Operación 'Hagamos pelota el idioma'
CIUDAD DE BUENOS AIRES (EDICIÓN i). Con la facilidad que nos caracteriza para ver los defectos ajenos, los argentinos solemos quejarnos de "lo mal" que se habla en otros países, ya que para quienes tienen la suerte de viajar aunque sepan inglés no es fácil comprender a cualquier persona que en la calle intente darnos una dirección.
Hasta se complica, aún hablando en español, si estamos en Colombia, Venezuela, en el sur de España…y se observa, en general, que los distintos grupos sociales tienen especie de dialectos que nos resultan incomprensibles.
Pero reflexionemos sobre lo que puede llegar a entender alguien que aprende a hablar español; comprender un diálogo callejero en cualquier lugar de Buenos Aires. No sólo por las jergas que cada uno de los grupos, sino también, y en general, por el deterioro que ha sufrido nuestro lenguaje en los últimos años/décadas.
Como es habitual, las quejas apuntan siempre a los adolescentes, que parecen por momento ser los portadores de todos los males de esta sociedad y la pobreza del lenguaje es uno de los tantos cargos de los que se les acusa. Pero sus padres y maestros no son precisamente representantes de la Real Academia Española y ellos, como todos los argentinos, hemos sufrido una "devaluación" que no sólo afectó al peso argentino sino también a nuestro idioma.
André Martinet, el ya fallecido experto en lingüística, estudia en una de sus tantas obras cómo los sucesos históricos y sociales influyen en un idioma.
Este representante del funcionalismo francés, explicó que "Todo influye en la lengua, cualquier suceso, sea el que sea, y cualquier modificación de la estructura social". Su rótulo de funcionalista tiene que ver con que su pensamiento, enmarcado en el Círculo de Praga, ya que sostuvo como premisa que "la lengua es un instrumento de comunicación doblemente articulado, al que corresponde una organización particular de los datos de la experiencia."
Amplía diciendo que si el lenguaje sólo cobra sentido como medio de comunicación, y es toda la sociedad la que lo posee, el individuo no podrá cambiarlo porque constituye un conjunto de convenciones transmitidas de una generación a otra sin que las decisiones individuales interfieran realmente.
El futuro de la lengua está determinado por la evolución general de la sociedad. Pone el ejemplo de cómo cambió el latín desde la sociedad romana de campesinos, agrupados en tribus hasta la complejidad del Imperio.
Es muy útil repasar los cambios que ha vivido la sociedad argentina en los últimos años. Cambios que, por supuesto, no significan en todos los casos evolución si no que todo lo contrario.
Hechos como una década del ´90 embelesados con todo lo que viniese de otros lares, especialmente del "Primer Mundo", llevó que el auge del uso de expresiones en inglés se vea multiplicado en la manera de hablar de los argentinos; tan permeables a recibir lo ajeno siempre como algo mejor. Así se hicieron tan cercanos y nuestros fenómenos sociales y económicos expresados en palabras tales como "shopping", "country", "franchising", etc.
A caballo entre los dos milenios, llegó el auge de los negocios en Internet, por lo cual se adoptaron otro tipo de terminologías, también muchas en inglés tales o algunas con su traducción como "las puntocom", el CEO", "el IPO" que significa Oferta Pública de Acciones o salir a la Bolsa por primera vez. También "Capital Semilla" o "Seed Capital", que era el dinero que aportaban los inversores a los jóvenes "entrepreneus" o emprendedores que se harían millonarios vendiendo lo inimaginable a través de la red.
La burbuja se pinchó y a los argentinos se le pincharon muchos sueños también porque el país vivió una de sus mayores crisis: el corralito financiero, los cacerolazos, un presidente ‘escapando’ de la Casa Rosada en helicóptero, muertos en Plaza de Mayo, la devaluación del peso argentino, los "patacones", el uso de la tarjeta de débito, los "clubes del trueque".
Fenómenos todos que expresaban una patética situación social que requería nuevos términos para ser comprendida en su totalidad. A pesar de haber salido de ese pozo, la Argentina quedó con grandes deficiencias a todo nivel, pero sobre todo educativo y cultural ya que; como bien decía Maslow en su pirámide de necesidades, primero hay que tener la panza llena para preocuparse por cultivarse.
El panorama es poco alentador, porque las heridas se van notando cada vez más y el lenguaje es la primera de las víctimas. En la televisión, en los docentes, en los periodistas (que se supone que tenemos que ser sus más celosos guardianes). Y los más chicos que son la caja de resonancia de todo lo que los grandes no supimos o quisimos hacer. Pequeños grandes crímenes que se cometen en nombre de la modernidad, los tiempos, la informalidad y vaya a saber qué dioses.
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