ver más
podcast 7_hugo haime-336 cele

Final: A Castaño lo mataron porque quería cortar el negocio con el narcotráfico

El asesinato del jefe paramilitar Carlos Castaño ocurrió porque no quería cobrar un canon a los narcos cuando los otros jefes, como su hermano Vicente, sí querían hacerlo. Castaño estaba dispuesto a ir a USA a defenderse y un obispo católico comenzó la negociación que lo llevó a la muerte. Pésimo el obispo infidente, un horror la diplomacia estadounidense que no lo protegio, y sin palabras para Álvaro Uribe que ahora se dispone a legitimar la fortuna de los paramilitares narcotraficantes con una amnistía amplia.

BOGOTÁ (Cambio). El jueves de la semana pasada, al conocer por el Canal RCN las declaraciones de dos testigos del asesinato del jefe paramilitar Carlos Castaño, Salvatore Mancuso le pidió a un desmovilizado que le sirve de secretario en el sitio de confinamiento en La Ceja, Antioquia, que le tomara un dictado. "El 31 de marzo de 2004, ocho minutos después de haberse iniciado una reunión del estado mayor de las Auc con el Gobierno Nacional, su eminencia el obispo de Montería, monseñor Julio César Vidal, leyó una carta en la que Carlos Castaño nos informaba su decisión de renunciar a la mesa de negociación y a la comandancia de nuestro movimiento...".
Mancuso parecía estar redactando una especie de memoria sobre las últimas horas de Castaño, desaparecido el 16 de abril de ese año cuando un comando organizado por orden de su hermano Vicente lo atacó a tiros en el granero de la finca Rancho al hombro, en San Pedro de Urabá. Sin embargo, obedecía en realidad a una recomendación de cautela que le hicieron sus abogados: si le resultaba ineludible referirse al caso de Castaño debía hacerlo por escrito, previa reflexión cuidadosa sobre los términos que emplearía.
Ese jueves, reporteros de CAMBIO llamaron a Mancuso a la sede de Prosocial, en el municipio antioqueño, para confirmar una versión según la cual a mediados de 2004 monseñor Vidal le entregó a él copia de una carta que Castaño pensaba enviar a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá en busca de una negociación para su entrega a ese país. Esa carta habría sido el detonante del complot contra Castaño, pues varios de sus compañeros temían que los delatara ante Washington y los hiciera incluir en la lista de extraditables.
Después de pedir una hora para responder la pregunta, el jefe paramilitar le ordenó a su secretario leer telefónicamente una declaración en la que, sin aludir a la pregunta, aseguraba que lo último que supo de Castaño por boca del prelado fue su determinación de no acudir a las mesas de diálogos, como lo expresó por escrito y en tono decepcionado.
De acuerdo con la declaración escrita por Mancuso, Castaño se declaraba decepcionado en su carta pues sentía que sus opiniones ya no eran tenidas en cuenta por los demás comandantes.
Ese mismo día, mientras cumplía una misión pastoral en una zona remota de Córdoba, monseñor Vidal comentó telefónicamente que habló en algunas ocasiones con Castaño, pero que no recuerda haber conocido ninguna carta en la que este develara su intención de buscar el amparo de Estados Unidos.
"Siempre advertí en Castaño una inquebrantable decisión de parar la guerra y ponerse al servicio de la paz", señaló el obispo.
La posible existencia de la carta está ligada a una información recibida por los servicios de inteligencia colombianos y por la propia Embajada de Estados Unidos. Aunque insistió en que no hubo negociación entre Castaño y Estados Unidos, una alta fuente de la misión diplomática aseguró que el entonces jefe de los paramilitares habría buscado al pastor de la Iglesia Católica en Montería para enviar con él la carta en la proponía el acercamiento.
Esta versión coincide con la que manejan abogados cercanos al proceso de paz con las autodefensas. Según uno de ellos, cuando los miembros del estado mayor de las Auc conocieron la intención de Castaño y se notificaron de su determinación de no participar en la negociación, discutieron en privado qué harían con él. "Por encima de los intereses de sangre, están los intereses de la organización", dijo en aquella ocasión Vicente Castaño, El Profe, hermano de Carlos. "Esa frase resultaría lapidaria porque era, ni más ni menos, el anuncio de que el destino trágico de Carlos Castaño estaba sellado por su propio hermano", dijo la fuente.
'Narcos', tras bambalinas
Aquella era la época en que Castaño tenía varias razones para estar inquieto y preocupado. El nacimiento de su hija, con un serio problema en la piel, coincidió con la divulgación de la noticia de que el fiscal John Ashcroft lo pedía en extradición como miembro de uno de los mayores carteles del narcotráfico en Colombia.
Pocos días antes de enviar al "estado mayor negociador" la carta leída por monseñor Vidal durante la reunión con el Alto Comisionado para la Paz, Castaño concedió una amplia entrevista a la periodista Cecilia Orozco para su libro ¿Y ahora qué? En ella declaró que estaba dispuesto a demostrarle al país, a Estados Unidos y al mundo entero que no tenía relación alguna con narcotraficantes ni quería saber nada de ellos. Es probable que supiera ya que algunos de sus compañeros en las Auc estaban dispuestos a albergar a varios mafiosos en el proceso de negociación.
Aguda, la entrevistadora le preguntó ¿qué tenía que decir acerca de la muerte de un piloto que estaba condición de testigo protegido por la Fiscalía y con el secuestro de otro dispuesto a desnudar sus vínculos con el narcotráfico? "Le contesto -respondió entonces Castaño- con un mensaje que le envié a mi abogado, el doctor Joaquín Pérez: 'Nunca conocí al denunciante que dice que estuvo detenido en mi región. Tampoco conocí a un piloto que asesinaron en Bogotá hace unos meses y que supuestamente era testigo en mi contra. Lo juro ante la justicia y ante Dios. No conozco a un tal Sierra, también pedido en extradición, dizque como cómplice mío. No sé quién es. Yo soy enemigo del narcotráfico y no es justo lo que hacen conmigo. Sin embargo, no voy a esconderme de Estados Unidos. Aquí estoy'".
El "tal Sierra" al que se refería Castaño era Juan Carlos Sierra, el narco cuya inclusión en la lista de eventuales beneficiarios de la Ley de Justicia y Paz tiene en apuros el proceso y es motivo de una fuerte controversia pública entre Sergio Caramagna, Jefe de la Misión de Apoyo de la OEA al Proceso de Paz, y el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo.
Era obvio entonces que Castaño resultaba, desde entonces, incómodo para los demás jefes interesados en venderles cupos a los narcotraficantes en un proceso que les permitiría ganarse un "indulto jurídico", meta que hoy están a punto de conseguir.
Por eso el desaparecido jefe paramilitar se situó, quizá sin saberlo, en el punto de no retorno de un conflicto que se zanjaría con su muerte.

Más Leídas

Seguí Leyendo