A ganar: España para "maquillar" la peor crisis de su historia y nosotros para borrar el mal recuerdo del debut de Basile
Desde agosto pasado la audiencia de Basile ha vuelto a ser la selección argentina. Se trata de la segunda etapa del técnico al frente del equipo y algunos observadores muy próximos a la AFA auguran relaciones tensas entre Alfio Basile y el presidente de la asociación, Julio Grondona.
El debut de Basile en el inicio de su segundo ciclo fue en la derrota contra Brasil 3 por 0. Al entrenador lo inspiran los "códigos" del barrio. El dirigente, más que nunca, se deja llevar por el olfato para la política y los negocios.
Desde 1994 han aumentado las restricciones de los clubes argentinos a la hora de ceder jugadores a la selección y gran parte de la organización deportiva de la AFA está condicionada por un "exótico" contrato de patrocinio entre Julio Grondona y el conglomerado ruso Renova, liderado por el petrolero Víctor Vekselberg.
El contrato compromete a Argentina a disputar 25 amistosos hasta 2011, en cada uno de los cuales Renova tiene derecho a imponer hasta 10 jugadores. La selección argentina se reunió el domingo pasado en Murcia para enfrentarse a España en uno de estos amistosos.
El partido se jugará con el vértigo propio de las competiciones más exigentes. Más que dos equipos, el estadio de "La Condomina" será el punto de encuentro de dos destinos. Argentina inicia un ciclo y España agota otro.
Argentina busca la reafirmación de una identidad que tiene bien asimilada mientras que España da palos de ciego en busca de su verdadero lugar en el mundo futbolístico.
Ambos conjuntos necesitan la victoria en distinto grado. Argentina la precisa para borrar el mal recuerdo del debut de Basile, una derrota con goleada ante Brasil (3-0). España necesita ganar para maquillar la peor crisis de su historia.
En lo único que se parecen estas dos selecciones es en que sus jugadores hablan castellano. Lo demás son antagonismos, empezando por los sentimientos.
Decía el "Conejo" Saviola hace unos días que cada vez que recibe la convocatoria de Argentina es como si los Reyes Magos le hicieran un regalo que lo devuelve a la infancia feliz. Para los españoles la llamada de la selección es una invitación a compromisos desagradables.
El clima político en España, marcado por nacionalismos acusados, la falta de un liderazgo y de una cultura del trabajo en la federación, y la escasez de entrenadores solventes en un ámbito que privilegia el márketing antes que el juego, han esquilmado a la selección de fútbol hasta convertirla en una especie de caravana ambulante del desasosiego.
El símbolo de la decadencia del fútbol español es Luis Aragonés, el seleccionador, que asumió el cargo tras la Eurocopa de 2004 para sacar al equipo de la depresión moral y darle un estilo de juego.
De la depresión no se puede decir que España haya salido. Al contrario. En su corto periodo en el banquillo Aragonés provocó un roce diplomático con Inglaterra, trasladó una imagen racista al llamar "negro de mierda" al francés Thiery Henry durante un entrenamiento.
Asimismo, se granjeó el desafecto de los organizadores del Mundial de Alemania al rechazar las flores que le regalaron cuando aterrizó antes del torneo, alegando que él no era homosexual con una frase socarrona que pretendía hacer reír al séquito de periodistas que le acompañaban. Luis Aragonés ha esgrimido en todos los casos una explicación excusante para descargarse de responsabilidades.
En el plano deportivo el seleccionador español no ha estado más afortunado que en el político. España complicó su clasificación a la Eurocopa 2008 al perder frente a Irlanda del Norte y Suecia. Los jugadores lamentaban esta semana el hecho de llevar dos años sin saber a qué atenerse en el campo de juego. "No estamos convencidos de lo que hacemos", apuntaba uno de los jugadores más célebres sin querer dar su nombre; "a veces no sabemos a qué jugamos".
Los futbolistas están hartos de la falta de claridad táctica del técnico. Luis Aragonés es responsable de una cadena de decisiones poco explicables.
Lo más misterioso de todo es su relación con el capitán, Raúl. Primero lo llevó al Mundial para tenerle en el banquillo, puesto que no estaba recuperado de una lesión; cuando Raúl se le revolvió y le pidió explicaciones sobre su suplencia decidió hacerle jugar como centrocampista, un puesto que Raúl desconoce; cuando, tras el fracaso de la Copa del Mundo, Raúl se recuperó, le dejó fuera de la lista.
Entre medias, el técnico anunció que dimitiría en dos oportunidades. Primero dijo que se iría si no alcanzaba las semifinales y a pesar de no llegar ni a cuartos de final permaneció en el cargo aduciendo que su palabra no valía de nada.
Después presentó su renuncia tras perder por goleada en Belfast y la revocó dos horas más tarde argumentando "connotaciones" sin precisar.
Los hinchas asisten perplejos a la desintegración de su selección. La afición española no es exigente con el fútbol y no espera nada importante a cambio.
En Murcia los entrenamientos del equipo han estado precedidos de un clima festivo. Como único reproche velado se han escuchado jaleos a los otros campeones del país. Ahí hay de todo, menos futbolistas. "¡Rafa Nadal!". "¡Fernando Alonso!". "¡Pau Gasol!".
