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Buenos Aires, un territorio donde abundan las 'lacras' del Tercer Mundo

El contraste en la intención de voto entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires no podría ser más llamativo. ¿A qué se deben las diferencias? A continuación, U24 le acerca el editorial del diario Río Negro:

A menos de un mes de las elecciones legislativas, el contraste entre la ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima no podría ser más llamativo.

Mientras que según las encuestas apenas el veinte por ciento de los porteños votará por el candidato oficialista, el canciller Rafael Bielsa, a pesar de tratarse de uno de los escasos peronistas que podrían resultarles aceptables, el escenario bonaerense se ha visto dominado por completo por la lucha entre dos mujeres peronistas, la esposa del presidente actual y aquélla de su antecesor interino, que entre ellas esperan sumar más del cincuenta por ciento del total.

Huelga decir que esta diferencia sideral se debe mucho más que al hecho de que en la provincia de Buenos Aires el PJ haya armado una red clientelista decididamente mayor que cualquiera que exista en la Capital Federal donde el "aparato" peronista nunca funcionó con eficiencia. Antes bien, refleja el abismo que separa el distrito más primermundista de la Argentina de uno en que, como en tantas otras partes del país, abundan las lacras características del Tercer Mundo.

En la ciudad de Buenos Aires se prevé que la mayoría de los votos irá a representantes de partidos que por sus plataformas son equiparables con los de Europa Occidental, con el ARI de Elisa Carrió ocupando el lugar de centroizquierda y la Propuesta Republicana de Mauricio Macri el de centroderecha.

En cambio, en la provincia imperan diversos fragmentos del peronismo, un movimiento multifacético y camaleónico que desde hace décadas está acostumbrado a navegar sin rumbo fijo en el mar ideológico aprovechando los vientos más populares del momento, detalle éste que no preocupa demasiado al electorado bonaerense, que parece estar más interesado en el presunto poder de los candidatos que en lo que dicen estar resueltos a hacer.

Puesto que en comparación con el conurbano bonaerense, donde vive la mayoría de los habitantes de la provincia, la ciudad de Buenos Aires es mucho más rica y cuenta con una población que está decididamente mejor instruida, es natural que por su cultura política se haya alejado de la zona circundante.

En efecto, si algo distingue a los centros urbanos argentinos que son relativamente desarrollados del resto del país, esto es su mayor voluntad de distanciarse de la hegemonía populista que tanto ha contribuido a mantener atrasadas a las provincias del norte y, huelga decirlo, al Gran Buenos Aires.

Así las cosas, sería razonable suponer que si por fin el país lograra disfrutar de un período prolongado de crecimiento rápido, su perfil político propendería a asemejarse cada vez más al porteño y cada vez menos al bonaerense, lo que sin duda alguna sería un cambio muy positivo. Si bien la Capital Federal dista de ser un dechado de eficacia administrativa y honestidad, entre sus males no está el populismo clientelista exagerado y la mentalidad dependiente, para no decir servil, que dicha modalidad suele ocasionar, que tantos perjuicios ha ocasionado al país en su conjunto.

Aunque en la campaña electoral que por fortuna culminará el 23 de octubre el presidente Néstor Kirchner y los integrantes de su entorno se han entregado con entusiasmo al populismo demagógico, parecen entender que, a pesar de su capacidad notable para cosechar votos, el peronismo tradicional sólo tendría un futuro si el país sigue atrasándose, una eventualidad que no les atrae.

Fue por eso que quisieron formar una coalición "transversal" con elementos de la izquierda, incluyendo a aquellos peronistas que en su opinión serían rescatables, que podría estar en condiciones de enfrentarse con los caciques del Gran Buenos Aires liderados por Eduardo Duhalde.

Por lo pronto, empero, sus esfuerzos en tal sentido no han impresionado a los muchos porteños que dicen preferir a dos opositores contundentes de la gestión de Kirchner, Carrió y Macri, al oficialista Bielsa.

Kirchner, pues, se ve frente al mismo dilema "estratégico" que otro presidente peronista con aspiraciones transversalistas, Carlos Menem: si merced a sus esfuerzos la Argentina termina "modernizándose", entre los perdedores estaría el movimiento político que, como nos recuerda la diferencia enorme que se da entre los porteños y el grueso de los bonaerenses del conurbano, es típico de una fase de desarrollo que nos convendría dejar atrás.

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