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Fukuyama: "La guerra en Iraq fue un error político"

El profesor Francis Fukuyama estuvo en Caracas, Venezuela, y reflexionó mucho sobre el porvenir. Por ejemplo, intentó explicar el fenómeno de las naciones petroleras que protagonizan experimentos que no acatan la disciplina de la economía global.

CARACAS (El Nacional). -¿Cuál es para usted el 'zeitsgeist' de nuestra época?
-Ahora mismo atravesamos un periodo de resurgimiento de la religión y el nacionalismo en el cual que, hasta cierto punto, el antiamericanismo se ha convertido en una referencia polarizadora en la política mundial, debido a la fuerte hegemonía estadounidense en variados escenarios. Pero también es un periodo de globalización sostenida y eso la hace una época bastante contradictoria. El mundo se está integrando de muchas maneras, pero hay fuerzas que empujan esa integración hacia atrás.
-Usted dice que estamos ante una nueva Edad Media.
-Pero esa idea no tienen necesariamente una connotación negativa. El aspecto central es que el Estado-nación, que es la unidad geo-política dominante, se ve complementado por instituciones supranacionales tanto como subnacionales. La realidad fundamental es que el avance de la globalización produce una necesidad de cooperación entre todos estos diferentes niveles. En todo caso, el mundo es tan complicado que es imposible definir un solo espíritu de los tiempos. Varía de región a región y de país a país. De modo que es improbable definirla.
 
Todos conocen a Francis Fukuyama por haber dicho, un tanto precipitadamente, que la oleada democrática que siguió a la caída del muro de Berlín representaba el Fin de la Historia. Sin embargo, pocos saben que Fukuyama ha seguido tejiendo a lo largo de los años un consistente corpus de reflexión que abarca tanto la economía política y la filosofía del Estado como las consecuencias humanas del desarrollo biotecnológico. En su segunda visita a Venezuela auspiciada por Conindustria, el pensador habló de los desafíos que enfrenta la democracia liberal y dijo que el presidente Chávez ataca a la democracia por la vía de la crítica al gobierno de George W. Bush.
-Profesor Fukuyama, en Nuestro futuro Post-humano usted alerta sobre el peligro que el desarrollo de los avances de la ingeniería genética entraña para la naturaleza humana. ¿Cuál es la perspectiva de este procesos, considerando que el desarrollo tecnológico es un proceso universal y, por lo tanto, muy difícil de controlar?
-La pregunta que plantea la biotecnología es más para el futuro de largo plazo que para lo que estamos viendo en el presente inmediato. En los Estados Unidos, la manera en que usamos algunas drogas psicotrópicas ha devenido en un mecanismo de control social. Es algo que vemos con el uso en niños y adolescentes del Ritalín y otros fármacos para el control de la conducta. Sin embargo, el asunto más importante es que a partir de los desarrollos actuales puedes predecir que en unos cincuenta años tendremos la posibilidad de intervenir genéticamente los seres humanos de diversas maneras. Y la pregunta de fondo que esto plantea es: ¿dejamos el desarrollo de la biotecnología al libre mercado, lo que permitirá a la gente modificarse a su antojo, o establecemos mecanismos políticos y éticos de control que sean respetados y compartidos por la sociedad? Creo que tiene que haber un marco político y ético de algún tipo para controlar ese proceso.
-Pero cree que en realidad hay forma de frenar o hacer más lento y controlado el desarrollo tecnológico.
-No se trata de frenarlo sino de regularlo para establecer ciertos límites. Por ejemplo, la experimentación humana. Tenemos una regulación sobre lo que se puede hacer con los seres humanos en los experimentos médicos a raíz de lo que hicieron los doctores nazis con seres humanos durante la Segunda Guerra Mundial. Y cualquier investigador, en consecuencia, debe cumplir con una serie de requisitos y protocolos sobre la experimentación con seres humanos. En ese sentido, lo que propongo es desarrollar instituciones para la supervisión del desarrollo de las nuevas tecnologías, especialmente cuando éstas implican algo tan delicado como la naturaleza humana. Dentro del actual sistema no existe tal regulación.
-Para redondear este tema, parafraseando a Aldous Huxley, sobre quien usted reflexiona ampliamente en su libro, ¿qué tan cerca estamos del mundo feliz? ¿Es posible evitar ese desenlace en una sociedad orientada por el consumo, es decir, por la idea de que podemos comprar cualquier cosa, incluyendo la belleza, la inteligencia, la fuerza o la longevidad?
-Voy a responder diciéndote que es posible evitar el arribo a un mundo feliz. La mayoría de los países europeos han establecido instituciones para regular la medicina reproductiva. Gran Bretaña lo hizo hace 15 años, Canadá lo hizo hace dos años. Se trata de estados que han podido plantear y establecer ese tipo de instituciones.
-Muchos autores plantean que el actual modo de organización social en torno al consumo y la explotación de los recursos naturales, característico del modo de producción capitalista, llevará al mundo a un pronto colapso. ¿Qué piensa usted?
-Al contrario, pienso que el modo de organización capitalista es el que permite un modo de vida más o menos decente y próspero para mucha gente en este mundo. Si prestas atención a lo que sucede en países como China e India, los dos más poblados del planeta, comprobarás que el desarrollo capitalista de los últimos años con la incorporación de ambos en la economía global ha tenido un impacto tremendamente positivo, pues ha permitido que cientos de millones de personas salgan literalmente de la pobreza. Ese es un resultado directo del capitalismo en esas sociedades. Por otra parte, el miedo al colapso tiene fuentes diversas. Está el calentamiento global que, según algunos, puede traer cambios reales y masivos en el clima de nuestro planeta. Esa es una amenaza real y debe ser tomada con toda seriedad. La otra pregunta fue planteada a principios de los años 90 y es si la economía global era sustancialmente inestable. Ese miedo provenía de las diversas crisis que se desataron en Asia y llegaron hasta América Latina con el efecto tequila y lo que pasó en Brasil y Argentina. La salida a la inestabilidad que muchos de los países en desarrollo encontraron fue elevar muros contra la inestabilidad a través de las reservas en dólares. Esa es la razón por la cual Estados Unidos tiene actualmente ese déficit astronómico: todo el mundo quiere protegerse de la crisis monetaria acumulando dólares. Obviamente esa no es la forma óptima de manejar la economía –es de hecho un manejo muy ineficiente del dinero–, pero por lo menos brinda estabilidad.
-Si, profesor Fukuyama, pero en términos de la sostenibilidad del desarrollo humano y de los recursos que necesitamos para seguir subsistiendo, ¿qué puede acarrear este aceleramiento de China, India y otras economías emergentes? ¿No es una paradoja de modernizarse a costa de extinguir el futuro?
-El asunto es más bien si la modernización y el desarrollo tecnológico propiamente dicho permitirá o no que estos países solucionen ellos mismos los problemas que la modernización acarrea. No es obvio que la modernización lleve al colapso. Los países, a medida que se hacen más ricos, destinan más recursos a limpiar el ambiente y mitigar los efectos negativos de la modernización acelerada. Otro planteamiento sería imponer un límite para toda la modernización que puede ocurrir en el mundo. Pero esto no es posible. Hay temas concretos como el calentamiento global en los que si hay que imponer límites, pero en término de los recursos en general esto es más difícil. En parte, porque paralelamente al petróleo se están desarrollando nuevos tipos de energía en un proceso que también busca sustituir ciertos productos de valor en el mercado por otros que sean "ambientalmente correctos".
-El problema con el desarrollo es que quizás no sea un proceso infinito, sino todo lo contrario. Cuando se terminen recursos como el agua, se acabará todo.
-No hay forma de contestar esa afirmación. Regular es una condición necesaria al desarrollo tecnológico en el capitalismo. De modo que el proceso no se puede parar, pero eso no significa que los recursos se vayan a acabar. Hay balances. Por ejemplo se dice que la población del mundo está creciendo sin parar, pero en los países desarrollados la tendencia se ha revertido a tal grado que estos países muestran una tendencia clara a la despoblación. Si esto es así, la población bajará y la productividad se hará más eficiente. De modo que puedes concebir que la modernidad y el desarrollo estarán aquí por largo rato. La población total del mundo está ahora entre 5 y 6 mil millones de personas. En los próximos 20 o 30 años será de 9 o 10 mil millones. Pero a partir de la segunda mitad del siglo comenzará a caer muy rápidamente.
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-El mundo está hecho un quilombo, ¿no es cierto? En parte, porque la ideología y la religión han tomado por asalto la escena política y hoy son factores importantes de la organización de las sociedades. Tenemos a la vista el ejemplo del mundo islámico…
-Bueno, la religión sí es un factor, pero no creo que la ideología lo sea.
-Si piensa en el presidente Chávez no le quedará otra que admitir que la ideología está moviendo hoy a las sociedades… Hay una agenda ideológica que se enfrenta u opone a la democracia de mercado…¿cierto?
-No estoy seguro de que eso sea cierto. Hay un alto grado de acuerdo entre los países si lo comparamos con la época de la Guerra Fría, cuando las diferencias ideológicas eran evidentes y muy agudas. El mundo se ordenaba alrededor de las ideologías que daban sustento al capitalismo y el comunismo.
-Lo que quiero decir es que hay movimientos que intentan confrontar el estilo unipolar promovido por Estados Unidos e incluso cuestionan los valores de la democracia liberal a la Washington.
-Ciertamente el antiamericanismo se ha convertido en una de las mayores líneas divisorias en el mundo. Que Estados Unidos sea un país tan poderoso y rico ha producido un latigazo en un número importante de otros temas. Pero diría que más que la ideología per se, el antiamericanismo es ahora la fuerza motriz de gran parte de la política global.
-¿Cuál es la consecuencia para la idea y el modelo de democracia occidental?
-Parte de la fuerza que guió la diseminación y expansión de la democracia en los años '70, '80 y '90 del siglo pasado, fue la autoridad moral del modelo americano. Mucha gente quería adoptar el American Way of Life, quería ser próspera, libre y democrática. La actual impopularidad de Estados Unido,s debida a acciones que la gente juzga erróneas e ilegítimas, hace que su autoridad moral sea socavada y que su estilo de vida sea mucho menos atractivo.
-¿Cuál es entonces la consecuencia política de esa situación?
-Obviamente significa que la expansión de la democracia puede no ser tan rápida, que puede tener reveses o ser incluso revertida. Inclusive pueden surgir personajes que propongan un modelo alternativo.

-¿Sugiere eso que este proceso puede traer nuevos totalitarismos?
-No lo creo. Lo que vemos hasta ahora, en términos de nuevos modelos como los de Rusia, Bielorrusia, Irán o Venezuela, es la aparición de gobiernos que no son totalitarios ni completamente autoritarios, pero tampoco son democracias plenas. Son, en resumidas cuentas, una mezcla de todo eso con cierto grado de libertad de prensa y con elecciones. Pienso además que los altos precios del petróleo les permiten a estos modelos operar sin acatar una disciplina de la economía global que en caso de países con menos recursos tiene un efecto profundo en el manejo económico interno.
-¿Por otra parte, puede haber instituciones democráticas internacionales en un mundo en el cual Estados Unidos pretende ser el único factor de hegemonía?
-Estados Unidos no ha sido muy exitoso que digamos al tratar de difundir por la fuerza su modelo y sus aspiraciones, así que no veo que esa sea una amenaza real para nadie.
-Bueno, eso es muy relativo. Hay una guerra y todo el Medio Oriente está hecho un desastre en gran medida gracias a la Guerra contra el Terror de Washington y a su falta de ganas de arreglar el conflicto entre Israel y Palestina.
-Creo que el Medio Oriente es un lugar de conflicto perpetuo, al margen de la guerra en Irak. Desde el comienzo estuve en contra de la guerra en sus presupuestos básicos y la ideología detrás de ella. En ese respecto, sí pienso que la guerra ha empeorado la situación ya que el terrorismo está creciendo en una parte importante del mundo. Ese fue un error político que no tenía que suceder.
-¿Cuál era la alternativa?
-Se podía haber continuado con el régimen de sanciones contra Saddam Hussein como un modo de contenerlo. Esa hubiese sido una solución mejor al actual estado de cosas.
-¿Cómo salir de Iraq ahora, habiendo devastado ese país?
-El número de opciones está disminuyendo de modo veloz. La impaciencia por una retirada de tropas crece cada día y Estados Unidos no tiene una forma apropiada de forzar un acuerdo entre las fracciones étnicas, religiosas y partidistas de Iraq.
-¿Cuáles son las opciones que quedan entonces?
-La discusión más importante que se viene dando en el seno del gobierno es si anunciar el pronto inicio de un periodo de retirada o continuar indefinidamente hasta lograr un fortalecimiento del gobierno central. Personalmente, soy partidario de esta última opción, pero puede haber gente dentro del gobierno que piense que las cosas están tan mal que decidan abandonar la construcción de un gobierno central. Esto obligaría a moverse a un plan que implica la partición del país en tres diferentes áreas: kurda, chiíta y sunita.
-Partir un país en pedazos como sucedió con Yugoslavia. ¡Qué simpática salida!
-Si, en realidad, hay mucha gente que prefiere no abogar por esta idea ya que implica un alto grado de limpieza étnica entre las comunidades que están en conflicto.
-Al margen de que Iraq es efectivamente un estado-nación. Hay gente que no es solo kurda, chiíta o sunita, sino también iraquí.
-Bueno, se trata de una nación con una identidad débil que era mantenida mayormente por la fuerza.
-¿Qué diablos está ocurriendo con la democracia americana?
-No creo que eso lo entienda bien ni yo mismo. Hay un intenso grado de polarización. Los partidos han devenido cada más ideologizados y las posiciones centristas que fueron hace 30 ó 35 años muy importantes son cada vez menos consideradas. En muchos aspectos yo he esperado que ahora el péndulo se mueva de la derecha a la izquierda, después de la era Reagan y los noventa marcados por una bonanza.
-Pero eso no ha pasado, sino lo contrario.
-Es cierto, pero al mismo tiempo, hay muchas razones para que pase de un momento a otro. Entre otras: la brecha de la desigualdad se ha abierto cada vez más y hay un exceso de desregulación en la economía. Por varios motivos relacionados con la cultura nacional, como la familia, el tema del aborto o el matrimonio homosexual, esto se ha frenado.
-Aprovecho para plantearle una hipótesis de mi cosecha personal: Estados Unidos no ha virado a la izquierda porque, en ciertas áreas de la sociedad, atraviesa un proceso de contrarreforma moral y los conservadores con Bush a la cabeza encarnan el espíritu contrarreformista.
-Estoy de acuerdo, en parte es por esa razón. Por otro lado, el liderazgo del partido demócrata ha sido muy débil para cambiar la situación y plantear una alternativa en la cual la gente confíe.
-Eso puede estar relacionado en un plazo más amplio con el problema de la pérdida de atractivo de la sociedad americana. Lo digo porque Estados Unidos se ha caracterizado por ser una sociedad muy innovadora social, tecnológica y culturalmente. Pareciera ser que ese espíritu de innovación está siendo contrarrestado por el propio gobierno al pretender regular aspectos como la biotecnología humana, el aborto o el matrimonio homosexual.
-Bush no tiene el poder de censurar el matrimonio homosexual, aunque ciertamente esté en su contra. Lo que ha buscado su gobierno es crear una enmienda constitucional para evitar que las cortes locales puedan legalizarlo. Sin embargo, eso no sucederá.
-Bueno, también está en contra de la investigación con células madre.
-Eso si está en su poder porque se financia con fondos federales.
-Pero esos intentos expresan una clara tendencia del gobierno a ir en contra del cambio cultural y social.
-Uhhhmmm…Bueno…Si echas un vistazo a los datos arrojados por las encuestas de opinión encontrarás que la mayoría de los estadounidenses se oponen al matrimonio gay. Así que no es solo que él esté imponiendo su estrecha visión sobre un tema, sino que está en la corriente de lo que piensa la gente. Con la investigación de células madres es lo contrario, pues la mayoría la apoya, pero si se hace con embriones sobrantes. En ese sentido, el presidente iría en contra de una corriente más popular que en el caso del matrimonio gay.
-Usted, en su charla mencionó que gran parte del fenómeno del terrorismo está siendo encarnado por jóvenes occidentales que se sienten desarraigados de su cultura de origen y reaccionan de modo violento contra las sociedades en que viven. Tal es el caso de los secuestradores del 11 de septiembre o de quienes atentaron en el metro de Londres. En ese caso, hay también una reacción contra la velocidad del desarrollo tecnológico que recuerda los atentados de los ludditas en el siglo 18.
-Es correcto decir que la tecnología siempre ha producido este tipo de reacciones en su contra. Este sería el ejemplo más reciente.
-Cree usted que estas reacciones pueden afectar el desarrollo universal de la tecnología y la ciencia.
-Pueden ser muy peligrosas, ciertamente. El bolchevismo y el fascismo fueron a su manera reacciones contra el desarrollo tecnológico de su época. Eso llevó a guerras masivas y a tremendos conflictos. Por eso creo que estas son manifestaciones muy peligrosas. Pero si consideramos el caso particular del Islam veremos que es también una reacción limitada, pues toma como escenario los países islámicos o países con población musulmana. Por otra parte, el comunismo buscaba seducir al mundo entero. Latinoamérica tenía, por ejemplo, partidos comunistas en varios países, mientras que, hasta donde sé, no hay partidos islámicos. Esto significa que probablemente esos fenómenos de reacción se restringas a los países con población musulmana.
-Por otra parte, hay en el mundo un fuerte movimiento social de alterglobalización y contraglobalización. Esos grupos están tratando de rediseñar el modelo de desarrollo imperante.
-Si, pero la diferencia es que la mayoría de esos grupos no es violenta como algunos grupos islámicos. Son, sin embargo, un peligro en la medida en que conduzcan a políticas equivocadas. La globalización, he sostenido varias veces, es la ruta a la modernización y al crecimiento económico. Claro que ambos deben ser coordinados bajo las condiciones apropiadas. No te vas a desarrollar apartándote del mercado, del desarrollo tecnológico y del conocimiento.
-Pero eso no implica que la economía de mercado sea la única manera de lograr el desarrollo, ni organizar la sociedad.
-La verdad es que no veo ninguna otra alternativa. Es evidente que si estás sentado sobre un pozo de petróleo podrás financiar otras alternativas, pero eso es algo que ni es universal, ni se puede sostener por largo tiempo.
-El problema del desarrollo global dentro del mercado es que parece generar más inequidades y desigualdad como usted apuntó con el caso de China e India. Esto trae inestabilidad social y económica. ¿Hay forma de tener un mundo más equitativo y balanceado dentro de la economía global?
-Hay, en realidad, dos soluciones. El crecimiento económico no acaba ciertamente con la desigualdad, pero ayuda a salir de la pobreza, como sucede en los ejemplos mencionados. La otra salida es establecer políticas que ayudan con la pobreza pero que aumentan la dependencia en el patronazgo del estado. Así que necesitas políticas sociales que ayudan a mejorar de forma efectiva el nivel de vida de la gente. Esto se logra desarrollando la educación y mejorando los derechos de propiedad, entre otras medidas.
-La experiencia de la India ha dejado saldos positivos. En Venezuela por ejemplo se ha tratado de reorganizar la sociedad pero estableciendo modelos que, en gran medida, son sugeridos desde arriba, aunque paralelamente haya un intenso movimiento popular de base.
-A mi juicio, Venezuela lo ha venido buscando mejorar su situación de una manera incorrecta. Se necesitan derechos de propiedad claros y estables para los ricos y para los pobres y un sistema legal que pueda mejorar de hecho la situación jurídica. A partir de ahí verás a la gente salir de la economía informal, lo que a la vez creará para ellos muchas mejores oportunidades de movilidad social. Los verás enriquecerse, consolidar sus familias, enviar sus hijos al colegio. Pero para eso, realmente necesita, consolidar las instituciones y eso no está siendo solucionado aquí.
-Usted ha mencionado que los grupos de identidad que vemos emerger en estos días representan un desafío para la estabilidad de la democracia liberal de estilo occidental. Uno de estos grupos de identidad es lo que llamamos terrorismo. La pregunta que esos grupos dejan en el aire es si es posible construir otro tipo de democracia para pueblos con una alta demanda de justicia.
-Puede haber otras formas de democracia, pero no serán como la democracia liberal que nosotros conocemos. El problema con estos grupos de identidad y con las políticas basadas en la identidad grupal es que son excluyentes. Si te planteas brindar derechos especiales a los serbios, a los católicos o a los chiítas, por ejemplo, implica que otras personas no compartirán esos derechos por el hecho mismo de ser especiales. Puedes contar con un sistema democrático estable que asigne derechos especiales a diversos grupos identitarios o comunales, pero no es un sistema ideal. Sería por ejemplo el caso del Líbano donde se asignan derechos especiales a diversos grupos y se reparte el gobierno por cuotas, pero no es en ningún caso un sistema en el que funcione la lógica un hombre-un voto. Este sistema funciona por un tiempo pero a la larga comienza a confrontar problemas de cambios de población y los acuerdos de base tienen que ser modificados.
-Pero, desde su punto de vista, cuál es la razón que hace a la democracia liberal de mercado el mejor sistema para vivir en un mundo globalizado.
-Tiene que ver esencialmente con dos aspectos. Lo que concierne a la democracia es muy importante porque no puedes tener un gobierno grande sin feedback de la población ni accountability. Y no puedes tener ninguna de estas dos cosas sin una sociedad que pueda enfrentar y cambiar a sus gobernantes. Al mismo tiempo, no puede haber una economía moderna sin el imperio de la ley, derechos individuales o límites a la intervención del Estado en la actividad económica privada. Así que la libertad económica es necesaria para el crecimiento económico tanto como la transparencia y el accountability es indispensable para la democracia.
-En algún punto después del Fin de la Historia, es decir, a raíz de la caída del muro de Berlín, la democracia lucía como el horizonte utópico, pero posible que el planeta debía buscar. ¿Sigue siendo así, qué ha cambiado?
-Sin duda debería ser nuestro horizonte. Solo tienes que observar lo que ha pasado en Europa y el poder que ha tenido su democracia sobre los países del bloque soviético. Todos se quieren unir a la Comunidad Europea, todos quieren vincularse con Alemania, Gran Bretaña y Francia. Quieren sumarse a su nivel de vida.
-Pero fíjese en lo que pasó el año pasado y este año en Francia. O en los niveles de insatisfacción que hay entre las poblaciones de esos países. No parece tan obvio que la democracia siga siendo ese horizonte común.
-Ok. Lo que sucedió en Francia expresa que hay problemas con el sistema, pero si fueras un país como Bulgaria preferirías ser Francia con todos sus problemas. De modo que la democracia sigue siendo un modelo válido.
-¿Cuál es el atractivo de la democracia?
-La democracia comprende al menos dos aspectos complementarios: lo que ella genera y lo que ella es en sí misma. Sus valores de igualdad, justicia y libertad son universales y están arraigados en el entendimiento y las aspiraciones de los seres humanos…
-¿Está seguro?
-Bueno, no estoy seguro de nada.
-Digo que se puede vivir sin democracia pero con un buen nivel de vida. Eso ha pasado.
-Es verdad. Pero lo interesante es preguntarse si se puede vivir en el mundo moderno manteniéndose al margen de la democracia. ¿Puede haber un país que viva de un modo completamente tradicional, con leyes premodernas y privándose de participar en la economía global? No existe tal país.
-Pero si puede suceder lo contrario: un país muy modernizado desde muchos puntos de vista, pero sin democracia.
-Eso es muy, muy difícil porque una vez que se ha alcanzado cierto nivel de vida hay una gran presión para democratizar las sociedades. Desde luego hay excepciones como Singapur.
-O los países con regímenes islámicos donde puedes tener los beneficios de la vida moderna dentro de un mundo muy tradicionalista.
-Pero eso se debe al petróleo. No hay ningún país musulmán que se haya desarrollado sin el factor petróleo.
-La otra forma de proponer esta pregunta es, ¿por qué no podemos vivir en la modernidad sin la democracia?
-Quizás se puede, pero la modernización de las sociedades requiere muchas instituciones distintas. Requiere un buen gobierno y un marco de leyes estables para mantener la marcha. Tener estas dos cosas es muy difícil para los regímenes autoritarios. Los únicos que lo han logrado son los gobiernos del sureste asiático, pero habría que preguntarle a la gente de Singapur sin pueden mantener el mismo sistema sin ningún tipo de transparencia política por una o dos generaciones. Creo que eso no es posible en un contexto de democracias.
-¿Qué hay de la modernidad? ¿Cree usted que sigue siendo el gran conjunto de valores e ideas que produjo una enorme transformación en el mundo? ¿O está la modernidad quizás exhausta?
-Solo tienes que ver como la gente camina con sus propios pies distancias increíbles para salir de lugares menos desarrollados en pos de otros más prósperos y modernos. Casi nadie va en dirección contraria. Así que es un hecho comprobable empíricamente que la gente quiere vivir en sociedades modernas. Muchos pueden no entender qué buscan, otros quizás se sientan decepcionados, pero eso no impide que la modernidad sea una aspiración universal.
-De todos modos hay que preguntarse si continúa siendo el gran factor de producción de tejido social que fue en otras épocas.
-No necesariamente en sí misma logrará ser un cemento social. Se necesitan muchas otras cosas como instituciones sociales, partidos políticos, doctrinas y tantas otras cosas. No es posible ir directamente de la aspiración universal al cambio social. Es mucho más complicado…pero ahora sí me tengo que ir.
-Entiendo. Muchas gracias.
-De nada.

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