacen solamente durante esta noche, los katawün, u orificios en la oreja para colocarse aros. Extraña costumbre adoptaba apenas un siglo antes de la llegada de los españoles, influenciados quizás por los Inkas.
El Wetripantu siempre se recibe con mucha alegría. A partir de ahora las flores brotan, los ríos corren vigorosos y los animales comienzan a aparearse y generar más vida.
En el imperio Inca, para el Solsticio de Invierno se celebraba la fiesta del Inti Raymi o Fiesta del Sol. "Fue la fiesta más importante en tiempo de los Incas. Se celebraba con ocasión del solsticio de invierno -el año nuevo solar- para un pueblo cuyo principal objeto de culto era el dios Inti (el Sol), en la plaza de Huacaypata en la ciudad de Cusco. La importancia religiosa, festiva ceremonial, social y política era tal, que la fiesta se extendió en todo el Tahuantisuyo (el imperio prehispánico de los incas)".
Después de la conquista española, la ceremonia fue suprimida por la Iglesia Católica. Hasta mediados del siglo 20 cuando un grupo de intelectuales y artistas cusqueños encabezados por Humberto Vidal, decidieron recuperar el Inti Raymi de la Historia y presentarlo como un espectáculo de tipo teatral, destinado a toda la población de Cusco (Qosqo). Desde entonces, con muy pocas excepciones, ha sido representado cada año, enriqueciéndose y evolucionando por la investigación histórica
En la noche de la víspera del 24 de Junio, (fecha cercana al Solsticio de Invierno) se apagaban los fuegos en toda la extensión del enorme imperio inca, el Tahuantisuyo, y en el Cusco en la gran plaza Huacaypata (hoy Plaza de Armas) se concentraban todos los más brillantes personajes del imperio.
Entre las sombras, la multitud esperaba la aparición del dios Inti ( el Sol) con gran respeto. Generales, príncipes, y toda la nobleza esperaban en profundo silencio; muchos de ellos disfrazados de fieras y otros animales de la mitología andina.
Al aparecer el Sol, expresaban su reconocimiento de tenerle y adorarle por sumo, solo y universal dios, que con su luz y su virtud creaba y sustentaba todas las cosas de la tierra, agradeciéndole por las cosechas recibidas en el año.
El Inca, con la ayuda de los Sacerdotes "inducían" al dios Inti (Sol) justamente cuando llegaba al punto máximo de su lejanía y comenzaba su aproximación al Cusco, a volver con el favor de sus rayos, para fecundar la tierra y para procurar el bienestar de los hijos del gran imperio del Tahuantisuyo. El fuego sagrado era renovado con un brazalete cóncavo de oro que se ponía contra la luz solar, cuyos reflejos se proyectaban sobre un trozo de algodón muy carmenado, el que se incendiaba en breve espacio. La lumbre sagrada era llevada al Coricancha, donde sería conservada por las Acllas.
Durante la ceremonia también se realizaba el sacrificio de una llama para vaticinar el año venidero, luego una gran marcha militar, y al final todos se retiraban y estallaban en algarabía desenfrenada que duraba varios días.
El calendario aceptado como el calendario civil universal, en cambio, tiene 12 meses de 30 y 31 días, así como la existencia de un mes extra de 28 ó 29 días, establecido por el Emperador Julio César el año 45 AC para el Imperio Romano, corregido levemente por el papa Gregorio XIII el año 1582 y hoy conocido, injustamente, como "Calendario Gregoriano".
Hay quienes afirman que el 1º de enero fue establecido por los romanos en el año 153 AC, al cambiar su comienzo de año de marzo a enero, dándole un sentido astronómico haciéndolo comenzar cerca del Solsticio de invierno en el Hemisferio Norte. Como consecuencia los nombres de los meses perdieron su sentido: Diciembre, que en la antigua Roma era el 10mo. mes, pasó a ocupar el lugar número 12.
En el Hemisferio Sur, todo esto carece de significado más allá de los ritos formales de festejos obvios por el deseo de buenaventura.
Algunos relatos afirman que hacia el año 523, cuando ya el Cristianismo era la religión oficial del Imperio Romano, el canciller Bonifacio, del papa Juan I, solicitó a un monje astrónomo llamado Dionisio el Exiguo, que calculara la fecha del nacimiento de Cristo, con el objeto de comenzar una nueva forma de contar los años a partir de ese momento trascendental, cumpliendo con las resoluciones del Concilio de Nicea. Los obispos cristianos estaban cansados de seguir contando los años según el año de la asunción al trono del emperador Diocleciano (un perseguidor de la iglesia cristiana) o desde la fundación de Roma. Tras complicados, y errados, cálculos, Dionisio determinó que Jesús nació el 25 de Diciembre del año 753 AUC, por lo que se decidió el año 1 de nuestra era coincidiera con el año 754 AUC (Ab Urbe Condita, i.e. de la Fundación De Roma).
El asunto es que de una u otra forma actualmente el año se inicia el 1 de enero para todo el mundo, se viva en el hemisferio norte (donde habita el 90% de la población del mundo) o en el hemisferio sur.
Los antiguos indígenas agricultores del altiplano andino, se regían por la observación de diversos fenómenos astronómicos para guiarse en los momentos que debían iniciar las diversas faenas agrícolas y ganaderas, como siembras, cosechas o esquilas. Aunque ubicados en la región tropical de Sudamérica, donde las estaciones son menos notorias que para los habitantes de Europa, también existe aquí épocas bien diversificadas, que no coinciden completamente con las estaciones del resto del continente.
Es así como el momento en que el Sol llega a su punto más bajo en el horizonte del norte, el Solsticio de Junio, cuando los rayos del Sol bañan con su máxima inclinación las regiones del hemisferio sur de la Tierra, corresponde aquí a la culminación del invierno, que en esta región es una época seca y de bajas temperaturas.
Este es el momento elegido para la celebración del Año Nuevo Andino, que "marca el fin de una temporada de cosecha y el inicio de una nueva época de siembra".
