En verdad, muy pocos conocen la verdadera opinión de Cristina Fernández y se supone que los comentarios más precisos al respecto llegan vía el extrovertido Amado Boudou, quien efectivamente alcanzó un entendimiento con el gremialista empresario Nº1 José Ignacio De Mendiguren.
Boudou promete mucho: los banqueros del
Club de París tienen un compromiso del ministro vicepresidenciable de que habrá acuerdo con el Club de París, los del
Fondo Monetario Internacional tienen un guiño del funcionario de que habrá normalización de las estadísticas sobre variación de precios, y los
empresarios tienen un juramento de Boudou de que habrá
moderación del ajuste salarial en 2012.
De acuerdo a las estadísticas privadas de variación de precios que difunden los bloques opositores en Diputados, el interanual de inflación se ubica en 23%, pero los ajustes han resultado habitualmente muy superiores.
Las palabras de Boudou ¿son habituales promesas preelectorales o hay un nuevo enfoque germinando cerca de Cristina Fernández acerca de la economía?
Al fin de cuentas, el acuerdo de inversiones, precios y salarios era un deseo de Cristina en 2007, y luego Néstor Kirchner impuso otro concepto, que llevó directamente a la Resolución 125, un combate de Cancha Rayada para el fallecido líder del Frente para la Victoria, inicio de la derrota electoral de 2009, que solamente corrigió con su propia vida el 27/10/2010.
En varios comentarios empresariales se ha deslizado en los últimos días que no hay deseo en Cristina de mantener la tasa de inflación, un tema central. En verdad, la inflación nunca se "mantiene". O sube o baja. Y ya está muy elevada. Inflación quiere decir puja distributiva, origen del conflicto social mucho más allá de Karl Marx.
En el diario
Clarín, Marcelo Bonelli deslizó, en el Panorama Empresario de los viernes aquello que él ya había anticipado en un boletín restringido:
"(...) La meta sería frenar la demanda sindical y lograr bajarle la temperatura a la creciente inflación , que puede complicar la economía el año próximo.
Ese objetivo, la Presidenta lo expresó en la Casa Rosada, cuando recibió por primera vez a la nueva conducción de la Unión Industrial Argentina.
Los empresarios fueron a invitarla al encuentro de Tecnópolis y manifestaron su preocupación por la pérdida de la competitividad fabril a causa de la caída del dólar y los fuertes aumentos en los costos.
La Presidenta sorprendió a todos con la definición: ”Nosotros queremos una pauta salarial del 12% para el año próximo.” La estrategia se llevaría adelante después de las elecciones y dentro de un paquete de ajuste económico.
Amado Boudou ya le adelantó a banqueros que habrá recortes de subsidios y aumento de tarifas.
Cristina volvió hablar del tema en la cena de Tecnópolis y ahí fue cuando sugirió reducir el aumento salarial, dejándolo por debajo del 20%.
En otras palabras: se habló de frenar reclamos sindicales y fijar el alza promedio entre un 18% y un 20%.
Esto mismo ya se había adelantado en los diálogos reservados que se mantienen en la Quinta de Olivos con varios referentes del establishment, entre ellos Jorge Brito, Ignacio de Mendiguren y Carlos Bulgheroni. En la última reunión del Grupo de los 6, trascendió el tema. Pero los empresarios dudan de la viabilidad política de esa promesa . Los hombres de negocios no creen en esas promesas del kirchnerismo , porque van en contra de su discurso y también de lo que hizo Cristina en su primer mandado. Por eso apoyan en público y compraron dólares en privado.
Una estrategia de pautas de aumentos decrecientes implica una inicial caída del salario real, hasta que la inflación –si se logra– disminuya.
Por eso la UIA y el Grupo de los 6 sugirió a la Presidenta “armar” un acuerdo empresario-sindical que disimule el efecto real de la iniciativa sobre los salarios y permita viabilizar políticamente la rebaja en la pauta salarial que este año fue del 28%.
La respuesta de Cristina fue tajante: “No vamos a hacer acuerdos corporativos. La decisión será presidencial.” Cristina está convencida de que en octubre obtendrá una votación superior a la de agosto y que con ese caudal de votos el sindicalismo tendrá que acatar sin quejas sus resoluciones.
Carlos Zannini, el número dos del Gobierno, les transmitió lo siguiente a varios hombres de negocios afines al oficialismo: “La salida de Moyano, ya está, es un hecho.”
Ahora el Gobierno fomenta para ese lugar a Antonio Caló, jefe de la UOM . Pero los hombres de negocios, insisten que esos cambios son delicados y que no puede haber pasos en falso que generen rebelión sindical.
En concreto, le temen a un Hugo Moyano recluido en su poderosa estructura de la Federación de Camioneros.
De Mendiguren le otorgó a Moyano un trato preferencial y le dio protagonismo en la fiesta del Día de la Industria. La Casa Rosada lo quería bien lejos de la Presidenta. (...").
En lo que hace a Moyano, no permanece en quietud.
Moyano corre contra reloj para instalar un tema que coincide con el esgrimido por el sector de la CTA aliado al gobierno, dirigida por Hugo Yasky: la distribución de recursos de la seguridad social en la próxima Administración Cristina, tal como le gustaría a la Presidente que se llame al 2011-2015.
La distribución de recursos de la seguridad social, la distribución del 10% de las ganancias empresariales entre los empleados y el pago de las deudas del Estado con los jubilados, serán la agenda de reivindicaciones.
A su vez, el Ejecutivo Nacional prepara el viaje de Amado Boudou y Mercedes Marcó del Ponto a Washington DC (G-20 y FMI). Más allá de lo que se exprese para consumo doméstico, Boudou precisa un preacuerdo con el FMI acerca de los índices de precios y el futuro del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
No puede haber desaceleración alguna de precios y salarios si no se comienza recuperando la credibilidad de las estadísticas, cualquiera lo sabe. Hasta Boudou.