El hecho de que el recurso exista y esté disponible no siempre significa la ausencia de problemas graves. Lamentablemente, en todos los países, son muchas las familias que solo acceden a fuentes de agua de mala calidad. Sus condiciones de vida descienden en forma abrupta; los problemas de salud se convierten en terribles epidemias. El informe señala que en 2002 las enfermedades diarreicas y el paludismo mataron a 3 millones de personas —el 90% eran niños menores de cinco años. Sus cálculos ubican en un millón y medio de personas las que se podrían salvar por año, solamente asegurando el acceso a agua segura y saneamiento.
El Foro de México está llamado a ser un punto de inflexión en esta lucha. Pues, sobre la base de que hay que privilegiar el valor del conocimiento y experiencias locales —como factor clave en el éxito de la formulación de políticas hídricas justas—, y que hay que promover el diálogo entre los usuarios y los sectores responsables de las políticas, existe la firme intención de producir resultados concretos en materia de reformulación de políticas dirigidas a apoyar acciones locales que aseguren una gestión mucho más equitativa y eficiente del agua.
Sin una activa participación de todos los actores, éstas buenas intenciones quedarán solo en eso. Faltan debates regionales y locales que mejoren el nivel de conocimiento de los problemas, la justeza de las soluciones y, sobre todo, el grado de compromiso de las comunidades.