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Lecturas, o el afán de ser mejores

¿Por qué se habrá perdido el afán por la lectura? ¿Por qué la enseñanza no logrará reparar semejante pérdida?

ROSARIO (Especial para Urgente24). Debido a que querían regalarle un o unos libros al padre de un conocido, a quien también conozco, al padre, digo, hice una pregunta que normalmente niego: qué lees. En este caso: qué lee tu padre. La respuesta, obvia, fue hecha con fineza y no me sentí humillado por otro, fue interna la tonta sensación de eso, de la tontería. Lee cualquier cosa, sabe leer, lee... Eso me contestaron.
En los tiempos en los que he vivido, algunas décadas ya, la lectura fue y es obligatoria.
No salíamos de aventura sin Salgari, sin Scott, sin Stevenson, en mi caso sin Quiroga, sin Howard Fast, Erskine Caldwell, sin la "colección Rastros" y las mas bellas páginas de ilusión, las de historietas. Todas las historietas, las rastreras y las sublimes, sublimes todas.
Me sentí muy tonto preguntándole, a alguien mas veterano,  por el hábito de la lectura, que nos fue dado como construcción. Me corrijo, nos fue impuesto.
Imposible crecer sin leer, imposible dudar sin la lectura, imposible levantar el vuelo sin la palabra, en tinta negra sobre malos papeles para la pulp fiction de Editorial Tor y la buena, la de  Losada, por ejemplo.
La conmoción de salutaciones para el día del periodista, otra tontería a la que me someto a desgano, vino de la mano del intercambio epistolar de...¡ si: lee!, si, el viejo lee lo que le pongan delante, hasta poemas no tan santos de algunos familiares, confesó el conocido hijo de un conocido amigo. La respuesta me hizo reflexionar mucho mas que el saludo de un jefe de policía a quien no conozco y me manda una tarjeta a mi casa. ¿Cómo supo mi dirección...? Tiemblo por cosas como esas.
La respuesta sobre el padre lector me desnudó por su simpleza. ¿Que se puede esperar de alguien que tuvo la lectura como peaje hasta la adultez...?. Se puede esperar eso: que lea.
Y en qué momento, de qué manera la vida nos quitó el legado de leer y exigir que lean ya que ahora--los indicadores son brutales-- se lee menos y se piensa menos...
No lo se.
Como de buscar culpables se trata ya que, se sabe, toda inquisición deriva en eso, supongo que la culpa fue de nosotros, los lectores, que no supimos, no quisimos, no pudimos frenar la censura del alma, las alas cortas, la castración del sueño que había en la lectura y aceptamos el reemplazo por otros torpes formularios para volar con Scherezade y la princesita, como era de esperar, no voló mas.
La murga, los cantitos, el bombo antes que el violín, la patota antes que la biblioteca, el televisor antes que  el velador de sueños y el libro a mitad leído caido sobre un lecho donde todo, ay,  ha sido reemplazado por el control remoto y el delívery, la colección de números de fantásticos delívery's...
Es fácil, al buscar culpables, encontrar al gobierno y por cierto que lo es.
En Argentina los gobiernos, en tiempos reales, han sido, durante todo el siglo 20, alternativamente dictatoriales o elegidos por alto porcentajes de sufragantes y hay un hecho paradojal: No hay mucha diferencia en la política educativa.
El ejemplo mayor: la cultura es secretaría, cuando no subsecretaría, y la instrucción  tiene tomado un ministerio.
Cualquiera sabe que "la cultura" es mas amplia, mas completa, mas devastadora en su ausencia que el silabeo. Milico o civil ha dado igual; si lo sabían lo desdeñaron, si no lo sabían no quisieron alterar lo conocido. Se rindió el país, nosotros, al abandono, la pérdida, el triste olvido del libro que  anunciase cosas imposibles, como el aumento de lectores.
Los diarios se "leen" menos, las revistas igual, de hecho los libros han sido reemplazados, para estudios formales, por hojas copiadas de algún capítulo de un libro que jamás se reconocerá porque jamás se conoció.
Una vez conté de egresados de medicina que aprendieron a colocar una inyección en un pedazo de pulpa de novillo y jamás vieron un cadáver en la mesa de disección. De abogados que saben de memoria un capricho legal de un profesor y de arquitectos que rinden su último trabajo con una computadora. No hablar, por favor, de sociólogos sin sociedad y sicólogos con ansiolíticos.
Todos los estamentos, todas las escalas del conocimiento han sido bombardeadas, las hemos bombardeado.
En qué libro activé la espoleta,  con cual novela empecé la cuenta regresiva porque soy lector, lo era, seguiré siéndolo pero no he sabido, para nada, trasladar la virtud, la he convertido en vicio, en un mal hábito que la sociedad está abandonando. Soy culpable, no estoy solo.
Bombardeamos Babel. ¿Fue necesario matar la biblioteca de Alejandría?. ¿Si...?
Soy Moebius en estas cosas, soy --si quiere--circular. Deberé encontrar la respuesta en alguna lectura.
El que mas lee mejor interpreta lo que sucede y mas desea trascender, aseguran.
No es lo que dice el Ministerio de Educación y la Secretaría o subsecretaría de cultura que nunca tendrá presupuesto. Nunca.¿ Para qué?
Para que...para que alguien lea e interprete, imagine y sospeche o peor: pregunte. ..Nooo...
Argentina no ha llegado, aún, a la edad de los "porque". Pero ni siquiera lo sospecha. No lee. Es ley y se cumple.

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