Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la pérdida de peso, las fiebres aparentemente sin motivo, la palidez, los dolores de cabeza, la pérdida repentina del equilibrio, los cambios en el comportamiento, los hematomas frecuentes y las hemorragias sin explicación aparente.
El cáncer más frecuente en los niños es la leucemia, que representa una tercera parte de los casos detectados en Europa, Asia y el continente americano.
El tipo más predominante entre los menores, particularmente de raza blanca, es la leucemia linfoblástica aguda, que ataca las células de la médula ósea encargadas de la producción de linfocitos.
Los tumores del sistema nervioso central, que afectan el cerebro y la médula espinal, constituyen el segundo tipo de cáncer más común, particularmente en los países en desarrollo, según indica la UICC en su estudio.
En 3er. lugar se encuentran los linfomas, que son tumores de los ganglios linfáticos, un tipo de cáncer que se observa en mayor medida en el mundo desarrollado.
Alrededor de 7 millones de personas murieron víctimas del cáncer en 2005 y cerca de 11 millones de nuevos casos fueron diagnosticados.
Según la UICC, un 12% de muertes a nivel mundial son causadas por tumores, una enfermedad cuya tasa de mortalidad es dos veces superior a la del sida
Terapias
Desde hace años, las terapias disponibles para el tratamiento de estos pacientes han permitido mejorar significativamente las tasas de supervivencia así como la calidad de vida de los afectados, pese a lo cuál sigue siendo la segunda causa de muerte entre el primero y los 14 años de vida.
Entre los motivos para la esperanza, las estadísticas que dicen que hasta el 76% de los casos pueden curarse, llegando hasta el 90% en algunos diagnósticos concretos.
El cáncer infantil puede manifestarse al inicio con unos síntomas muy 'sutiles', por lo que su diagnóstico puede ser difícil. Por eso es importante que los padres acudan a las revisiones periódicas del niño con el pediatra y estén atentos a cualquier signo de alarma que indique que su hijo está enfermo.
Algunas de estas señales pueden ser falta de energía, dolores de cabeza frecuentes, pérdida de apetito, fiebre persistente, pérdida de peso, dolor de huesos, aparición de un bulto o inflamaciones inusuales...
Entre el 1er. y 4to. año de vida es cuando aparecen la mayor parte de las neoplasias infantiles, que afectan con más frecuencia a los niños que a las niñas.
Ante la sospecha de un cáncer, los especialistas realizan una serie de pruebas para determinar de qué tipo de tumor se trata y ver hasta dónde se ha extendido la enfermedad. Para ello realizan analíticas, estudios radiológicos y otras más específicas.
El diagnóstico final depende del microscopio; es decir, hay que estudiar el tejido enfermo mediante una biopsia, estudiar la médula ósea y esperar al resultado del estudio de anatomía patológica. Sólo entonces se puede confirmar el diagnóstico de un cáncer y seleccionar a partir de ahí el mejor tratamiento para cada paciente.