"Esta es una película sobre la cultura de la muerte en La Mancha. Mis paisanos la viven con una naturalidad admirable. El modo en que los muertos continúan presentes en sus vidas, la riqueza y humanidad de sus ritos hace que los muertos no mueran nunca. "Volver" destruye los tópicos de la España negra y propone una España tan real como opuesta. Una España blanca, espontánea, divertida, intrépida, solidaria y justa", explicó Almodóvar.
# Las palabras de Millás
A continuación se reproduce el mail que el escritor Juan José Millás escribió a la asistente de Almóvar, Lola García, quien le mandó el guión de "Volver". El intelectual ganó en 1990 el premio Nadal por La soledad era esto y en 1999 el premio Mariano de Cavia.
A Lola García
Asunto: Volver
Querida Lola, leí el guión en un suspiro. El hiperrealismo de las primeras escenas te coloca en una situación de enorme tensión emocional. A la pintura hiperrealista se le ha dado este nombre porque no sabían en qué se diferenciaba exactamente de la realista. En este país hemos confundido desde siempre el realismo con el costumbrismo. La pintura flamenca es hiperrealista porque es fantástica, porque nos coloca en una dimensión de la realidad que nos permite extrañarnos de las situaciones más cotidianas. Una vez que Pedro nos ha colocado en esa situación del principio, que se resuelve con la aparición del fantasma en el maletero del coche, puede hacer lo que quiera con el espectador. Y lo hace. "Volver" es un juego de manos narrativo permanente, un artefacto prodigioso. Y nunca sabes dónde está el truco.
No hay en este guión frontera que Pedro no se haya atrevido a traspasar. Se mueve en la línea que separa la vida de la muerte como un funambulista en un alambre. Mezcla materiales narrativos de procedencias aparentemente incompatibles con una naturalidad pasmosa. Y cuantos más materiales añade, mayor es la lógica interna del relato...
P.D. No podía evitar, mientras leía "Volver", evocar la lectura de Pedro Páramo. No tiene nada que ver la novela de Rulfo con el guión de Pedro, excepto en la naturalidad con la que ambos logran que convivan los muertos con los vivos; lo real con lo irreal; lo fantástico con lo cotidiano; lo imaginado con lo vivido; el sueño con la vigilia. Durante la lectura del guión, como durante la lectura de la novela de Rulfo, el lector tiene una sensación onírica permanente. Está despierto, desde luego, pero atrapado en un sueño, que es el relato que tiene entre manos. Lo curioso es que la novela de Rulfo es furiosamente mejicana del mismo modo que el guión de Pedro es furiosamente manchego...