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Con las finanzas del mundo en llamas, China bate récords de inflación: 6,5%

Pese a los constantes esfuerzos del Gobierno, Beijing no logra frenar la inflación que alcanza su mayor subida de precios en 37 meses posicionándose en un 6,5% en el mes de julio, una décima más que en junio. En marzo, el primer ministro chino, Wen Jiabao, había fijado el límite de la inflación en un 4% para finales de año.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Pese a los constantes esfuerzos del Gobierno, Beijing no logra frenar la inflación que alcanza su mayor subida de precios en 37 meses posicionándose en un 6,5% en el mes de julio, una décima más que en junio. En marzo, el primer ministro chino, Wen Jiabao, había fijado el límite de la inflación en un 4% para finales de año.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC), el principal barómetro de la inflación, ha registrado un 6,5% en julio por encima del 6,4% establecido en junio, informó este martes (9/08) el Buró Nacional de Estadísticas.

Dicho aumento de la tasa inflacionaria sitúa al Gobierno chino en una complicada situación frente a la actual situación de crisis de liquidación global que se avecina y el banco central chino se pone en aprietos mientras intenta controlar los precios, sin lastrar a una economía que se enfrenta amenazas crecientes desde el exterior. Sin embargo, pareciera previsible que el país asiático continuará con su política monetaria prudente, según indicó ayer (8/08) el banco central chino en sintonía con varios analistas. 

Difícilmente la demanda externa será intensa durante el segundo semestre de 2011 debido a la débil recuperación mundial. El fuerte aumento de los costes de producción, en parte consecuencia de los altos costes del crédito, está reduciendo los márgenes de las empresas, en particular de las pequeñas y medianas. Los menores beneficios y la mayor cantidad de bancarrotas están planteando desafíos a las autoridades monetarias chinas.

Considerando la necesidad de un ajuste estructural, el Banco Popular Chino probablemente mantenga una postura monetaria restrictiva. Pero con la previsible disminución de la inflación general y las cada vez mayores preocupaciones sobre el crecimiento, probablemente se muestre un poco más flexible durante la segunda mitad de 2011.

Pero por el momento, la realidad marca que la elevada tasa de inflación se debe a los elevados precios de los alimentos que llegaron a subir un 14,8% con respecto al año anterior.

En China, los precios de los alimentos representan aproximadamente un tercio de la cesta del IPC, en la que el precio del cerdo tiene una ponderación importante (al IPC se le denomina jocosamente el Índice Porcino de China).

En junio, los precios del cerdo subieron un 57% interanual, lo que contribuyó con aproximadamente 2 puntos porcentuales a la tasa de inflación general.

Desafortunadamente, la política macroeconómica no puede hacer demasiado respecto del ciclo del cerdo y habitualmente no debería responder a él.

En cuanto al Índice de Precios al Producto (IPP), utilizado para calcular la inflación al nivel de las ventas al por mayor, llegó a subir un 7,5% en el pasado mes de julio frente al mismo periodo del año pasado.

El dato de julio no hace más que reforzar la preocupación del gobierno por el riesgo social y político que entraña la fuerte subida de los precios. La brecha entre ricos y pobres se ahonda peligrosamente en China y la subida de los precios consume el colosal ahorro de la población.

Este indicador es susceptible también de aumentar la preocupación de los dirigentes chinos ante los riesgos de inestabilidad en la segunda economía mundial, en un momento en que el viento del pánico sacude a los mercados financieros después de la degradación de la nota de USA y de la crisis de la deuda en grandes países europeos.

Estos últimos meses, hubo grandes movilizaciones sociales en China para protestar contra el alza de los precios en las grandes ciudades, en particular de taxistas o chóferes de camiones por la carestía de los precios del carburante. Lo mismo se vivió en el puerto de Shangai. 

Por lo que se refiere a las bolsas en Asia, éstas se han desplomado este martes (9/08), seguidas de las fuertes pérdidas en Wall Street, ante el temor existente entre los inversores sobre el riesgo de otra recesión en USA, incluso de un empeoramiento de la crisis de deuda en Europa, lo que a estas alturas ya equivale a hablar de una crisis global.

En efecto, con las crisis de deuda en Europa y USA más que presentes y la recuperación económica mundial flaqueando, la inflación está retornando a la escena mundial. De hecho, las economías de los mercados emergentes se preparan para un período de inflación intensa, junto con las graves consecuencias políticas que eso traerá consigo.

Con el telón de fondo de una recuperación global débil, las preocupaciones han aumentado considerablemente respecto de una brusca caída de la economía china causada por los ajustes monetarios dirigidos a controlar la inflación, algo que se prevee no ocurra en el corto plazo y ante el escenario actual.

Si bien el problema de la inflación china no debe exagerarse, la autocomplacencia podría resultar peligrosa. La inflación actual tiene una base más amplia de lo que parece, más allá de la controversia respecto de la representatividad de la cesta del IPC chino para reflejar la realidad de los movimientos de precios subyacentes. De hecho, las alzas anuales de los precios no alimenticios se aceleraron al 3% en junio desde el 2,9% en mayo. Según la Oficina Nacional de Estadísticas China (NBS), el coste de vida creció en mayo un 6,1% interanual. Muchos se preocupan por si los precios de los productos no alimenticios pueden crecer aún más.

Sin considerar los shocks inesperados, algunos analistas como Yu Yongding. Presidente de la Sociedad China de Economía Mundial, exmiembro del Comité de Política Monetaria del Banco Popular Chino y director del Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia China de Ciencias creen que la inflación china alcanzará pronto su tope. Desde una perspectiva macroeconómica, la inflación actual de Beijing puede atribuirse tanto a inflación de demanda como de costes.

Históricamente, la inflación en el gigante asiático ha seguido el crecimiento del PIB con demora. Las presiones inflacionarias actuales son en parte resultado del impacto retrasado del paquete de estímulo que Beijing adoptó en 2009 contra los efectos de la crisis financiera mundial. Pero el crecimiento del PIB chino ya ha comenzado a disminuir hacia su nivel potencial que, según una visión consensuada, se encuentra alrededor del 9%.

La mayoría de los economistas chinos predijo el pasado año que la inflación llegaría a su máximo a principios de 2011.

Los cambios en las condiciones financieras chinas refuerzan esta percepción. Históricamente, existe un retraso de entre 8 y 12 meses entre el crecimiento del agregado monetario M1 y la inflación. La tasa de crecimiento del M1 (efectivo en circulación y cuentas corrientes) comenzó a disminuir a finales de 2009. Si la experiencia pasada es una guía fiable, la disminución en la inflación ya debería estar aquí.

La interferencia de los factores de costes contribuyó a la inesperada persistencia de la inflación. El aumento en los precios de las materias primas desde mediados de 2010 -el índice de precios chino de los productos básicos ha subido más del 100% después de llegar a un mínimo en 2009- ha tenido un impacto importante. Y además, los salarios chinos han estado creciendo rápidamente.

La vigente situación macroeconómica china tiene semejanzas con la que el país afrontó en 2007 y durante la mayor parte de 2008, cuando debido a las fuertes inversiones y la demanda para exportaciones, el crecimiento del PIB sobrepasó significativamente su potencial. Preocupado por un empeoramiento de la inflación y una burbuja inmobiliaria en ciernes, el banco central chino (Banco Popular Chino, BPC) endureció gradualmente su política monetaria.

Sin embargo, la inflación continuó empeorando y llegó a un máximo del 8,7% en febrero de 2008. El período más difícil para los encargados de tomar decisiones en Beijing fue entre febrero y septiembre de 2008, cuando, pese a los abundantes signos de un decaimiento de la demanda doméstica, la demanda total mantuvo su fuerza, y con ella, la inflación.

Como bien plantea Yongding en su artículo en El Economista, la cuestión a debatir es si se debe ajustar o no: El BPC continuó ajustando, pero el colapso de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, frenó bruscamente el crecimiento económico. El PIB chino cayó drásticamente debido al colapso de la demanda externa. Para contrarrestar el shock negativo, el Gobierno chino implementó un paquete de estímulo de 4 billones de yuanes, y el BPC cambió abruptamente sus políticas. No hay dudas sobre la necesidad de este giro. Sin embargo, en retrospectiva, uno puede preguntarse si un relajamiento previo por parte del BPC no hubiera sido más inteligente.

Con el control de la inflación como principal prioridad, el BPC ha elevado los coeficientes de reservas bancarias 6 veces este año. Los bancos comerciales deben consignar el 21,5% de sus depósitos en el Banco Central en calidad de reservas. Recientemente, el BPC elevó las tasas activa y pasiva anuales a 6,56 y 3,5% respectivamente.

Actualmente, la inflación china no es tan terrible como lo fue en 2007-2008. El alza en los precios inmobiliarios ha comenzado a estabilizarse y el impacto de las subidas en las materias primas está disminuyendo.

Sin embargo, aunque China no logre el objetivo de inflación del 4% fijado en marzo por Wen Jiabao, el crecimiento de los precios se mantendrá probablemente bajo control. Durante el segundo semestre de 2011, la tasa de crecimiento del gigante asiático podría disminuir aún más, pero no será una caída brusca.

Los problemas económicos chinos son más estructurales que cíclicos. Debido a la falta de avances nítidos en cuanto a la reestructuración y reequilibrio de la economía doméstica, los próximos 5 años serán difíciles, y la ventana de oportunidad para el ajuste se cerrará rápidamente. Pero considerando el desempeño chino en el contexto de los últimos 30 años, no hay motivos para creer que el país no pueda arreglárselas, una vez más, para salir adelante… si USA ayuda, claro. Solo hay que recordar la enorme cantidad de Bonos del Tesoro que comprenden las reservas en moneda extranjera de China, ahora devaluados.

En efecto, para Qu Hongbin, del HSBC, los datos de julio sugerían que la inflación ha tocado su techo. La inflación probablemente se mantendrá elevada por encima del 5% por algunos meses antes de moderarse cerca del 4 % para finales de año. Esto significa que la inflación debería continuar para compensar el crecimiento. Por eso, es poco probable que Beijing modifique su postura de política monetaria a pesar de nerviosismo en curso en los mercados financieros globales. -

Para Ting Lu, de Bank of America-Merrill Lynch, la mayoría de los participantes del mercado tienen la creencia de que la inflación está alcanzando un máximo a mediados de año y estará disminuyendo en la segunda mitad del 2011, por lo que la inflación más alta de lo esperado del IPC tendrá un impacto muy limitado en los mercados de hoy.

Existe por lo tanto cierto consenso entre los economistas en cuanto a que la inflación alcanzó su máximo nivel en 3 años en China, pero este indicador políticamente sensible debería disminuir en el segundo semestre cuando empiece a sentirse el impacto de las medidas gubernamentales.

Sin embargo, otros analistas consideran que la crisis de la deuda en USA y en los países europeos amenaza con limitar la posibilidad de que Beijing endurezca todavía más su política monetaria para combatir la subida de precios.

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