La búsqueda de ese socio no ha sido fácil y, según lo han aclarado los directivos de Telecom, tampoco fue corta ni apresurada. Desde mediados del año pasado hubo contactos que no fructificaron con la ETB y la EPM, y luego con varias multinacionales. Solo con Telmex se pudo llegar a un principio de entendimiento sobre la forma que podría tomar el negocio, sin que hasta hoy se haya firmado acuerdo alguno.
Ante el cuestionamiento de que se estaba feriando la empresa, el Gobierno sostiene lo contrario. Telecom ha sufrido una dramática desvalorización en la última década: de 3.500 millones de dólares en 1992 a 700 millones en la actualidad, si se considera que Telmex ofrece 350 millones por el 50 por ciento más una acción. Situación que obligaría a hacer un juicio de responsabilidades a las pasadas administraciones de la entidad.
Otro punto en discusión es el de si se trata de una privatización (en México el negocio ha sido presentado como la ‘compra’ de Telecom por parte de Telmex). El Gobierno explica con solidez que jurídicamente no está enajenando ningún activo estatal, aunque no hay claridad sobre la futura relación entre el Gobierno y la nueva empresa, de la cual el Estado sería a la vez socio y regulador.
Acerca de la privatización no hay razón para enredarse. Si lo que más conviene es que se haga, esta se debería llevar a cabo de frente, cumpliendo con la ley que ordena darle al sector solidario una primera opción para entrar al negocio. Las nuevas circunstancias del mercado obligan a Telecom a buscar aliados para así evitarle al fisco un monumental dolor de cabeza.
Por lo que está en juego, todos los interesados en el futuro de Telecom deben actuar con gran responsabilidad y medir el alcance de sus palabras. Como el contralor distrital, Óscar González, con su inviable propuesta de formar una gran empresa estatal de telecomunicaciones, es decir, un indeseable monopolio que perjudicaría, por la vía de las tarifas, a los usuarios. O como quienes invocan cifras acomodadas o descalifican el esfuerzo de salvar como sea a Telecom.
Para el país, lo ideal es que surjan dos grandes actores (el que formaría Telecom con su socio privado y el que podrían constituir la ETB y la EPM, también con un aliado estratégico), para que pueda beneficiarse de una sana competencia. Lo que ahora viene es una ‘puja’ entre grandes jugadores internacionales por quedarse con Telecom y en la que los primeros ganadores deben ser los colombianos.