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Ni 'noventista' ni 'progre', yo soy de Independiente (Edición i)

En la revista Edición i Nº47 se publicó la siguiente nota que afirma que nunca como hoy día la Argentina necesita muchos simpatizantes de Independiente, de Racing, de Arsenal, de Quilmes, de Banfield, de San Lorenzo. Aunque parezca extraño, de ello depende el futuro.

POR FABIÁN DOMAN

De entrada le voy a ahorrar su tiempo: si Usted es un ‘new-progre’, que piensa que Néstor Kirchner en es ‘el Mesías’ que llegó a salvar a la Argentina y Roberto Lavagna el arquitecto del nuevo orden financiero internacional o, por el contrario, que Carlos Menem fue la figura política más trascendente de los últimos 50 años y que Domingo Cavallo generó un modelo económico, el de los ‘90, maravilloso, único e irrepetible, no lea este artículo.

Otra aclaración: por formación, o por mis genes, soy un opositor a los grandes movimientos monopólicos-ideológicos- temporales tan típicos de la Argentina.

Esa dictadura ideológica que no admite críticas, dudas ni debates es uno de los rasgos distintivos del peligroso ‘Ser Argentino’. A su vez, semejante dictadura explica por qué esos monopolios arrancan, inevitablemente, con una critica jacobina (Société des Amis de la Constitution, Marat, Danton, Saint Just y los otros muchachos) de todo lo anterior.

Ocurre que los dos modelos teóricos, en una fea jugada de nuestra historia, jamás pugnan al mismo tiempo por ganar el poder. Jamás compiten. Apenas se suceden.

La sociedad se escudó en los ‘80 diciendo que no tenía manera de saber qué pasaba en los ´70. Pero, ¿realmente nadie lo sabía? En los ´80, hablar de privatizaciones o de ‘abrirse al mundo’ era sinónimo de ‘traición a la Patria’.

En los 90’, plantear una mínima participación del Estado en la Economía, o subrayar que la cuestión social no iba bien, provocaba una experiencia como la de Robinson Crusoe en una isla perdida.

La primera década del nuevo siglo, confirma esta tendencia: si por ahí se te escapa algún comentario a favor de una economía capitalista, cual Juana de Arco te queman una hoguera en la Plaza de Mayo o te mencionan en un discurso presidencial en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

En el fútbol, a diferencia de la política y la economía, no es necesario ser de Boca Juniors o River Plate. Ud. puede ser hincha de Racing Club, Independiente, San Lorenzo, o de los más 200 clubes profesionales de todo el país.

En la política o en la economía Ud. debe ser de Boca o River y no equivocarse de década. No hay grises. Ni siquiera se encuentran matices.

Veamos esta teoría en ejemplos cotidianos:

• Si delante de un noventista Ud. afirma que le parece bien haber corregido el atraso cambiario de los ‘90 o que Lavagna terminó con la injerencia fracasada del FMI en los programas económicos del gobierno, será acusado de heterodoxo. No importa que explique que le pareció espantoso cómo la Argentina salió de la Convertibilidad.

• Si enfrente de un ‘progre 2005’ se escapa una crítica al modo en que Eduardo Duhalde/Jorge Remes/Lavagna manejaron la salida de la Convertibilidad, Ud. será descalificado con epítetos tales como "menemista", o "parido por Friedman" (por Milton, el padre de la Escuela Monetarista de Chicago), o el más bravo "hijo de Pou", por Pedro.

Ni hablar de plantear que los sueldos están por el piso, que muchos nuevos puestos de trabajo son planes Trabajar o que el poder adquisitivo de los salarios no se recupera. Si Ud. repite un cuadro de la evolución de la deuda y explica que desde abril del año 2002, el Estado colocó US$ 30.000 millones en bonos, otorgándole a Lavagna el triste récord de ser el ministro que más títulos emitió, sólo escuchará que dicen de Ud.: "Es un cavallista", y no intente explicar que Cavallo nunca le cayó bien.

• Nunca, jamás, delante un ‘Progre 2005’ elogie a Robert Cox, ex director del diario Buenos Aires Herald y miembro de la comisión de la Sociedad Interamericana de Prensa que criticó la relación del gobierno con la prensa. Resulta inútil explicar –como lo hace Horacio Verbitsky- que Cox tiene una autoridad moral superlativa para hablar de la Argentina porque dirigió la única publicación que daba espacio, cuando debía dársele, a la denuncia de las desapariciones de personas durante el gobierno de Jorge Videla. Si Ud. elogia a Cox, es ‘menemista’.

Palabra de un dios. A comienzos de febrero escribí una larga nota sobre el canje de la deuda.

En las tres opciones de resultado posible, me incliné por la del mercado: el amplio abanico de entre el 60% y el 80%. Un ‘noventista’, después de acusarme: "Te lavaron la cabeza" y aún "Te compraron con pauta publicitaria oficial", me juró que estaba equivocado y que la aceptación no pasaría el 50%.

Al día siguiente, un ‘neo-funcionario’ me apuró: "No podés decir que esto va a salir abajo del 80%. Sos un hiper-liberal que no entiende nada". Me declaré derrotado.

• Ayer nomás le expliqué a un ‘progre-2005’ que la suerte, ejemplificada en la situación de los mercados internacionales, hizo más apetecible la oferta argentina, y resultó clave en el resultado. "Claro, vos decís que todo es suerte porque sangrás por la herida", me dijo. El domingo, temprano, me crucé en la calle con un ex funcionario emblemático de los ‘90. Me dijo, con aire comprensivo: "No te hagás problema. Ya sé que Ustedes no pueden contar la verdad, que Lavagna tiene suerte".

El otro problema es la repetición de errores.

• Es evidente que los gobiernos justicialistas creen que al ocupar la Casa Rosada, por obligación moral y legal, también deben conducir el Legislativo y el Judicial. Cualquier ley que no cumpla con los deseos del Ejecutivo o algún fallo judicial adverso al capricho del ‘soberano’, será acusado de poner en riesgo la gobernabilidad y "la salud de las instituciones". Menem y Kirchner parecen gemelos.

• Todo lo que dice Lavagna es la palabra de Dios. Con Cavallo ocurría algo similar, al menos en la primera etapa. La diferencia, mirando hacia el futuro, es que Lavagna sabe mucho más de política que Cavallo y que, por cómo terminó éste, es probable que intente no repetir ciertos errores.

• La prensa es el peor enemigo que enfrentan los gobiernos. "Los periodistas no entienden nada", o "Explican todo mal e inventan noticias", sobre todo cuando publican alguna investigación que señala la corrupción gubernamental. El gobierno de Kirchner le ha encontrado un atajo: el silencio ante la consulta. El ‘menemismo’ era más torpe.

Del lado de los periodistas las quejas son iguales:

• no hay conferencias de prensa –como si cuando las convocan, sus preguntas fueran ‘brillantes’, y

• el manejo de la pauta publicitaria es arbitraria.

Por eso soy del Rojo de Avellaneda, y Ud. búsquese un club que ayude a cambiar esta historia.

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Copyright by Edición i, 2005.

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