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Montoneros vs. FF.AA.: Una discusión sin final

Han aparecido otros libros que intentan explicar los ’70 y, a veces, reivindicar a algunos de sus protagonistas. Es el caso de ‘Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera’, de Laura Giussani (Grupo Editorial Norma); y ‘La montonera. Biografía de Norma Arrostito, de Gabriela Saidon (Editorial Sudamericana). Pero la revista EDICIÓN i prefirió abordar un ensayo estructural, ‘Política y/o violencia – Una aproximación a la guerrilla de los años ‘70’, de Pilar Calveiro (Grupo Editorial Norma).

I

Hay una pregunta preliminar indispensable que realizar cuando se abordan libros como el ensayo de Pilar Calveiro: ¿cómo esperaban que los trataran las fuerzas armadas y de seguridad los jóvenes argentinos que se alistaban en Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias, Ejército Revolucionario del Pueblo, etc.?

¿Amablemente, tal vez? ¿Creían que era un juego de guerra?

¿Cuáles eran los antecedentes acerca de cómo habían ejecutado la represión doméstica esas fuerzas?

En el caso de Montoneros, que fue donde militó Pilar Calveiro, una de sus acciones inaugurales fue el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, ¿cómo imaginaban ellos que reaccionarían las fuerzas armadas y de seguridad? Si los llamados ‘apremios ilegales’ eran bastante habituales para con los detenidos por delitos comunes, ¿por qué resultaría diferente para los presos políticos, especialmente si eran asesinos o potenciales asesinos de los integrantes de esas fuerzas de seguridad o militares?

No se trata de justificar la represión sino de ubicar la situación en un contexto: cuando Montoneros y los otros plantean una metodología armada, que incluía el asesinato de su adversario, ¿cuál pretendían ellos que fuese el límite?

Además, había antecedentes cercanos; el más conocido era el de Ernesto Guevara, ‘el Ché’, detenido en Santa Cruz de la Sierra, y si bien no fue torturado, fue ejecutado sin juicio previo.

Por esto resulta tan importante que todo conflicto que intente el asalto al poder se ejecute dentro del marco institucional previsto y mediante el ejercicio de la política, y no a través de un conflicto de características militares.

II

Pilar Calveiro nació en la Ciudad de Buenos Aires pero reside en Ciudad de México, DF, desde 1979, luego de un breve exilio en España. Ella fue una detenida-desaparecida en 1977, permaneció durante un año y medio en varios centros clandestinos de detención, pero pudo sobrevivir. Hoy es doctora en Ciencias Políticas de la Unam (Universidad Autónoma de México) e investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha publicado varios libros: ‘Poder y desaparición’ (1998), ‘Redes familiares de sumisión y resistencia’ (2004), y ‘Familia y poder’ (2005). Ahora, inaugurando la nueva serie Militancias, de Grupo Editorial Norma, que dirigen María Moreno y Lila Pastoriza, acaba de presentar ‘Política y/o violencia’, donde concluyó: "Se podría decir que esta violencia de ‘escarmiento’ del Estado, contra aquellos que intentaban poner en entredicho su núcleo más medular, permanece como memoria de un miedo gigante que no se atreve siquiera, en el presente, a reconsiderar la difícil y decisiva relación entre política y violencia".

Sin embargo, en la lectura del trabajo de Calveiro surgen algunas reflexiones interesantes para debatir algunas, más allá de la obviedad que los Montoneros fueron derrotados por una carencia de lo político y un exceso de lo violento (inadmisible en una fuerza que aspiraba a una lucha popular).

III

Calveiro intenta describir a su generación, para así justificar la lucha armada: "La organización bipolar de la Guerra Fría se basaba en una constelación de espacios y valores que reivindicaban lo estatal, lo público y lo político como posibles principios de universalidad. Admitía la lucha, la confrontación y la revolución, como formas, si no únicas, válidas y valiosas de la política. Se definían y guardaban las fronteras –nacionales, ideológicas, de género-. Existía una extraordinaria tendencia a realizar clasificaciones y, sobre todo, formas de organización binarias –explotados y explotadores, justo e injusto, correcto e incorrecto-. Las personas reivindicaban la disciplina, la razón, el esfuerzo –que las instituciones grababan en ellas- como parte de sus logros (...)".

Luego, ella intenta describir a las generaciones actuales, para plantear las diferencias y similitudes: "La reorganización global a la que asistimos ha construido una constelación del todo diferente, basada en la valorización de la sociedad civil y lo privado, por oposición al Estado y el sistema político, casi siempre satanizados. Se reivindica la concertación y, con cierta hipocresía, se condena toda forma de violencia abierta, en especial política. Se avanza hacia la ruptura o desdibujamiento de fronteras –por lo trasnacional, lo híbrido, lo transgenérico-. Se exaltan las diversidades y, para permitir su libre expresión, la organización en redes. Los sujetos reivindican la personalización de todo, la individualización, el sentimiento y el disfrute (...)".

Entonces, ella pretende que su relato sea el puente entre ambas dimensiones. No es fácil lograrlo. ¿Por qué debe haber necesariamente un puente? En verdad, el puente lo precisan los ‘setentistas’ para justificar sus hechos, y esto le ocurre a quienes integraron ambos bandos en lucha.

El puente hace referencia al hilo histórico de toda sociedad, y a que –aguda contradicción en muchos militantes- la generación espontánea no existe. Entonces, el puente existe pero no necesariamente sean correctas las descripciones del ‘antes’ y el ‘ahora’ que describe Calveiro, porque los procesos sociales son mucho más complejos, diversos y tridimensionales.

Calveiro quiere llegar, en definitiva, a la siguiente reflexión: "El nacimiento de la guerrilla representaba la disputa del monopolio de la violencia, que ejercían las Fuerzas Armadas, por parte de un sector de la sociedad civil. No en vano, los grupos se habían autodesignado como Fuerzas Armadas Peronistas, Fuerzas Armadas Revolucionarias, Ejército Revolucionario Popular. No en vano, uno de sus blancos preferidos era el Ejército, columna vertebral de las Fuerzas Armadas. Si hasta entonces había sido imposible el asentamiento de una hegemonía política integral, ahora se disputaba al poder instituido, incluso la posesión y uso de las armas. Las ‘expropiaciones’, los ‘ajusticiamientos’, los ‘juicios revolucionarios’, eran un intento de justicia y ‘poder armado paralelo al del Estado’, que en el caso argentino equivale a decir al de las Fuerzas Armadas".

Hay dos preguntas elementales que Calveiro no puede responder:

> ¿Por qué era necesario disputarle el monopolio de la fuerza a las fuerzas de seguridad y a los militares? Precisamente ese monopolio de la fuerza es una de las bases del orden social contemporáneo

> ¿Quién dijo que al resto de la sociedad le interesaba el ‘modelo’ sociopolítico-económico sustituto que propiciaba esa guerrilla? La imposición por la fuerza de un ‘modelo’ era, en definitiva, un acontecimiento tan violento y autoritario como el que se estaba denunciando.

La guerrilla como otra forma de dictadura no merece, de parte de Calveiro, el análisis que requiere el concepto.

IV

Pilar Calveiro ha logrado notoriedad porque fue quien, a través de su patrocinante, Pilar Noriega, presentó el ‘hábeas corpus’ que permitió retener a Ricardo Miguel Cavallo en México hasta que el juez español Baltazar Garzón Real regresara de vacaciones, constatara la verdadera identidad de quien se hacía llamar ‘Miguel Angel Cavallo’ y lo extraditara a España, donde se encuentra detenido y cumplirá una reclusión probablemente de por vida.

Ocurre que Calveiro es una sobreviviente de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), y testigo de la amoralidad y el grave desequilibrio emocional que afectaba a muchos de los integrantes de la fuerza de tareas 2.2.3 que respondían a Emilio Eduardo Massera.

Es muy curioso: el mayor represor de los Montoneros no fue el Ejército sino la Armada, en esos tiempos liderada por un almirante designado por Juan Domingo Perón, y con evidentes simpatías por el llamado ‘movimiento nacional justicialista’.

En la Esma vivía el horror, pero ¿qué esperaban encontrar los guerrilleros en los centros clandestinos de detención? Alguien podría afirmar que nunca creyeron que habría centros clandestinos, pero en un conflicto de naturaleza violenta, ¿quién impone las reglas del combate?

Además, tal como Calveiro lo recuerda, Montoneros había ejecutado, a principios de 1975, operaciones de asalto y aniquilamiento contra la policía...

Hay relatos de Pilar Calveiro en otros de sus textos que son inquietantes. Por ejemplo el siguiente: "(...) El capitán Acosta, después de exhibir frente a los prisioneros el cadáver acribillado de Maggio, seleccionó a un grupo y los obligó a cenar con él como si nada hubiera ocurrido. El comandante Quijano que amaba a los animales, después de secuestrar a Graciela Geuna y participar en el asesinato de su esposo le dijo que ya se había encargado de colocar el gato y el perro, así que se quedara tranquila por los animales. ¿Actos de reparación? Bondad y maldad, superpuestas y separadas, sin posibilidad de una mínima congruencia (...)".

Ahora, en su ensayo ‘Política y/o violencia’, Calviero describe el inicio del llamado ‘Proceso de Reorganización Nacional’: "La sociedad estaba harta y, en particular la clase media, clamaba por recuperar algún orden. Los militares estaban dispuestos a salvar una vez más al país, que se dejaba rescatar, decidido a cerrar los ojos con tal de recuperar la tranquilidad y la prosperidad perdidas muchos años atrás. (..) Para ello, era necesario emprender una operación de ‘cirugía mayor’, así la llamaron. Los campos de concentración fueron el quirófano donde se llevó a cabo dicha cirugía; también fueron, sin duda, el campo de prueba de una nueva sociedad ordenada, controlada y, sobre todo, aterrada".

Los guerrilleros mataban militares (uno de las acciones iniciales de Montoneros fue secuestrar y asesinar a Pedro Eugenio Aramburu), ¿por qué Calveiro se sorprende por lo ocurrido? Luego, los Montoneros planteaban un ‘modelo’ que la mayoría de la sociedad no comprendía, ¿por qué recibiría la solidaridad colectiva? Porque, en definitiva, lo que Calveiro cuestiona es la soledad de los combatientes.

Durante el inicio de la represión, los militares gozaron del apoyo de sectores civiles que les garantizaron, por ejemplo, la cobertura en los medios de comunicación social y esto resultó decisivo en el curso de la represión.

Calveiro lo reconoce: "No obstante, el llamado ‘Proceso’ tampoco puede entenderse como una simple continuación, una repetición exagerada de prácticas antes vigentes. Representó, por el contrario, una nueva configuración del poder, imprescindible para la institucionalización que le siguió. Ni más de lo mismo, ni un monstruo que engendró incomprensiblemente la sociedad. Un hijo legítimo pero que muestra una cara terriblemente desagradable, que exhibe sin pudor las vergüenzas de la familia, ocultando parte de su ser más íntimo".

El ensayo intenta explicar la derrota de Montoneros y la destrucción de sus combatientes, y aborda una cuestión muy importante: la sensación de no-retorno. Los guerrilleros habían roto todos los códigos de su formación familiar y social: robado, secuestrado, asaltado, asesinado, y así quedaban atrapados en lo que Calveiro llama "una oscura sensación de duda moral o culpa, una construcción artificial de convicciones terriblemente inconsistente y que sólo se sostenía en la dinámica interna de la organización, la situación represiva externa que no reconocía deserciones ni ‘arrepentimientos’ y la propia represión de la organización que castigaba con la muerte a los desertores. Al respecto, la lógica montonera sostenía, aunque no públicamente, validando la práctica de fusilar a los desertores, que ‘si existe el terror contrarrevolucionario, es justo que exista también el terror revolucionario. En pocas palabras, los montoneros se encontraban aprisionados en una trampa que les habían tendido y ellos mismos terminaron de montar".

¿Por qué, entonces, persistir en estas formas de acción?

Mucho más inexplicable es la infiltración que sufrieron, y que es una cuestión que ha dividido a sus sobrevivientes. Una de las claves de la guerrilla urbana es la no identificación de sus combatientes y si se ocurre una infiltración que sea periférica, pero todo indica que Montoneros fue infiltrado hasta en sus cuadros de conducción.

Lo más llamativo es que a los sobrevivientes de Montoneros les fue mejor en su reinserción política y social a partir de 1983, lo que corrobora la sangre y el tiempo perdidos. Hoy, los viejos militares se encuentran presos, desprestigiados socialmente, aislados políticamente, han sido derrotados. Si la organización Montoneros hubiese utilizado sus cuadros para hacer política, renegando de la borrachera que provocan las armas, la historia de muchos habría sido diferente.

Y nadie obligó a esas personas a elegir el procedimiento de cambio que eligieron. Fue una decisión propia individual, y luego colectiva.

V

¿Cómo se llegó a la violencia de los ’60 y ‘70? A partir de la Revolución Cubana y la Guerra de Vietnam, algunos círculos de la izquierda propusieron la idea de que la lucha revolucionaria podía acelerar la conciencia del cambio, sin necesidad de aguardar a que las condiciones objetivas, materiales, económicas, ‘maduraran’.

Esta conclusión provocó una generación impaciente por producir los cambios sociales que consideraba necesarios, decidida a acelerar las llamadas "condiciones revolucionarias", para acabar con la injusticia social. Así nació la teoría del ‘foco’.

El ‘foquismo’ concebía la ‘lucha antiimperialista’ como condición para realizar una revolución social en países como los de América latina, en los que el desarrollo de las ‘condiciones objetivas’, era muy escaso para considerar un tránsito al socialismo por las vías que vislumbraba la izquierda tradicional.

Así proliferaron diversos movimientos ‘de acción directa’.

No se trató de un fenómeno marginal, y el ‘foquismo’ y el uso de la violencia resultaron una característica de los movimientos radicales de la época. Curiosamente, las izquierdas estalinistas y ortodoxas se sustrajeron a la influencia de la lucha armada.

La concepción ‘foquista’ adoptada por las organizaciones armadas argentinas, al suponer que del accionar militar nacería la conciencia necesaria para desatar la revolución social, las llevaba a priorizar lo militar sobre lo político. Esta preeminencia contribuyó, con manifestaciones diferentes pero bajo un mismo signo, a desarrollar una práctica y una concepción militarista y autoritaria en el seno de las organizaciones.

Los primeros grupos políticos con los que se relacionaron los jóvenes, casi adolescentes, de fines de los años 60, ya fueran de derecha o de izquierda, reivindicaban para sí prácticas autoritarias.

La idea de considerar a la política básicamente como una cuestión de fuerza, aunque reforzada por el ‘foquismo’, no era una novedad aportada por la joven generación de guerrilleros, sino que había formado parte de la vida política argentina por lo menos desde 1930. Pero, ¿por qué suponer que la fuerza se doblegaba con más fuerza? ¿Por qué no creer comprender que el gran fracaso argentino era la carencia de institucionalidad, el derrumbe de la política?

La guerrilla siempre consideró –y Calveiro insiste- que en verdad se respondía a una violencia ya instalada de antemano en la sociedad: "la lucha armada a la lucha armada que se ejercía desde el Estado" (el ERP aseveró que "(...) cerradas todas las posibilidades legales con la asunción de Onganía, [el PRT] se orienta correctamente hacia la guerra revolucionaria".

Juan Domingo Perón se aprovechó de estas ideas prevalecientes y las utilizó para apresurar la crisis que permitiese su retorno. Quien unos años después llamaría a los guerrilleros "mercenarios", "agentes del caos" e "inadaptados", en 1970 sostuvo:

"La dictadura que azota a la patria no ha de ceder en su violencia sino ante otra violencia mayor".

> "La subversión debe progresar."

> "Lo que está entronizado es la violencia. Y sólo puede destruirse por otra violencia. Una vez que se ha empezado a caminar por ese camino no se puede retroceder un paso. La revolución tendrá que ser violenta."

Perón los usaba y ellos no se daban cuenta. En parte ellos aún hoy no quieren comprenderlo porque la idea del héroe y el martirologio es preferible a la idea del idiota. Pero ahí tienen, por cierto, todos los ‘setentistas’ una asignatura pendiente.

VI

Escribe Calveiro: "Los militantes caían agotados. El manejo de concepciones políticas dogmáticas como la infalibilidad de la victoria que se deshacían al primer contacto con la realidad de los campos; la sensación de acorralamiento creciente vivida durante largos meses de pérdida de los amigos, de los compañeros, de las propias viviendas, de todos los puntos de referencia; la desconfianza latente en las conducciones, mayor a medida que avanzaba el proceso de destrucción; la soledad personal en que los sumía la clandestinidad, cada vez más dura; la persistencia del lazo político con la organización por temor o soledad más que por convicción, en buena parte de los casos; el resentimiento de quienes habían roto sus lazos con las organizaciones, pero por la falta de apoyo de éstas no habían podido salir del país; las causas de la caída, generalmente asociadas con la delación e incluso, en muchos casos, con la delación de los superiores jerárquicos detenidos, eran sólo algunas de las razones por las que el militante caía derrotado de antemano. No tenía la posibilidad de resistir; ya no querían resistir".

En este contexto pudo ser ‘eficiente’ el ‘chupadero’, la tortura y ‘el dedo’ (marcar en la calle a colegas, amigos, conocidos), la dinámica del escarmiento.

Pero, regresando al inicio, el problema central fue la elección del método de expresión y lucha: la guerrilla fue, en sí mismo, la negación de la política, y la elección del conflicto en un escenario más propicio al adversario, un caso asombroso de necedad que obviamente pone en duda un comentario habitual en las organizaciones de derechos humanos: "Murieron los líderes más valiosos de una generación". A medida que se profundiza la historia, ni siquiera se puede rendir culto a los muertos.

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