Todos los estudios de esa industria, que tiene su territorio básico en Canoga Park, California, suspendieron voluntariamente sus operaciones hasta que se lleven a cabo pruebas a la persona que tendría el virus, a los actores y actrices con los que participó en filmes, y a las parejas sexuales de esos empleados.
La Coalición de Libre Expresión, que representa a los estudios, actrices y actores, informó que se había enterado desde el fin de semana sobre el caso de contagio.
Sin embargo, sólo informó del caso luego de convocar a una moratoria de todos los filmes en desarrollo actualmente en California: es decir, que sus actores y actrices se sometieran a una nueva ronda de exámenes clínicos.
Según la Coalición, el contagio habría ocurrido fuera de California (¿fue en Nueva York?), y aseveró que no habría "nada que haga suponer que afecte a las industria en California".
De cualquier forma los estudios solicitaron "una 2da. generación de análisis", adicional a otra que los actores y actrices se practican con regularidad.
La industria de la pornografía factura US$ 10.000 millones anuales, según diversas fuentes, y los principales estudios se ubican en California y luego en Nueva York.
En 2004 el actor porno Darren James fue diagnosticado con el virus HIV. El diagnostico fue hecho en un establecimiento medico afilado a la fundación de salud medica de la industria del cine adulto, que identificó a 12 actrices que habían trabajado con James desde su anterior resultado negativo, y ellas fueron puestas en cuarentena de inmediato + 3 actrices que resultaron infectadas por el actor, lo cual causo pánico en la industria.
En esta ocasión el examen fue hecho en un establecimiento médico no afiliado a la fundación y por esta razón, se hizo difícil determinar el número de personas que podrían haber sido expuestas al virus HIV.
Esta situación revive el debate acerca del uso de condones en la industria porno, pero resulta que el público no quiere ver condones...
También, la necesidad de métodos pruebas efectivos para detectar enfermedades de trasmisión sexual en actores activos.
La fundación de salud médica de la industria del cine adulto, la cual proveía estos servicios médicos, quebró sus puertas en mayo de 2011, y su ausencia hace más difícil mantener los actores y actrices seguros contra las infecciones del HIV y otras enfermedades.
"'¿Usted cree que debe ser obligatorio el uso de condones para actores de cine porno?' Esta podría convertirse en una de las preguntas que deberá responder el electorado de California en junio de 2012, de prosperar una iniciativa de la organización no gubernamental AIDS HealthcareFoundation (AHF).
Esta ONG, dedicada a la lucha contra el VIH/SIDA, se ha abocado a la tarea de juntar firmas para llevar su propuesta a las primarias de 2012: en concreto, quieren que el uso de protección sea impuesto a los trabajadores del entretenimiento para adultos como condición para que el gobierno del condado de Los Ángeles entregue permisos de filmación.
"Hay miles de casos de enfermedades de transmisión sexual entre actores y actrices. Creemos que ellos tienen que tener las mismas protecciones que los trabajadores de otras áreas. Si alguien se emplea en construcción, usa casco y anteojeras; entonces, si trabajan en una industria donde las enfermedades sexuales son una amenaza, ¿por qué no tomar recaudos en este aspecto?", señala Michael Weinstein, presidente de la fundación, en diálogo con BBC Mundo.
La cruzada a favor de los condones comenzó cuando, en 2004, varios actores de cine adulto estadounidense dieron positivo por VIH, lo que llevó a que la industria suspendiera sus actividades por un mes. Cobró nuevo ímpetu en 2009, después de que el Departamento de Salud Pública angelino revelara que se había detectado una veintena de casos de contagio del virus en los últimos años.
Pero los resultados no han sido alentadores: la AHF ha tratado, sin éxito, de lograr apoyo de los legisladores estatales para la aprobación de medidas más estrictas.
Por eso, señala Weinstein, ahora apelan a la gente.
"La industria del porno tiene mala imagen, así que suponemos que la gente va a apoyarnos. No es una propuesta anti-porno, no debe ser interpretada así: es una cuestión de salud pública y de justicia para estos trabajadores", señala el activista.
Meca erótica
El valle de San Fernando, a unos 20 kilómetros de Hollywood, es la meca del cine porno estadounidense. Las estadísticas más conservadoras señalan que el condado otorga unos 40 permisos mensuales a producciones triple-X, pero son al menos el doble las que están en rodaje sin autorización oficial.
Aunque existen controles estipulados por la División de Seguridad y Salud Ocupacional del gobierno (DOSH, por sus siglas en inglés), los activistas señalan que no son suficientes.
"Tienen poco personal y responden sólo ante reclamos, y la mayoría de la gente en la industria no reclama porque depende de este negocio para vivir. ¡Hasta los animales que se usan en las películas tienen más protección que los actores eróticos!", denuncia Weinstein.
Así, la medida que busca apoyo público apunta a que el consejo de la ciudad limite las autorizaciones de filmación a aquellos productores que respeten el uso de condón obligatorio. Además, estipula que cada producción deberá pagar una cuota que ayude a subvencionar los controles en los sets.
Luz, cámara… sexo sin protección
Haciendo frente a esta cruzada está un sector poderoso de la poderosa industria cinematográfica, que no quiere perder ya más terreno después de los embates de la piratería, los contenidos porno gratuitos que ofrece Internet y los efectos de la recesión económica.
"Para estos actores ya es difícil sobrevivir, no podemos encima imponer nuevas reglas que van contra lo que las audiencias piden", expresa a BBC Mundo Diane Duke, directora ejecutiva de la Coalición por la Libertad de Expresión (FSC, en inglés), una entidad que hace lobby por los productores triple-X.
Aunque no hay cifras certeras, Duke señala que el negocio de la pornografía podría rondar los US$13.000 millones anuales en Estados Unidos, aunque muchos señalan que el número es exagerado. Otras fuentes, como la publicación The Economist, valúan el negocio en la mitad de ese valor.
Lo cierto es que hay dinero y fuentes de trabajo en juego y los voceros del porno defienden su capacidad de autorregulación: una vez al mes, los actores deben someterse a pruebas de VIH y otras enfermedades y aquellos que están "limpios" pasan a una base de datos de trabajadores disponibles.
"Tenemos un índice cada vez más bajo de transmisión de enfermedades, lo que prueba que el programa ha sido exitoso", señala la directiva de FSC.
Reticentes
Ahora, ¿por qué los actores del cine sexual no son los primeros interesados en defender una medida que los dejaría cubiertos frente a los rigores de su ocupación?
Los activistas pro-regulación señalan que existen presiones de los productores para que las filmaciones sean "libres de condón".
Desde la industria, señalan que los métodos de protección dificultan la tarea de los mismos actores.
"No somos anti-condones, sino que estamos en contra de que el gobierno regule la conducta sexual. Creemos que cada actor debe decidir y la mayoría prefiere no utilizarlos", insiste Duke.
En tanto, un actor ha tomado el asunto en sus manos: tras dar positivo por VIH en octubre pasado, Derrick Burts salió a defender públicamente el uso de condones en el cine porno.
Este actor bisexual, protagonista de cintas para públicos gay y heterosexual, reveló además que había contraído varios males a partir de su trabajo, como herpes y gonorrea.
"Debería ser obligatorio el condón en el set", señaló Burts, de 24 años. Y agregó: "Ganar 10 o 15 mil dólares por hacer porno no valen tu vida. Los actores deben ser educados".