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40 años de la macabra Revolución Cultural

El 16 de mayo de 1966, el Partido Comunista Chino realizó un pronunciamiento contra la "burguesía cultural" que inició una increíble década de muerte, atraso y destrucción.

El régimen comunista chino niega "por decreto" su pasado más sangriento, un lujo que sólo puede permitírselo una dictadura que sigue siendo gobernada por los herederos de su fundador, Mao Tse Tung, responsable de ese pasado que ahora ellos silencian.
Pero es difícil sepultar lo que, también "por decreto", se ordenó hace 40 años: una encarnizada lucha por el poder entre el bando más izquierdista del Partido Comunista Chino (PCCh), encabezado por Mao, y el más derechista o reformista, del que finalmente sobrevivió Deng Xiaoping, sucesor del 'Gran Timonel'.
Pero el Partido único penetró de tal manera en todas las campas de la sociedad china que esta lucha interna degeneró en una gigantesca cacería humana que se extendió de 1966 hasta 1976, la conocida como Década del Terror o Revolución Cultural.
Durante esos 10 años de terror, cualquier rumor podía convertir a cualquier en "enemigo del Pueblo", con escasa posibilidad de defenderse o de sobrevivir a esta 'Inquisición roja'.
Nadie sabe a ciencia cierta cuántos perecieron, acusados de colaborar con el enemigo burgués o de no demostrar suficiente entrega a la Revolución, pero se llevó por delante a lo mejor de los intelectuales, académicos y artistas chinos de la época, y arrasó también con símbolos considerados de la "opresión feudal", como templos, iglesias, mezquitas y obras artísticas.
Sólo con la muerte de Mao, el 7 de septiembre de 1976, se puso fin a este dramático experimento mal llamado "cultural".
La veneración de Mao como el fundador de la Nueva China permanece intacta desde entonces, pero los otros impulsores de la Revolución Cultural fueron perseguidos por sus enemigos dentro del PCCh. La Banda de los Cuatro fue declarada culpable y su jefa, la esposa de Mao, Jiang Qing, condenada a muerte, pena que fue conmutada años después.
Todo empezó cuando Jian Qing incitó al crítico Yao Wenyuan para que ataque a su adversario, el alcalde de Pekín, por permitir una polémica obra de teatro. Su estrategia provocó que el 16 de mayo de 1966 el PCCh critica con dureza al alcalde por dicha obra, que denunciaron como "burguesa".
Ambos, junto con Zhang Chunqiao y Wang Hongwen, integraron la Banda de los Cuatro, cerebro intelectual de la Revolución Cultural que animó a Mao, el 25 de mayo de ese año, a denunciar en un comunicado que "miembros de la burguesía se han infiltrado en todos los niveles del Partido".
Al llamamiento responden miles de jóvenes estudiantes, que serán el germen de la célebre y temida Guardia Roja, responsable de una ola de persecución indiscriminada en la que millones de personas fueron asesinadas, torturadas y encarceladas.
Destacadas figuras comunistas fueron perseguidas, como el simbólico jefe del Estado, Liu Shaoqi, que moriría en 1969 en un campo de detención tras ser acusado de "traidor capitalista", o Deng Xiaoping, secretario general del Partido, que fue sometido tres veces a procesos de reeducación.
Incluso Lin Biao, de ala intransigente y por ello elegido por Mao como su sucesor, cayó en desgracia y se desencadenó una "guerra en la sombra" que acabó con un fallido intento de golpe de Estado contra Mao.
Lin Biao murió en 1971 en un extraño accidente de avión junto a su familia cuando huía a la Unión Soviética.
En los años siguientes, la Banda de los Cuatro cebó sus campañas de desprestigio en el entonces primer ministro Zhou Enlai, pero el hartazgo de una población conmocionada por la violencia hicieron que fueran infructuosas.
El final oficial de la Revolución Cultural llegó pocas semanas después de la muerte de Mao, en septiembre de 1976, cuando su sucesor, Hua Guofeng, con el apoyo del Politburó del PCCh ordenó el arresto de la Banda de los Cuatro.
El gobierno chino considera que la Revolución Cultural fue un desastre, pero no olvida que los protagonistas de entonces lo hacían en nombre del PCCh, el mismo partido que sigue hegemónico; así que, para evitar que las nuevas generaciones no se vuelvan contra el régimen comunista, se ha decido simple y llanamente ocultar la historia.
Por eso, la fecha que se conmemora hoy pasará desapercibida en China. Probablemente el único acto que se recuerde sea un seminario de la Academia China de Ciencias Sociales, "casi secreto y del que se ha pedido no dar demasiada publicidad".
Esa negación del pasado contrasta con la insistente cobertura mediática que China dedica desde hace años a los crímenes cometidos en los años 30 y 40 por el Ejército japonés, a la vez que el gobierno chino pide paradójicamente al nipón que "tome la historia como un espejo".

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