Poco importa si Maccarone contrató un taxi boy o mató a alguien (¿quien somos para juzgar pecados?). Macaronne era un Obispo (alguien que por amor a Dios debe mantener un comportamiento ejemplar) y le viene mintiendo a sus superiores, a sus feligreses y a si mismo desde hace tiempo.
Dicen que es valiente. Pero hasta que las cosas no lo sobrepasaron, apreció el video y le llegó el aviso de Roma, el tipo no tuvo la valentía de renunciar o pedir licencia -me cuesta creer que algunos de sus pares no supieran las debilidades que tenía, y aun así estuvieran dispuestos a promocionarlo para presidir la diócesis de Rosario. Difícilmente tenga entonces las condiciones personales mínimas para ser un prelado de la Iglesia (por suerte para él, la Inquisición ya no empala más a los curas sodomitas y lo que puede esperar ahora es auxilio psicológico y un cambio de destino).
Me alegro entonces y agradezco al Papa haber actuado de manera tan expedita con la defenestración de Maccarone, y confío que siga actuando así con cualquier sacerdote que viole las leyes civiles o eclesiásticas.