Así comenzaron las elecciones selectivas. Muchos se quejaron de "la Cuota", que implicaba que solo ingresaban X número de judíos por año.
Allí comenzó el mecanismo de los ensayos, donde aspirantes escribían por qué deseaban que les concediesen el honor de ingresar en aquella institución. De este hecho se desprendió la posibilidad de elegir por atributos a los aspirantes, por ejemplo, a una clase poco favorecida y, en segundo lugar, dio lugar a hechos de inmensa subjetividad, pues ante dos promedios idénticos, los examinadores elegían según un criterio que difícilmente podían explicar.
Durante la Segunda Guerra Mundial Yale se dedicó a "proteger su marca" y una gran número de judíos fue eliminado de las listas de admisiones.
Hemos sido criados, sostiene Traub en la idea de la meritocracia, y que esta ha logrado reemplazar el orden poco democrático de la década del ´40. Pero la idea de cerebros premiados proviene de 1960. Los cambios que trajo la Guerra Fría en los conceptos de competencia también convirtieron al "poder del cerebro" en una fuente preciosa.
La igualdad de oportunidades, es para Karabel, nada más que un mérito. El proceso de selección de las universidades se entiende como un símbolo. El mérito no es más que un arma política.
Algunos cambios positivos están surgiendo, sin embargo, algunas universidades aún continúan dándole privilegio a los buenos atletas.
Pero si algo intenta demostrar The Chosenes que el proceso de selección democrático de los aspirantes no es más que un simulacro.
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(*) Por James Traub para