Sin embargo, el mundo ha cambiado. Los datos sugieren que la alta tasa de crecimiento de la Argentina no es un caso excepcional. Hay países de características parecidas que crecen a tasas similares. Pero con inflación mucho más baja.
El incremento de precios que esta experimentando la Argentina, a pesar de ser modesto en relación con su pasado, resulta alto en comparación con el resto del mundo. Las evidencias muestran que prácticamente todas las economías emergentes son pujantes y dinámicas, y no por ello generan la inflación que presenta la Argentina.
Más preocupante son una serie de factores que sugieren la presencia de inflación "reprimida". Por ejemplo, se hace cada vez más evidente que el fuerte retraso de salarios y jubilaciones producido luego de la devaluación no es tolerable indefinidamente.
Ya sea vía conflictos gremiales o por demanda judiciales, la tendencia es hacia la recuperación de al menos parte de los recortes producidos por la devaluación. En igual sentido, las medidas de contención del precio de los combustibles, las tarifas domiciliarias de luz, gas, agua y teléfono son muy difíciles de sostener sin poner en juego no sólo la calidad sino también la provisión de estos servicios. Los acuerdos voluntarios de precios o el manejo discrecional de las retenciones operan en la misma línea.
La devaluación aumentó la protección para algunos sectores ligados a la exportación y las sustituciones de importaciones. Se trata de un fenómeno intrínsicamente transitorio ya que se basa fundamentalmente en una gran transferencia de ingresos desde trabajadores y jubilados hacia algunas empresas y el Estado.
A medida que la economía se recupera y los sectores perjudicados tratan de emular la recuperación, la protección producida a través de la devaluación se comienza a evaporar. En este proceso, la Argentina dejará de ocupar el grupo de los que más crecen aunque no por ello dejará de correr el serio riesgo de quedarse en el selecto grupo de los que más alta inflación tienen.
Para evitar repetir las frustrantes experiencias con la inflación, el eje de la discusión no debería centrarse en la política cambiaria sino en las instituciones económicas y sociales.
El salto en la inversión que necesita la Argentina no lo puede hacer el Estado de manera directa, ni mucho menos el sector privado a partir de subsidios discrecionales. Para crecer de manera sostenida y con estabilidad de precios es necesario construir un clima favorable para la inversión a partir de mejorar la forma en que el Estado recauda, gasta y regula.