Segun The Economist, Insulza enojó a los republicanos y sus aliados por suspender a Honduras de la OEA después del golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya y por defender la vuelta de Cuba a la organización. Aunque la OEA “no inspire mucha confianza en Washington DC”, se trata del único organismo multilateral regional que incluyó a USA, mientras los otros foros, que son los hoy día dominantes, son exclusivamente latinoamericanos y excluyen a USA.
A juicio de The Economist, la decisión de los republicanos fue de una torpeza enorme porque se han quedado sin lugares donde debatir con los gobiernos latinoamericanos.
The Economist también mencionó los TLCs (tratados de libre comercio) firmados entre USA y Colombia, y USA y Panamá, que aguardan aprobación del Congreso estadounidense.
En el caso de Colombia es insólito: el país que ha recibido mayor ayuda militar estadounidense en la región, no consigue que se le incluya en el TLC que negoció con USA. Esa situación volvió ridícula la política exterior de Álvaro Uribe Vélez, y obligó a su sucesor, el más lógico Juan Manuel Santos, a recapacitar acerca de la relación de Colombia con Latinoamérica, algo que hizo con éxito Santos. Por ejemplo, recuperó la relación con Venezuela.
“Asuntos que importan mucho a América Latina –drogas, migración, comercio y Cuba– son hoy definidos por la política doméstica” de USA, cuando no deberían integrar la agenda interna de USA, comenta The Economist.
Y eso marca una extraordinaria decadencia de USA en la región, permitiendo el ascenso, básicamente, de Brasil, que tiene sus propios intereses y prioridades, tal como se lo demostró a USA en su relación con Irán, con Libia, con Siria, con China y los otros países de BRICS.
La insatisfacción latinoamericana con USA se hizo explícita en la declaración del presidente de México, Felipe Calderón, quien dijo que los estadounidenses también eran “responsables” por el atentado ejecutado por narcotraficantes que provocó 52 muertos en un casino en el país que integra el NAFTA. El gobierno mexicano reclamó, en muchas oportunidades, a su vecino un mayor control en el comercio de armas, y USA nunca respondió en forma satisfactoria, por cuestiones de su política interior.
“Mientras USA sufre una creciente restricción regional a causa de sus disputas domésticas, América Latina está cambiando rápidamente. Una década de crecimiento económico, intercambio floreciente con China, democracias más consolidadas y el advenimiento de gobiernos de centro-izquierda han ayudado al afianzamiento de la región”, dice The Economist.
“En ningún lugar eso es más real que en Brasil”, reflexionó la revista, resaltando, a la vez, la relación “distante y desconfiada” entre USA y Brasil.
El caso más concreto es la tentativa de Brasilia, boicoteada por USA, de mediar en la crisis nuclear de Irán. La buena relación personal de Barack Obama con Dilma Rousseff, podría “establecer vínculos más estrechos” entre ambos, dice la revista, y ahí sí que The Economist comete un enorme error, probablemente resultado de su voluntarismo antes que de su capacidad informativa.
La política exterior de Brasil depende en forma muy escasa de sus presidentes. La política exterior de Brasil la establece la Cancillería, que tiene su sede en Itamaraty, y es un conjunto de profesionales bastante organizados. Es considerable el error de The Economist en ignorar que el canciller actual, Antonio Patriota, como el ex canciller y ahora ministro de Defensa, Celso Amorin, tienen enfoque muy definidos sobre el rol de Brasil en el mundo, y son críticos de USA.