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Verbitsky, Morales Solá y Wainfeld: Ibarra tiene el presente que se merece

Fragmentos muy interesantes de las columnas de Horacio Verbitsky, Joaquín Morales Solá y Mario Wainfeld sobre la suspensión de Aníbal Ibarra y su juicio político.

Horacio Verbitsky en Página/12:

"Tuvo la actitud escurridiza y culposa de quien tiene algo que ocultar. En vez de acercarse a Cromañón se escondió en un centro de control que estaba a cuatro cuadras. Antes de reunirse con los familiares de las víctimas lo hizo con la cámara de propietarios de boliches. Descargó la responsabilidad en la policía y los bomberos. Se negó a dar explicaciones ante la Legislatura.

Cuando no tuvo más remedio que hacerlo dijo que asumía la responsabilidad y a lo largo de dos interminables sesiones las rehusó una tras otra y no pudo contestar la única pregunta que importa: ¿por qué no fue controlado ni clausurado el boliche al vencer su autorización, cinco semanas antes del incendio, pese a todas las advertencias recibidas, de la Defensoría del Pueblo, de la Auditoría y de la Legislatura de la Ciudad?

Intentó fugar hacia adelante con la convocatoria a un referéndum, bastardeando un instrumento participativo que no fue concebido para legitimar un mandato sino para revocarlo, como herramienta del ciudadano contra las autoridades, no a la inversa.

(...) Al comenzar las sesiones de la Comisión Acusadora de la Legislatura empapeló la ciudad con carteles que acusaban un golpe institucional.

A pesar de todas esas maniobras y de muchas otras de la más vulgar politiquería, la Comisión Acusadora dispuso con dos tercios de los votos la apertura del juicio político.

Aun luego de la votación de ayer, insistió en identificarse con las instituciones, sin advertir que la apertura del juicio político ante un ostensible mal desempeño es parte del juego institucional y que el voto popular está bien defendido por los mecanismos que prevén la sucesión en casos como éste.

Rodeado por un batallón de bulliciosos funcionarios, pretendió que había dado la cara frente a la sociedad, repitió lugares comunes sobre la verdad y la justicia que en su boca y en este momento son una burla y dijo que era víctima de una revancha política, argumento insostenible cuando sólo 7 legisladores sobre los 45 de la Comisión se opusieron al procedimiento (lo cual supone la suma de muchos bloques distintos, incluidos varios ex compañeros que se alejaron de Ibarra por disensos con su gestión) y 6 se abstuvieron, porque les dio vergüenza hacerlo en contra.

La absoluta soledad política de Aníbal Ibarra, en el sistema institucional y en las calles, y su no menos absoluta incapacidad para hacerse cargo de las consecuencias de sus actos y de sus omisiones, testimonia un nuevo fracaso de las alternativas progresistas en la política argentina y advierte que luego de la crisis de 2001 no hay mucho espacio para gatopardismos y que el cambio de las prácticas corruptas sigue al tope de la agenda social."

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Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:

"(...) Ibarra no estaba predestinado a ser reelegido jefe de Gobierno en 2003, pero la suerte es, a veces, más fuerte que la inteligencia. Un mes antes de esa elección, Kirchner fue elegido presidente y atravesaba una luna de miel con la sociedad. Decidió que Mauricio Macri, que había ganado la 1ra. vuelta de los comicios por el gobierno porteño, no debía auparse en el liderazgo de la Capital.

Fue Kirchner quien empujó la reelección de Ibarra para frenar a Macri, temeroso de que éste se convirtiera, desde esta ciudad, en un serio competidor en las presidenciales de 2007.

La historia no se escribe con líneas rectas, sino con continuos zigzag: ¿y si el drama de Cromagnon se hubiese abatido sobre un eventual gobierno distrital de Macri, como no puede descartarse ahora? Macri sería hoy la víctima en lugar de Ibarra.

Durante un año, Kirchner puso sus manos sobre las espaldas de Ibarra; sabía que la ruina de éste terminaría por emparentarlo con el fracaso. Pero, al mismo tiempo, tomaba distancia de él, porque nunca dejó de desconfiarle como funcionario público.

(...)

El viernes Ibarra hubiera salvado la vida política por un pelo; el lunes la perdió. ¿Qué sucedió en esas 48 horas? Sucedió el escándalo del caso Borocotó, tal vez la peor operación política en la que se haya embretado el kirchnerismo.

(...)

Kirchner ganó a Borocotó y perdió a su aliado Ibarra. Ganó un diputado nacional, cuando todo indica que controlará la Cámara baja, pero se sometió a un monumental desgaste en el distrito más sofisticado y expuesto. La suma y la resta política dejan resultados adversos para el Presidente. (...)"

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Mario Wainfeld en el diario Página/12:

"El comienzo del juicio político a Aníbal Ibarra es una circunstancia inédita en la historia institucional de la Ciudad, cuya gravedad es difícil de exagerar. La oposición logró la esforzada mayoría especial requerida por la Constitución, sin que le sobrara un voto. Fueron los votos exactos, pero fueron una carrada de votos.

El ibarrismo, tras su amague decepcionante de consulta popular (frustrado por una sinergia de dificultad operativa, magra voluntad y carencia de militancia), se empacó en una táctica casi única: que Ibarra zafara por un voto o dos. La jugada, peliaguda desde el vamos, se desbarató en el tenso final.

Si se despoja de hojarasca anecdótica la saga política discurrida entre la tragedia de Cromañón y el día de ayer, puede concluirse que la tendencia general de la votación estaba cantada desde enero.

(...)

Ibarra paga un costo sideral por no haber sido capaz de acumular, en dos mandatos, una representación legislativa que le garantizase gobernabilidad. Pero el jefe de Gobierno privilegió por urdir coaliciones transitorias y apostar a la aprobación (o al menos la aquiescencia) de la opinión pública. Su estrategia exitosa durante más de un lustro devino talón de Aquiles cuando un estrago melló su reputación y un colectivo sufriente (capaz de conmover a las gentes del común y de hacer lobby parlamentario) lo enfrentó, incluso en la arena mediática.

(...)

La Sala Acusadora actual tiene 15 miembros y necesita el voto de 10 para condenar a Ibarra. En la actual composición, cuyo mandato cesa el 10 de diciembre, el acusado cuenta con cinco votos de fierro. Necesita uno más, como mínimo, cifra que baqueanos propios y ajenos creen que podría lograr. Podría, se reitera.

Con la nueva integración del cuerpo debe llegar el sorteo de una nueva sala que es peliagudo, como se detalla en nota aparte. A primera vista, la nueva composición legislativa hace improbable que, en un sorteo que debe respetar las proporciones entre partidos y alianzas, Ibarra supere el tercio de vocales en la Comisión.

Así las cosas, es de libro que Ibarra procurará adelantar el escenario de la votación para que la concrete la actual Sala Juzgadora. Hay una parte de los trámites que depende sólo de él, es la cantidad y dificultad de las pruebas que ofrezca. Pero hay plazos que puede estipular la propia sala en la que el ibarrismo sería, otra vez, minoría. (...)

Existen argumentos legales que abonarían la celeridad. Uno es la congruencia de todo el cuerpo, no sería deseable que acusara "una legislatura" y fallara "otra". Además, es muy discutible en un trámite emparentado con el juicio oral y público pueda comenzar con un tribunal y seguir con otro sin incurrir en nulidad.

Si el anhelo ibarrista no prosperara, el sorteo de la nueva Sala sería todo un intríngulis. Deben respetarse las proporciones de un archipiélago de bloques y excluir, por prejuzgamiento, a los que integraron la comisión acusadora. (...)".

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