Esta última, que se evidencia en la mayoría de los casos tratados, ocurre por factores de riesgo como obesidad, diabetes mellitus, las hiperlipidemias (aumento en la concentración de colesterol y triglicéridos en el plasma sanguíneo), consumo de antiinflamatorios, infecciones virales como hepatitis y enfermedades metabólicas.
El hepatólogo Iván Nieto señala también como causas el embarazo, la toxicidad por consumo de drogas y el virus de la hepatitis C genotipo 3, que pueden causar lesiones en el hígado.
"Lo que ocurre -explica Marrito- es que por el desequilibrio entre las grasas, carbohidratos y proteínas, se origina exceso en la producción de triglicéridos, que supera la capacidad de la célula. Como hay un exceso, no se alcanza a metabolizar, por eso se acumula (...) Con el tiempo, la célula se va deteriorando y se daña, pero por cientos", dice el especialista.
Si esa acumulación persiste, agrega, evoluciona a lo que médicamente se conoce como esteatohepatitis, la inflamación de las células hepáticas producto de la grasa en el tejido.
Si no se trata, la enfermedad puede evolucionar a una fibrosis hepática (aumento en el depósito de fibras que distorsiona la arquitectura y la función del órgano) y, en un lapso de 15 a 20 años, en una cirrosis irreversible.
Marriot indica que en el tratamiento la solución no está en dejar de comer grasa porque la grasa que se acumula en el hígado está constituida básicamente por triglicéridos, que se originan a partir del metabolismo de los carbohidratos (pan, fideo, verde, arroz, gaseosas).