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Las familias consumen un 25% menos de lo que consumían hace 4 años

POR SANTIAGO GALLICHIO Las ventas de los supermercados, en cantidades consumidas, ¡se desplomaron en un 25% respecto de 2001! Las familias consumen un 25% menos de lo que consumían 4 años atrás. Por cierto, algunas familias deben consumir más que entonces y otras, mucho menos. El dato clave aquí es que las 2/3 partes de las personas y familias argentinas trabaja en los alicaídos sectores productores de servicios y sólo 1/3 en el exultante sector industrial.

Pasados ya suficientemente el vendaval de la crisis de 2002 y el aluvión de la fenomenal recuperación económica argentina, lo que deja ver el retiro de las aguas es un panorama de gran redistribución de la riqueza entre distintos sectores de nuestra sociedad.

En el plano monetario, algunas cosas parecen no haber cambiado demasiado a simple vista: el tipo de cambio está prácticamente fijo en torno de los $2,90 por dólar desde hace casi 3 años y las reservas que avalan los pasivos financieros del Banco Central cubren un 81% del total.

Es decir, como en los buenos (¿o malos?) viejos tiempos. Las reservas se encaminan hacia los US$25.000 millones, también como en los viejos tiempos. Aunque, claro, sintieron un pequeño manotazo en el camino que se llevó unos US$15.000 millones.

Pero la buena noticia es que... ¡ya se recuperaron!

En la economía del país, sin embargo, la suerte, que es loca, parece haber repartido mucho por aquí y poco o nada por allá. Fíjense en los sectores productores de bienes, es decir, en la industria: ¡qué panorama!

Un 33% por encima del nivel de 1993 y un 14% por encima de 2001.

Y además, ¡con qué precios! Un 115% por encima de 2001. Cantidad y precios tan por encima no dejan lugar a dudas respecto del humor del que deben gozar los industriales argentinos.

La Patria produce bienes hechos por y para argentinos, todo un desideratum criollo hecho por fin realidad.

Pero lamentablemente también hay que fijarse en el resto de la economía, pues no queda más remedio.

El sector que produce servicios y que provee básicamente a la demanda doméstica, con mínimas chances de exportar y aprovechar los altos dólares y los altísimos euros del mundo entero.

Para ellos el panorama es bastante diferente: si bien están un 31%
por encima de su nivel de 1993, la alegría ya quedó en el más remoto pasado: respecto de 2001 apenas lleva crecido un mísero 3% real.

La cuesta ha sido larga y recién ahora estamos en el punto de partida.

¿Y en materia de precios? Bueno, al menos para fomentar la ilusión monetaria, sus precios han crecido un 29% desde la devaluación... claro que medidos en pesos.

Como verán, no hace falta hurgar demasiado en el alma humana para imaginar cuál es el estado de ánimo de los sectores de la sociedad que han dedicado sus vidas a la producción de servicios, sobre todo cuando llegan a fin de mes y deben comprarle bienes a sus exultantes productores.

Este panorama fuertemente desigual tiene otros matices que conviene no perder de vista, para tener una imagen más rica y realista. Allí tienen Uds. el consumo, y su consecuente provisión, de servicios públicos. Ha crecido un 41% desde 2001 hasta el presente.

Aparentemente no se deberían quejar, puesto que en comparación con los otros sectores proveedores de servicios, que crecieron sólo un 3%, deben estar de parabienes.

Pero claro, cuando se descubre que el incremento de precios de este sector fue de sólo un 6% desde la devaluación se consigue la fuente de toda la explicación que hace falta tener para comprender el fenómeno excepcional.

Con precios congelados y obligación estatal de provisión, este sector no tuvo más remedio que vender lo mucho que le demandaban a precios de liquidación.

Tampoco hace falta explicar demasiado por qué se van del país
grandes empresas extranjeras concesionarias con el imaginable malhumor consecuente.

Y por fin, una última imagen de este "naufragio / despegue" argentino (señores lectores, cada cual utilice, por favor, el término que mejor se condiga con el sector en el que el azar o la historia quisieron ubicarlo).

Las ventas de los supermercados, una buena indicación de la demanda de los hogares, medida en términos reales, es decir, en cantidades consumidas, ¡se desplomaron en un 25% respecto de 2001!

Las familias consumen un 25% menos de lo que consumían 4 años atrás. Por cierto, algunas familias deben consumir más que entonces y
otras, mucho menos.

El dato clave aquí es que las 2/3 partes de las personas y familias argentinas trabaja en los alicaídos sectores productores de servicios y sólo 1/3 en el exultante sector industrial.

Y como el índice de precios de los supermercados que creció un 92% desde 2001 a la fecha, con niveles de ingreso como los resultantes de esta división de la suerte social difícilmente pueda imaginarse un nivel de ventas más promisorio que ése.

Conclusión: un tercio de la población argentina, el ligado a la producción de bienes (industria) tiene hoy un 145% más de ingresos nominales que en 2001, mientras que los dos tercios restantes (productores de servicios) sólo goza de un 33% más que entonces.

El fuerte consumo de los primeros no llega a compensar el necesario ajuste de cinturón de los segundos, por lo que el consumo real en supermercados del conjunto de las familias cayó un 25% desde 2001 a la fecha.

Las reservas del Banco Central y el superávit del sector público andan viento en popa. Esto último sí que es bueno: quiere decir que todavía por unos años más nuestros gobiernos no nos van a someter a otro vendaval redistributivo como el reciente.

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Economista de la consultora Exante.
exante@exante.com.ar

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