El caso Fiplasto y la incompetencia de los directivos de la Bolsa
La empresa Fiplasto se dedica a la fabricación y comercialización de tableros, planchas, bloques y demás productos originados en la madera (es la única fabricante local de hardboard), y la preside Máximo Federico Leloir, secundado por Julio Ernesto Curutchet.
Es una empresa con tradiciones: su fecha de constitución fue el viernes 3 de mayo de 1946, ya con Juan Perón convertido en el jefe de la Casa Rosada. Tiene página en la Red: www.fiplasto.com.ar, y cotiza en la Bolsa con la denominación FIPL y FIPL5.
Su capital autorizado es de $ 30 millones. Y su capitalización, $ 41,1 millones. Cotiza en el mercado 4 de la Bolsa, precisamente por su capital chico o sea poca liquidez para operar).
La empresa certifica su balance Deloitte. No tiene empresas vinculadas y sí alguna controlada: Franci S.A., en un 80% (fabricante de muebles. En el año 2004 Fiplasto decidió aprovechar su red exportadora para vender muebles).
Por el negocio de la madera, Fiplasto depende y contribuye al ciclo de las economías regionales. Según la Bolsa, "lleva más de 25 años exportando pero invierte y apuesta a la Argentina".
Compite con gigantes como Masisa, Alto Paraná, Faplac o Sadepan, aunque afirma que las considera "como socias, inclusive tenemos negocios en común con algunas de ellas". En su negocio, el Grupo Dreyfus, anterior dueño de Faplac, vendió esta empresa al grupo chileno Araujo, y Dreyfus salió del mercado bursátil.
Su opinión es que el mercado de tableros ya no crecerá a las tasas de los últimos años. Pero el negocio ha recuperado el mercado a niveles parecidos a la época de la Convertibilidad. Fiplasto facturaba en el 1 a 1 a fines de 2001, $21 millones equivalentes a US$ 21 millones. Ahora supera los US$ 22 millones. Y está pagando dividendos en efectivo por el 2,5% del capital. Pero es una de esas empresas que nunca amplían su capital.
Una incertidumbre que le preocupa es el tema energético. Hace 3 años tuvo un período mayo-agosto en que debió apelar al uso de combustibles alternativos, incurriendo en un sobrecosto equivalente a US$ 400.000. Durante el último ejercicio ese sobrecosto fue de US$ 1,4 millón, número decisivo para una compañía que factura US$ 20 millones. Por eso sigue buscando un socio estratégico en materia de energía para analizar contratos de gas y de electricidad a 10 años. Sus ejecutivos intentaron armar un pool de empresas para realizar las inversiones que correspondan.
Fiplasto acaba de vender 100 hectareas en Ramallo por $ 15 millones.
Considerando un valor de 1,40 por su capital de $ 30 millones, el valor de toda esta empresa es de $ 45 millones... porque nunca amplió su capital.
Al no ampliar capital, el volumen de los negocios bursátiles no crece. La Bolsa de Comercio de Buenos Aires debería obligar a las empresas a tener entre el publico 30%, como mínimo, y eventualmente hasta 50% de su capital emitido, si es que la Bolsa piensa en que sus negocios crezcan. Pero a los directivos de la Bolsa no se le ocurre ideas que funcionan en otros mercados.
¿Cómo no le va a ganar la partida, con bastante poco, el Mercado Abierto Electrónico?