La ventaja volvió a ampliarse a los 20 con un try de Juan Figallo, quien tomó la pelota tras un reagrupamiento y se fue rumbo al ingoal con la ayuda de Patricio Albacete.
A contramano de lo que se estipulaba, el partido presentó pocos scrums y el tipo de juego (vertiginoso y fluido) benefició a los argentinos, que tuvieron como premisa el punto bonus. Precisamente, ese objetivo se alcanzó a los 29, con una conquista de Lucas González Amorosino, luego convertida por Rodríguez Gurruchaga. Un premio merecido para una firme actuación en el primer segmento del duelo. Antes del entretiempo, un error en un tacke de Agulla terminó en try de Cazan y el marcador parcial quedó 26-3.
El segundo tiempo tuvo una temática totalmente distinta y las reiteradas infracciones rumanas le sacaron ritmo al encuentro. Un penal de Rodríguez Gurruchaga a los 3 puso el 29-8 y se tomó revancha por el tiro que había fallado segundos antes.
La hegemonía de Los Pumas ya no fue tan clara, aunque nunca dejó de existir. Leguizamón mostró el camino con sus embates y la primera línea (Roncero, Ledesma y Figallo) respondió cuando tuvo que trenzarse en los scrums y los mauls. Paulatinamente, Argentina empezó a merodear el try y lo tuvo dos veces, primero con el ingresado Imhoff y luego con Fernández Lobbe.
La resistencia rumana, aún más inferior luego de la amarilla para Lazar, se quebró definitivamente a los 23. Imhoff se sacó las ganas y apoyó el quinto try bajo los tres palos. Y a los 32 llegó el sexto festejo en el ingoal rumano: Lalanne evitó el try rival con un tacke notable y luego Fessia sentenció el contragolpe letal. Rodríguez Gurruchaga acertó las dos conversiones y la chapa exhibió un lapidario 43-8.
Un rato antes, Phelan había comenzado el recambio pensando en el próximo choque, el más importante. Los Pumas sumaron su primer éxito y se sacaron de un encima un partido que, si bien resultaba accesible, no entregaba margen de error. Había que ganar con punto bonus para nutrir la esperanza y el equipo dijo presente.
La semana que viene, ante Escocia, en Wellington, el seleccionado argentino se apostará casi todas sus fichas en un partido a matar o morir. Pero esa será otra historia y habrá tiempo para prepararla. Hoy, festejemos. Las ilusiones siguen intactas.