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“Los cristianos tenemos que estar conscientes que somos sitiados por el agnosticismo”

A continuación, la opinión de un usuario sobre el fenómeno de la "Nueva Era".

Sr. Director:

La epidemia de la Nueva Era. Numerosos expertos han catalogado el fenómeno espiritual post-moderno de la llamada New Age (Nueva Era) como una "religiosidad de supermercado", es decir, una religiosidad sincrética en la que funciona algo tan actual como el "hágalo usted mismo". Cada creyente se fabrica una religión a su medida personal, rechazando aquello que le causa disgusto o intuye que le va a suponer un esfuerzo o sacrificio y abrazando los aspectos más placenteros y consoladores de cada religión. Es ésta una religiosidad emocional y panteísta en la que el denominador común es el rechazo de toda autoridad, magisterio y tradición.

Las sectas y movimientos de la Nueva Era se esfuerzan en halagar al posible "cliente" con promesas de felicidad y listas de "derechos" de los hijos de Dios, pero ¡¡Oh sorpresa!!, ningún deber para con el Altísimo, no sea que se asusten.

Dentro de esa línea, se puede también afirmar que hay un movimiento secularista fuera y dentro de la Iglesia, que se niega a fortalecer la fe dentro del contexto de unicidad y universalismo que proclama la Iglesia de Roma. Esta corriente, que responde más a la Ilustración y a su enunciado "credo mínimo, consenso máximo" y a la "voluntad general" de Rousseau, apunta a relativizar las convicciones cristianas sustanciales, pues las califica, como elemento de confrontación. Su pretensión apunta a excluir todo disenso a costa del rechazo de los principios de la fe, de la moral, de la razón humana y de la vida familiar de corte tradicional.

Esta tendencia, que ya está adquiriendo un carácter ideológico, obtuvo un gran respaldo en países de nuestro continente, a la hora de aprobar el divorcio vincular con el explícito respaldo de parlamentarios católicos.
Incluso en su defensa aparecen apologistas del relativismo y del nihilismo, que sostienen que incluso hay que eliminar el vocablo verdad, pues su "confrontacionalidad", "ayuda" a la pugna social y no a descubrir los caminos éticos de la convivencia social como lo postula Cristo. Así se está escribiendo en nuestro país la historia de la secularización de la espiritualidad y de lo verdaderamente religioso.

También hemos visto en los últimos tiempos como a través de medios periodísticos de prestigio en el ámbito nacional, se cierra al pluralismo de ideas, se insulta y descalifica a la santa Sede y al fallecido Juan Pablo II y ahora al nuevo Papa Benedicto XVI, por su resistencia al uso de preservativos, al divorcio, la eutanasia, del matrimonio sacerdotal, etc.

Recordemos que tanto Rousseau como Maquiavelo, sostenían que, dado que el hombre no podía vivir sin religión, había que "generar una religión sin Dios, una moral sin Dios, lo sagrado sin Dios" etc. Es decir generar una "religión civil" para hacer un uso político-temporal de la misma.

Eso explica que Rousseau en el siglo XVIII, levantara la tesis de la "voluntad general", en que la persona pierde su libertad individual sin poder nunca más recuperarla. Hay que hacer presente que la Voluntad general de Rousseau es padre de la democracia representativa, en oposición a la democracia participativa. Son los hombres en acto puro, dice Rousseau, quienes llegan a encontrar las mejores soluciones "para todos los asuntos humanos" y que tienen que ver con el orden social, bajo una "religión" sin misterios, acotada a lo específico y sin sesgos espirituales.

Se busca así a través de ese híbrido utilitarista, resolver las relaciones entre la política y la Religión y reforzar la autoridad de las leyes civiles a costa de una falsa religiosidad. La República popular China en esto ha ido a la vanguardia, toda vez que ha creado la Iglesia Católica nacional China y que sin obedecer la jerarquía vaticana, nombra sus propios obispos. Algo por el estilo se ha visto en estos días, en nuestro país, que no se reconoce al obispo castrense nombrado por el Vaticano y se pretende reemplazarlo por uno nombrado por el propio gobierno.

Ratzinger, a propósito de esta intentona secularizadora, dice en su libro "La Sal de la Tierra": "Ahora aumenta el riesgo de dictaduras de opinión pública, de formas de pensar que pueden discriminar al que no estuviera conforme con ellas, y podría haber mucha gente buena, que no se atreviera a declararse no-conformista. De haber una nueva dictadura anticristiana en el futuro sería, sin duda alguna, mucho más sutil que lo que hemos conocido hasta ahora. En apariencia, seguramente admitiría la religión, pero sin que la religión pudiera intervenir ni en la forma de conducta ni en el modo de pensar".

Mal podría ocurrir tan "magnifico" aporte, si la "voluntad general" impide el desarrollo moral y de la inteligencia individual, pues la inteligencia no esta en el colectivo, se da en las personas que por si y ante su conciencia buscan la verdad en el ejercicio pleno de su propia libertad.

Los cristianos tenemos que estar conscientes que somos sitiados por el agnosticismo, el que cuenta con el apoyo político de cierto liberalismo y socialismo, que profesan un "humanismo materialista" que se usa utilitariamente con afanes político hegemónicos.

Guillermo E. Aguirre

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